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Ésta historia también esta en formato .metroblog.com

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Podeis encontrarla también en fanfiction

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Datos personales

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Bueno, que os voy a contar. Soy de España, y me encanta Leer y escribir. Tengo subidos historias por Internet. No soy autora de un gran libro, y de nunguna novela, pero algo ronda por ahí. Bueno, que más deciros. He tenido muchas experiencias, unas buenas y otras malas. He tenido mucha gente a mi lado y gracias a eso he sabido ver en personas lo mucho que pueden cuidar de mi y lo mucho que saben ver en mi. Atentamente, Natt.

martes, 10 de abril de 2012

Capítulo 19


Le miré de mala manera.



— Sí, claro... Pues me extraña que te enfades por eso, Tom.


Veíamos como el Sol comenzaba a situarse en su lugar y su calor empezaba a tocarnos la piel.


— Vale, es verdad, no me lo esperaba de ti.


— ¡Aleluya! — dije por fin. Él estaba un poco triste.


Él me miró mal.


Suspiramos.


— ¿Y ahora qué vamos a hacer? — pregunté tocándole el hombro. — ¿Crees que podemos dejarlo pasar? No entiendo como ha podido pasar...


— Yo tampoco. Es decir, me dijo que le causaste cierta impresión y te dije que tú y yo debíamos hablar de esto... Pero creo que se ha lanzado a la piscina y solo había un palmo de agua...


— Sí, y estaba congelada. — añadí.


Volvimos a suspirar.


Imaginaos la escena, Tom y yo, juntos, bajo una manta de color azul cielo, suave, viendo como el Sol salía y se ponía allí, en lo alto, teniendo Bélgica, que era donde estaba este sitio, a nuestros ojos... Era una vista preciosa.


— Creo que te robaré esto más a menudo. — e incliné mi cara para señalar las vistas. Luego me apoyé en su hombro.


— Veo que ya me tratas como a un amigo. — murmuró bajito.


— Si te tratara como un amigo estarías corriendo rumbo a Londres, huyendo de mí... Imagínate. — reí.


— Quiero conocer ésa faceta. — me contestó, también riéndose.


Mis tripas rugieron, pero no tenia ganas de moverme donde estaba.


— Tom… Antes de nada, quiero repetirte que me sigue pareciendo muy extraño.


Él negó con la cabeza.


Éste patio del edificio donde estábamos era precioso.


— Pequeña Jones — susurró mientras me daba una palmada en la rodilla tapada por la manta. — Somos personas. Sí, famosas, pero seguimos siendo personas. A veces incluso me hastía eso… es decir, soy como cualquiera. Tengo mis problemas y tengo mis días felices, pero porque esté en un grupo de música no significa que no pueda no tener personas las cuales acabo de conocer y me caigan tan bien que pueda hablar con ellas.


— Me ha costado un poco seguirte, porque mi inglés tampoco es tan bueno, pero te he entendido. — le respondí.


— A veces me gustaría cambiarme, aunque la mayoría no. Éste es mi sueño y me encanta… pero me encantaría ser de nuevo adolescente y poder vivir normal. Tener problemas con los amigos por no ir a un partido, quedar con la novia para ir al cine y darme el lote…. Aunque yo no sea ese típico chico…


Suspiró sonoramente y me acarició el pelo.


— Tom, como me gustaría haberte conocido antes. Además, teniendo la edad que tengas, puedes tener cualquier problema con el amor. Tu porque tienes a la mujer de tu vida a tu lado— él sonrió— pero cualquier podría tener ese problema.


Ambos mirábamos el cielo.


— No quiero seguir siendo tu amiga de esta manera…— murmuré. —Es decir, no quiero ser la amiga fan de la estrella Tom Fletcher. No quiero ser la pequeña Jones porque así estamos hablando de McFly… Quiero ser Nathalie y Tom, unos amigos que, pese la diferencia de edad, son tan locos que podrían llevarse días, en vez de años…


Mi miró y me besó en la mejilla. Fue raro. Mi ídolo besándome la mejilla. Mi ídolo de veintiséis


años…


— Esto me ha costado mucho de decir... Por si no te habías dado cuenta... Que yo admita esto es muy difícil... Deberías sentirte orgulloso... incluso deberías sentirte como si te hubieran pedido matrimonio o hubieras ganado la liga... o cosas de estas.


Se carcajeó un rato y luego suspiró.


— A veces no puedo creerme que todo esto me este pasando a mi… que un tío de veintiséis años, ingles, y obviando que sea famoso, sea mi hombro en el que llorar…


— Mírame a mí, tú eres mayor de edad por pocos meses y estamos hablando tranquilamente…


— Ya no sé que me deparará la vida aquí dentro, pero espero que sigas hablando conmigo después de esto…


Tom me miró. Era bonito hablar y no mirarnos. Tan solo el cielo, la ciudad y los pájaros. Como una película…


— Bueno, la verdad que me encantaría que siguiéramos hablando. Es… bonito. Es decir, desde el primer momento que te vimos, sabíamos que eras nuestra fan, en el aeropuerto tocaste una canción nuestra.


— Ya…— reí.


— Pero… sabía que eras distinta. Es como… si viera tu pureza… como si hubieses madurado de golpe. Como si fueras mayor de lo que eres…


— O aparento… Me echan menos edad de la que tengo… esa también es una desventaja cuando quieres tener algo de compañía masculina no solo carnal y… bueno…


— Ya… me esta costando hablar contigo sin querer cuidarte…


— Me puedes cuidar, eh, Tom— me quejé. — Igualmente sigo siendo una persona adulta en algunos sentidos…


Sí, los dos giramos la cara. Habíamos aparcado ése tema para otro momento.


Seguimos mirando hacia más allá y poco a poco fuimos resbalándonos, terminando tumbados.


Tom puso sus manos detrás de la cabeza y yo me acomodé con mi manta y su hombro.


— Si alguien nos pilla así... Uno: te cortan tu salchichita y se la sirven a Giovanna para que la cocine y te la haga comer...


Explotó en una enorme carcajada


— Qué bestia que eres...


— Y dos: — continué riéndome. — me tacharán de put... a para arriba.


— Tienes razón... Pero no me importa. — se levantó. Y me ofreció su mano. — Me encanta hablar contigo. Me ha costado mucho tiempo, pero al final has sabido escoger el buen camino.


— Y tanto... el de un loco que juega con clips... — me reí.


— A ver. — intentó explicarse. — yo ya dije que era una tontería... Son ellos los que me meten en problemas de esos...


— Y por eso os queremos, Tom... — le dije como a un crío. — Por eso...


Me ayudó a salir de la ventana. Nadie nos esperaba. Así que fuimos a desayunar a donde él desayunaba. Zona restringida que pensé que no debería dejarme... Pero puestos a infringir normas morales y del concurso... Sigamos.


— ¿Y tu no estas enamorada de ninguno de nosotros? — me preguntó mientras masticaba. — A parte de que te atraiga cierta persona... — bromeó.


— No sé como puedes bromear con cosas de estas... Lo tuyo no es normal.


Miró por encima de mi hombro con preocupación y luego puso los ojos en blanco. Me giré y me pareció ver un pelo de alguien... una cabellera de color... no sé...


— ¿había alguien? Y no me mientas— le reñí con mi cuchara moviéndola de arriba a bajo.


— Sí, pero era el representante de lo del concurso. No deberías estar aquí... Pero yo le he hecho una señal de... “Ya hablaremos” – e hizo unas comillas en el aire.-... Ahora eres como una VIP.


— Pues eso no me gusta... Si tiene pases al backstage sí. Saltarte la cola no. Lo mejor es hacer cola en los conciertos.


— Hombre, no me refería a ese tipo de VIP pero sí... Tienes toda lar razón...


Volvió a mirar por detrás de mí y luego negó con la cabeza.


— ¿nos espían? ¿Debería preocuparme? Si eso me voy... — hice ademan de levantarme, pero Tom me agarró fuerte del hombro.


— No, — aclaró rotundamente. — Quédate. Y respóndeme, va. Veamos con que salida nos sales ahora.


—Veamos... — me puse a pensar mientras me metía una cuchara en la boca de cereales. — Esto esta muy bueno. — murmuré con la boca llena.


— Serás marrana... — se quejó. — Anda mastica, que eres una preciosa mujer como para que ahora lo estropees tirando perdigones de leche sin lactosa.


— Soy una casi mujer, puedo hacer esto todavía. — me quejé, empujando el bol de cereales a un lado y cruzándome de brazos. — ¿Lo ves? Un berrinche.


— Anda come y calla. Bueno, come, mastica y habla.


Mantuve mi enfado unos segundos más y luego me llevé una cucharada del bol de mi lado.


— Es que están tan buenos... Me los meteré en la maleta cuando me vaya... En fin... Yo creo que eso es imposible. Enamorarse es más que el físico… Puede que uno me guste, — y enfaticé— guste, no le quiera, más que otro… Por ejemplo, Dougie siempre me llamó más la atención por ser el más pequeño y el más… “joven” por así decirlo. Estaba loco y era un niño. No soy adultera ni nada por el estilo, ¿vale? Y tampoco tiene nada que ver lo de la noche pasada porque Dougie no es un niño. Seguro que lo sabrás, pero es un hombre de los pies a la cabeza... Y déjenos ese tema. ¿Qué quería decir? ¡Ah! Sí... Veía que podía ser como él… y que un día podríamos hablar e incluso reír juntos, aunque sea raro abrazando o manteniendo una conversación face-to-face con una fan. — Argumenté riéndome.- También Danny.... Oh, Danny. ¿Te acuerdas cuando me desmayé al conocerle? Era como que lo tenía en un pedestal... No sé si me explico... Es que... Es mi ídolo. No lo puedo evitar. Nunca he fantaseado con él, pero si que he soñado veces tocar con él en un concierto, que me sacara al escenario, que twitteara que había conocido a su hermana pequeña inexistente-barra-adoptiva...


— Bueno, en realidad te entiendo, es raro ese chico… quizás por eso lo escogimos…


— No creo... — negué con la cabeza. — Lo cogisteis porque os ponía... No mientas...


— ¿Sabes lo raro que me resulta que digas cosas de éstas cuando hace cinco minutos... bueno más — dijo mirando el reloj— te estaba diciendo que me sale la vena fraternal contigo y que deseo cuidarte siempre?


— Calla y come Tom. — reí.

sábado, 7 de abril de 2012

Capítulo 18


Su pelo me hacia cosquillas cada vez que respiraba y la mullida cama me acogia con sus transparentes brazos impidiéndome marchar.


No recordaba realmente lo que había pasado la noche anterior. Como si tuviera una resaca de mil demonios cuando no había bebido nada. La adrenalina había dejado de correr por mis venas, abrasándome hacia tiempo ya. No quería moverme porque seguro despertaría a la persona que dormía en mi pecho desnudo. La suave, limpia y perfumada sábana de su cama era una prisión para mi mente.


Los recuerdos de la noche me atormentarían siempre. Incluso aunque sabía que él había parado y me había otorgado le había otorgado la inmunidad a mi virginidad, sabía todo lo que sí habíamos hecho. Y eso conseguía sacarme escalofríos y sonrojos cuando yo nunca, me sonrojaba.


Ahora mismo necesitaba ir al baño. Urgentemente. Así que cogí lo primero que encontré para tapar mi cuerpo desnudo de cintura para arriba y corrí al baño.


— Estupendo. Encima cojo su estúpida camisa.


¡Olía a él!


— Madre mía, y ahora como le voy a mirar a la cara... — murmuraba en alto mientras me sentaba en la taza del váter.


Después de lavarme bien la cara, los brazos e incluso las piernas y de intentar quitar suspiros incrustados en mis poros, salí como alma que lleva el diablo hasta mi cuarto. Menos mal que hoy era de esos días libres, esos ansiados domingos sin hacer nada y podíamos levantarnos tarde.


Aunque era tempranísimo, me aseguré bien, bien de que nadie estuviera por los pasillos.


Quizás tuve que llamar a Ortcher a su cuarto con el teléfono que comunicaba las habitaciones y esas cosas... o con mi móvil... quizás... pero fui tonta y estuve cinco minutos picando a la puerta.


Me abrió Ortcher, con cara de sueño y cuando me vio, no vi su mano impactar contra mi cabeza.


— ¿tú estas tonta? — me chilló mientras me empujaba para entrar al cuarto. — ¿te has vuelto loca? ¡Has pasado la noche con él! No sé que hiciste, y no sé si quiero hacerlo.


— Me he acostado con Dougie.
EL silencio instaurado en nuestro cuarto durante no se cuánto tiempo... fue el peor de toda mi vida.

— ¿qué... QUÉ? — parpadeó varias veces intentado recobrar la consciencia por culpa del sueño y del estupor de mi confesión.

Me levanté de la cama donde había caído cuando Ortcher me había soltado del brazo. Cogí una camiseta y al dejar la camisa con la que venia, Ortcher se dio cuenta de quien era.

— Mientes. — intentó mentirse a ella misma. — Es imposible.

Me miraba como si le hubiera fallado.

— No sé que ha pasado... Sólo sé que él paró y no lo hicimos... eso. Pero... te puedo asegurar que veinticuatro años dan para mucho. En mi vida había hecho tantas guarradas en menos de una hora.

No rio.

— Después de escapar del tío ése que estaba tan bueno, me choqué con él y una cosa llevó a la otra... No recuerdo nada más... — noté que mis labios estaban húmedos por partes donde no debía estar. Mis lágrimas llenaban mi rostro de ríos imaginables.

— Jo-der. — murmuró como ida.

— Tengo que hablar con Tom. — murmuré. Me puse la camiseta, un pantalón y tapé el chupetón que en cuarto de Dougie había visto con una bandana y unos collares.

— No me puedes dejar así. — se quejó, ahora sentándose en su cama.

— Duerme un poco. Ahora tengo mi llave y luego vendré. Son las siete de la mañana. Hasta las once no te quiero ver de pie.

Salí del cuarto dejando a Ester, la pobre, asustada y confundida.

— Mierda... No sé dónde esta.

Lo que me había costado salir de dónde Dougie y los hombres importantes dormían había sido un reto... pero volver allí sería otro.

Quizás si le mencionaba, tenia suerte y lo veía...

Le mandé un tweet intentando que me reconociera.

“Hay una chica en el tejado. No quiere cambiar.” Se lo envié. Fui directa arriba.

La sorpresa fue mía cuando le encontré allí.

Levantó el móvil.

— Acabo de recibirlo. A veces vengo aquí sin que lo sepa la gente. Aunque hoy es demasiado temprano, me apetecía estar aquí.

Me senté en silencio a su lado y me ofreció un poco de su manta.

— Borraré tu tweet, ¿vale? — me susurró y me cogió el móvil.

No sé como lo hizo, ya que eso desde el móvil yo no lo sabía hacer, pero lo hizo.

— Sé que no quieres problemas. — se excusó cuando me borró el tweet. — por eso te lo he borrado.

Asentí ausente.

— Te fuiste con él, ¿verdad?

— Tom... — intenté decir. Pero me calló.

— Es tu vida. — me miró. — No puedo meterme en tus asuntos hasta que no me veo yo en medio, o seas tu quien me lo quiere contar. Sólo que no quiero que seas como las demás. te veo y eres como yo de joven. Soy joven lo sé, — rio— me refiero cuando empecé con esto de la banda y demás...

—Tom... Me he acostado con Dougie.

Ya era la segunda vez que decía esa frase.

— Genial.

Se instaló un silencio que me heló la sangre.

— ¿genial? — pregunté yo. — ¿GENIAL? ¡Tom, joder, que no es como si me voy a dormir con mi mejor amigo o con mi vecino! ¡Estamos hablando de tu compañero de banda, mi ídolo y un tío famoso! ¡Y no me saques el tema de que somos personas igualmente! ¡Porque esto no es normal!

Y entonces empecé a llorar.

— Había... Ha-había ido con él y después de besarnos, mi-mi cabeza me dijo-jo que eso no esta-taba bien. — hipé. Entonces salí de un cuarto-to y me choqué con él. No recuerdo nada más. Es como si hubiera desaparecido todo lo que hicimos. Es decir. Me acuerdo de que él paró. No siguió. Me respetó incluso cuando yo le dije que lo quería hacer. Le admiro por eso. Pero... ¡me he levantado con él! ¡Me he despertado y estaba ahí, en mi pecho, como si fuéramos una pareja! ¡Y yo no quiero eso! ¡He fantaseado con eso, sí, es verdad! ¡Pero esto... me sobrepasa!

Tom me abrazó por dentro de la manta y dejó que me desahogara.

— No quiero verle más... no quiero... me avergüenzo de todo lo que hice. Y mucho más cuando pienso que lo disfruté. — miré a Tom a los ojos. — Tom, hice cosas que en mi vida había visto u oído. No entiendo mi mente y mi cuerpo. No sé que me pasa ¿porqué tuve que hacerlo?

Tom me daba palmaditas en el hombro, dejándome expresar. Quitándome de encima todo lo que había guardado dentro esas pocas horas despierta, con Doug encima de mí.

— esto es un problema. — murmuró luego. — Tendremos que hablarlo.

— No. — zanjé el tema. — Ya lo sabes demasiadas personas. Se lo he dicho a Ortcher cuando me estaba echando la bronca por irme con alguien que no conocía. Cuando le he dicho que he dormido con Doug se ha quedado pálida. Por mucho que conozcamos vuestras vidas, no os conocemos en realidad. Esto ha sido un error. Debía de estar borracho o algo. No es normal. Es imposible. Se acabó. — escupí las palabras como si quemaran.

Me levanté.

— haré como que esto no ha pasado. No hables con él. Si él esta enfadado por lo que pasó o desea tomar represalias te lo contará. Mientras... haz como que no ha pasado nada...

Caminé con cuidado por las tejas y cuando iba a entrar por la pequeña ventana Tom chilló mi nombre.

— ¡Ni se te ocurra entrar por esa ventana! ¡Te he escuchado atentamente y no he dicho nada! ¡Ahora me vas a escuchar a mí! — se levantó enfadado y me cogió de la mano. Me sentó de nuevo en el tejado y me arropó.

— Estoy enfadado. Y tanto que lo estoy. ¡Se ha enrollado con mi amiga! ¡Es normal que lo esté! ¡Mira que hay fans por el mundo por si se quiere divertir, o se le va la olla, o probar... pero no! ¡Tiene que irse con la que me cae bien!

— ¡¿Te enfadas por eso?! — le molesté, mirándole a la cara. — ¡TOM! ¡Se coherente!

— ¡Lo estoy siendo!

viernes, 6 de abril de 2012

Capítulo 17

Bueno, como iba siendo hora, he actualizado. Mi viaje a Roma chachi piruli, salvo por el barco, XD Y en fin... He pensado actualizar el metroblog a la par que esto, porque me gusta más metroblog. Así, tengo contenta a toda la gente. DE aqui y de alli. Dedicado especialmente a (redobleeeeee) babilovesmcfly! Creo que se escribe así... Espero que te guste^^. Gracias por tus palabras de ánimo! Espero verte por metroblog también! Creo que actualizaré alli y luego subiré aqui. no sé. No tengo ni idea. Aqui te restringen más en los comments y en todo. En fin, un besoteeeeee!



Me empecé a reír como una loca y Ortcher negó con la cabeza.

— Lo tuyo no es normal, chica... — se quejó a las paredes.

— Pues vete acostumbrando... Deberías saber como soy, llevamos tiempo juntas.

— Es verdad— y me besó sonoramente en la mejilla. — Si yo en verdad te quiero.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi amiga? — pregunté asustada. — Ella nunca me besa así... Soy yo la que le hago enrabiar de esa manera...

— Calla y tira. — se volvió a quejar, ahora riéndose, mientras cerraba el cuarto con llave.

Andamos un poquito hasta llegar al salón. Nos habíamos parado antes en la cocina aquella donde Doug y yo intimamos demasié y luego me desmayé por culpa de Danny y cogí mi típico sándwich de Nocilla... versión inglesa.

O algo parecido.

Todavía no habían llegado los representantes ni ellos. Creo que desde que había llegado y desde que me puse a escribir esto en el diario, o como quieras llamarlo... No había explicado ni una reunión...

— Shhh! ¡qué vienen! — gritó una contenta.

— Es que la vena groupie no nos la quita nadie por más que los veamos día sí y día también... — murmuró Chris a mi lado.

Yo me reí por lo bajini.

Nos habíamos acomodado en un sillón azul, al lado de Joanna y su romance, Chris, una amiga de ésta y nosotras, Ortcher y yo.

Y entonces, un tío de ojos azules entró en el cuarto y a mi se me fue el aire. Mis pulmones o lo que fuera que utilizara para respirar desaparecieron y creo que, hasta mi corazón dejó de latir.

Podría ser que como era persona y mujer, necesitaba bueno... Tenía necesidades... O llámalo “x”, pero estaba jodidamente bueno ése tío de ojos azules.

Bueno y lo siguiente.

— Dios, chicas... Mirad a ese Dios griego en la Tierra llamada concurso de Música. — bisbiseé mirándole con descaro.

— Materialista, superficial o puta, como sea, pero ése tío esta buenísimo.

— Hot y lo siguiente. —le contestó Chris a Ortcher.

— Y mira que va en contra de mis principios, pero me encantaría pero... yo a ése lo depilo con la lengua. — murmuré negando con la cabeza y mirando como se sentaba al lado del chico de Joanna.

— Oh Dios mio... que está a nuestro lado... — murmuró Chris.

— ¿qué os pasa a vosotras ya? — preguntó Joanna mirando nuestras caras de babosas en pleno ciclo de reproducción.

— Pues ahora mismo nos preguntamos porque no conocemos al amigo de tu amiguito.

Joanna rio con una risa cantaría y encantadora y le contestó a Ortcher:

— Porque le conocí ayer. Ayer fue oficial.

— aaaaaaaah, que ilusión! — gritó yo mientras me levantaba y hacia el baile de la victoria junto con el de la lluvia. — Me alegro por vosotros! — y la abracé.

— If you want to be with her, you have to talk with me. You need my approbation… or something like that. — murmuré mirándole seriamente. — Just kidding. — volví a murmurar seria.

El tío se quedó muerto y el cacho pan ése torrado con chocolate y de todo se levantó se despidió con la mano me envió una mirada de esas que no pasan inadvertidas y se cambió de sofá.

Al frente.

Joanna rio e intentó reanimar a su chico que estaba en shock y me volví a sentar, mientras las otras se meaban de risa.


Entraron los que faltaban y empezó la reunión con los chicos de McFly presidiéndola. Mientras hablaban de como iba el concurso y pedían los permisos ala gente menor de edad y algunos se despedían pues no podían seguir están allí, yo lanzaba miradas lascivas hacia el chico que tenia en frente. Me mandó un mensaje que interpreté en inglés. Me señaló: Tú. Se señaló: and Me. Hizo como que andaba: going. Luego señaló fuera: out. Señaló el reloj con la mirada. Lo tenía encima de mí. No me hizo falta mirar. Miré a las caras de los otros, atentos a las de la reunión. Al menos, creo, que de todos: Then. Y luego marcó un interrogante. Yo miré a Ortcher que intentaba no mirar al chico pero era imposible.

— Contéstale. — me urgió.

Yo le mandé una señal y luego miré a Tom ya que había advertido que me mirada de forma extraña. Posiblemente por no mantener la atención al hombre que hablaba.

Le dije por señas: I’m not that easy.

Él rio sin ruido y yo giré la cara, intentando esconder una sonrisa.

Me llegó un mensaje. Me vibró la pierna. Saqué el móvil con cuidado y levanté la mirada. Él me miraba con una sonrisa ladeada. Prepotente. Sexy. Hot. De todo.

— Y u so?

— I’m not that kind.

— that’s why Im interested. — me contestó con todas las letras.

Sabía que la factura me saldría cara. Le mandé mi Twitter y le contesté por última vez.

— DM, please.

Él rio y comenzó a trastear el móvil.

¡El cabrón me había mencionado con una foto!

— Bua, tengo que probar esos labios... En serio...

— Para, para, que Tom te esta mirando! ¡Y esta enfadado! — me susurró Ortcher y me quitó el móvil.

Miré hacia Tom y ahora eran Harry y él quienes me miraban enfadados. Levanté las palmas en signo de: no voy a hacer nada y agaché la cabeza. Luego le enseñé un dedo al prepotente pero buenorro chico de enfrente.

La reunión siguió su cauce e incluso di mi opinión lo que causó que me miraran ciertas personas... como Dougie. ¿Él también estaba enfadado? ¡Si no había hecho nada!

La reunión terminó y Tom vino directo a mi sofá.

— ¿qué problemas tienes? — le pregunté de golpe

— Te he visto tontear en plena reunión.

— Vale, — me arrepentí. — No debería haberlo hecho. Eso una falta de respeto. Sé que he faltado a mis reglas. Lo sé. No volverá a ocurrir, de verdad. — hablaba en serio.

— A parte de eso. ¿No conoces quien es?

Me desconcertó que fuera tan directo.

— ¿Y tú sí? — le pregunté en respuesta.

Me miró extraño.

— Yo también me pregunto porque lo metimos al concurso, pero ya ha tenido algunos roces con algunas chicas. Y esto no debería decirlo.

Ahora me miraba dulce.

— No quiero que sufras. — y me puso la mano en la mejilla.

— Lo sé. — le contesté. — Era solo por diversión. No soy tan fácil, Tom.

— Eso ya lo sabemos. — rio Tom y miró hacia atrás.

El tío había desaparecido-

— Mierda, con lo bueno que estaba.... — reí. — Joder, TOM. — me quejé a ver su cara. — no soy de verdad así, lo hacíamos por diversión. Sabes que no soy ese tipo de chicas.
— Pues me preocupa que cambies. — me susurró.

Se fue. Me dejó ahí. Con esa frase en el aire.

Entonces las luces se apagaron.

— Menuda miradita te ha echado. — murmuró Ortcher, rompiendo el silencio que había dejado Tom. Algunos se habían ido y otros se quedaron para ver la película.

Lo tenía justo delante.

De nuevo.

La gente se acomodó y de repente unas manos empezaron a acariciarme el cuello. Se me escapó un jadeo.

— You’re not that kind but I can break your walls, Darling.

Ése murmuro, con las luces apagas fue la gota que colmó el vaso.

Me cogió de la mano, me levantó como si fuera un peso pluma y los ojos azules le centellearon como a un águila con su presa.

Me llevó a otro sitio oscuro, con olor a fresas y cerró con pestillo. Y sus labios encontraron los míos. Eran carnosos, suaves y ardientes. Tal y como los había imaginado.

Estaba haciendo cosas, durante esas semanas que estuve fuera de casa, que nunca me hubiera imaginado. ¿Besarme con un desconocido, en un ligar... también desconocido?

Era inimaginable en mi vida. Y aquí estaba, notando sus manos por encima de mi camiseta, una camiseta que sobraba. Una camiseta que empezaba a molestar. Una camiseta que desapareció con ayuda de mis manos.

El tío, hombre, lo que sea, encendió una bombilla y rio. Yo, ¡yo! Le seguí el juego y solté una risita juguetona, a la par que buscaba el botón de su camiseta. Era de esas de las que me gustaba. Con tres botones a desabrochar.

Besé cada botón que desaparecida de su lugar. Él gimió cuando mi mano se fue a su espalda. Me empotró contra la pared y me sentó encima de algo metálico y frio. Creo que estaba en algún tipo de baño... o algo por el estilo. Gemí cuando su lengua buscó mi lóbulo de la oreja.

— You’re so...

No terminó la frase. No pudo. Mi mano estaba desabrochando su pantalón. Me besó con pasión. Sin dejarme aire. Sin dejarme espacio para pensar o reaccionar. Me besó con ganas, con desesperación.

— I’ll be looking for you so long.

—You say that always, to all the girls you fuck with, not only me.

— I swear you’re the one.

A mi me importa muy poco que me lo susurrara en el oído, que dejara besos húmedos en mi cuello, que jugara con la tira de mi sujetador. Cuando se puse entre mis piernas, me apretó contra él y lamió mis labios... Perdí todo el control que quedaba en mí. No había nada. Nada que pudiese hacer.

Me miró a los ojos. Azul intenso. Le besé. Le mordí. Le quité del todo la camiseta y la tiré a algún sitio que no supe bien, bien, donde fue. Él metió sus manos bajo mi pantalón y me elevó, agarrándome a su espalda, haciendo rozar nuestros cuerpos sudorosas incluso sin empezar nada, pero habiendo comenzado un juego de caricias y murmuros silenciosos. Me enrollé a su cadera y ahí me quedé. No volví a sentir eso metálico y frio sino algo caliente y sudoroso contra la piel interna de mis muslos.

Sus manos bajaron y subieron por toda mi piel, creando susurros, jadeemos y gemidos, creando pieles de gallina por doquier si eso era posible o estaba bien dicho.

Me volvió a besar. Me besó con ímpetu. Con... no lo sé. Mi mente viajaba por todas mis terminaciones nerviosas, por todos los sitios que su piel hacia contacto con la mía.

— I... need a.... name to...

— whisper? — murmuró él riendo como si fuera un ángel

— Maybe... but... that’s... not... the...

Oh dios mio. Tocó algo. Tocó algo dentro de mí que me hizo perder la cordura. Yo escuchaba música por todos lados. Entre la canción I need a Woman que sonaba por algún lado, y sus murmuros y jadeos, estaba en el mismísimo cielo.

— Jake, Josh... I.. don’t remember... now...right... now. ..— alargó el naaaaau justo
cuando con mi pie toqué cierta protuberancia que salía de sus pantalones.

Y llegué. Llegué al máximo. Al punto donde mi cordura volvió. Y supe lo que estaba haciendo.

Él empezó a mecerse. Haciéndome sentir y desear que nuestra ropa interior no existiera. Y gemí. Alto. Fuerte. Y maldecí. Mierda

— Tengo que irme. No puedo hacer esto.

Me bajé. Cogí mi ropa, pero él fue más rápido.

— really?

— No me vengas con jodidas imbecilidades como el really? Ostias... — me quejé mientras me ponía el pantalón. No sabía donde estaba y él seguía rompiendo mis barreras con esos besos tan poco... decentes para escribir sobre mi espalda.

— Please... enjoy... — gimió en mi oreja, mientras sus labios se movían al compás que hablaba.

Me iba a matar, lo sabia. Era seguro. De combustión espontanea, o de otra cosa. Cogí mi camiseta, porque sabía que no la había tirado -menos mal que había tenido algo de cordura y la había puesto a mi lado- y me lacé hacia afuera. EL pestillo.

Mierda

El pestillo.

Intenté abrirlo y me di cuenta de que sería imposible. Empezó a jugar de nuevo conmigo. Y ahora la que no se divertía era yo. No podía hacer esto. Iba en contra de mis principios. Bueno, liarme, enrollarme. Lo aceptaba. Era joven, debía experimentar.

Debía confundirme y errar, pero ¿Esto? No. Esto no. Iba en contra de todo lo que yo luchaba por enseñar a los más pequeños.

— Stop. — le grité.

Conseguí abrir. Y salí. Corrí por los pasillos que antes no me había acordado y me choqué con alguien. Sin ponerme la camiseta.

Menos mal que estaba oscuro.

Su mano subió. No paró. Subió por mi espalda. Y de nuevo me encontré en medio de una pasión irrefrenable... aunque en este caso... Lo deseábamos los dos... aunque no sabíamos que lo queríamos.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Capítulo 16


Sé que he dicho que odio poner introducción porque a nadie le importa lo que ponga la tia que escribe esto pero... (yo siempre los leo, que conste- cuando los fics me gustan y conozco a las autorasXD-) Me gustaría que la gente que ha leído mi fics, todos los capítulos y le da a la opinión de abajo, me dijera la opinión del fic o algun comentario...
Creo que tengo puesto como los anónimos puedes comentar, así que, si veis que no podeis, no duédis en poneros en contacto conmigo (@MsNathie) y lo cambio si no es así. Y sino, podeis dejar vuestor comentario con la cuenta que querais y se hace publi y todo^^!


— Ya ha vuelto.

— Sí, se nota. — rio Tom.

Mientras Tom y Dougie se marchaban ellas me enjabonaron y al final acabamos todas en la ducha... Tres tías empapadas hasta los sobacos (porque no me quité la ropa) y llenas de pequeñas manchas de harina por el pelo.

— ¡quieres estarte quieta! ¡Me estas llenando de harina!

— ¡Cállate mujer! — le contesté a voz de grito a Chris. — ¡Con lo bien que nos lo estamos pasando!

Una monitora con la que nos llevábamos especialmente bien entró con varias toallas y papeles.

— Sí es que lo que no te pase a ti... No le pasa a nadie. — murmuró mirando el espejo empañado y negando con la cabeza.

— Ya... — me quejé mientras me secaba con la toalla y ahora sí que me quitaba la ropa y me ponía la toalla. Me sentaron en una silla y sacaron unas tijeras.

— Vamos a cambiarte de look. Te vamos a poner mechas azules y te vamos a hacer...

— Eh! — la corté. — Tranquilidad... Creo que yo tengo que decidir sobre mí...

— No sabes decidir, mejor lo hacemos por ti. — susurró Chris.


— Me encanta. De verdad (imaginaos la cara de *-*)

Dynamite sonaba en los altavoces que nos habíamos apoderado y Chris, en su afán de grabarlo todo, sacó su mini cámara HD Sony y empezó a grabarme.

— Baby, Let’s go! — y me tenéis que ver a mi, con la tela blanca que te ponen para no llenarlo todo de pelos, sobre mi sujetador azul eléctrico que se transparentaba y un pantalón que Ortcher me trajo después de su cita. Ésta por su parte, se reía graciosamente tras de mi. — And It goes on, and on, and on! YEAH. — y movía el pelo de lado a lado, liso, negro y una mecha azul. — I throw my hands up in the air sometimes...

— EOH! — decía Ortcher con una mano en la boca haciendo eco.

Empecé de nuevo a mover la cabeza de lado a lado y me levanté de la silla.

— And on, and on and on.... YEAH.

Y Chris grabando. Siempre.

— SAyiing!

— EYO!

— AMONOS! — grité en andaluz.

Y cogí el micrófono de la ducha y empecé a cantar.

— I'm Gonna Take It All Like, I'm Gonna Be The Last One Standing. —con un movimiento con mis manos, paseándolas por mi cuerpo aún húmedo. Seguí cantando.

— On, and on! — grité.

La monitora empezó a reírse cuando me tiré al suelo y cogí dos mechones rizados y empecé a mecerlos como plumas. Moví la cabeza como solía hacerlo y Chris gritó: ¡DANNY A LA ESPAÑOLA! Bien alto. Empecé a reírme y cogí dos peines como baquetas.

Utilicé el inodoro, la mampara de la ducha, el grifo... todo lo que encontré a mi alcance y allí... allí me los encontré.

— ¿Porque siempre os encuentro cuando hago estupideces? — me empecé a reír.

— No lo sé, pero esta es seguro de mis preferidas. Sobretodo porque vas en ropa interior.

Nunca, seguro, nadie me había visto tan pálida.

Danny, después de ese comentario empezó a reírse como solo él sabia

— Dios... No me acostumbro... Los tengo los cuatro delante de mí y... — dijo Chris embobada mirando a Dougie.

— Dice cuatro pero en realidad solo mira a uno. — reí, dándole algunos golpes en el brazo. — Cuidado que ahora grita... tres, dos...

— No voy a gritar. — se quejó como una niña pequeña y luego hizo un mohín, girándome la cara y cruzando los brazos con la cámara en la mano.

— Chris, — imité a una madre. — estas grabando el suelo. — y me toqué el puente de la nariz.

— Oh, mierda— se quejó mirando la pantalla y tocando cosas.

Tom empezó a reírse y aparecieron algunos susurros por detrás de ellos.

— Oh... — murmuré— aquí están. Creo que mi puño esta recuperado para dar mamporros.

— Tu no vas a dar mamporros a nadie, bonita. — Dijo Ortcher detrás de Tom. — Y vosotros, os vais a ir a lo que tengáis que ir y no os vais a meter más en nuestra vida de concursantes, ¿queda entendido? Y ale... — empezó a empujarles. — arreando antes que me entre el delirio groupie.

Se marcharon riendo pero Tom, dando media vuelta, se encerró en el lavabo con nosotras.

— ¿Nos dejáis un momento? Decid que Tom esta cantando en el jardín del otro lado del estudio a los de afuera.

Ellas asintieron y se les pudo escuchar como empezaban a decir: “A ver, chiquitas, todas para el otro lado que...”

Tom se sentó en el bidé, que por poco se cae, y se apoyó en la pared.

— Hay sitios más cómodos que esos... — me reí negando con la cabeza.

— A Dougie le pareces interesante. — soltó de golpe.

— ¿qué? Perdona... — negué varias veces con la cabeza y parpadeé intentando entender algo. — ¿qué?

— Lo he visto. Se preocupa por ti. Incluso más que yo. No lo sé... Créeme que me parece muy extraño esto también para mí... Es como si sintiera que debe protegerte.

Empecé a andar por el baño.

— Mira, esta noche sube arriba, a veces suelo ir allí y cantar algunas canciones. La puesta de sol es realmente preciosa. Hablamos más tarde.

—Ah, no— le corté el paso. — Ni se te ocurra irte ahora que me sueltas esa bomba. — me apartó con gran facilidad, ya que me sacaba casi dos cabezas de lo baja que era, y siguió su camino. — Que no Tom, joder. — me quejé apoyándome en la pared y metiéndome entre él y la puerta. — Que no me da la gana.

— Te he dicho que luego hablamos.

— Y yo te he dicho que no. ¿Qué no entiendes por qué no quiero más contacto? ¿Tú sabes lo duro que es esto para mí? — me mosqueé

— ¿Y ahora porqué me preguntas eso? Soy una persona como cualquiera. ¿Que sea tu ídolo implica que no me preocupe por ti y que desee tener una amistad contigo?

— Joder, Tom... — me quejé tocándome con los dedos mi frente. Le miré a los ojos y le empujé un poco para mantener la distancia. Comprenderme, estaba en ropa interior y un tío de veintiséis años el cual lo tienes en un pedestal esta a pocos centímetros de ti. Una es mujer y humana y el cuerpo juega malas pasadas. — Es que... eSto no puede ser. ¡¿No te das cuenta que debería ser al revés?! ¡Yo debería reclamar tu amistad! Cosa que deseo, pero... ARG!

Tom negó con la cabeza.

— Espero que madures pronto y te des cuenta que lo único que intenta es conocerte y que no intento meterme en tu vida ni enchufarte ni nada... Lo único que estoy intentando es conocerte, confiar en ti, cosa que me demuestras poco a poco con tu falta de tacto en cuanto a mí. Y ahora, — dijo abriendo el pestillo. — si no te importa, me marcho a tocar la guitarra al otro lado del estudio. Mis fans — palabra que lo dijo con rin tintín. — me esperan.

Abrió la puerta y me dejó ahí, caliente por el cabreo que llevaba, sorprendida por sus palabras y estupefacta por la sospecha de Dougie.


Estaba en mi cuarto, el cual lo compartía con Ortcher, buscando algo que ponerme y dirigirme al salón principal para ver alguna película juntos. Una de las actividades que se hacían en grupo.

— Esto no puede ser... — volví a murmurar, sacando de nuevo otra camisa naranja clara, blanca y azul clarito y poniéndome por encima. — No me ha podido decir eso...

Me había reusado a ir con Tom arriba. Por una parte por que sabía que tenía razón. Era inmadura. Estaba siendo superficial, estaba negado a una persona por la clase social... ¡estaba yendo en contra de mis principios! ¡Y qué que fuera mi ídolo! ¡Eso significa que no podamos hablar tranquilamente!

Por otra parte, no quería saber nada de eso. Cuando me dirigía al salón comunitario par informarnos de la actividad en grupo de esta noche, me encontré con Dougie yendo al mismo sitio y aceleré el paso dejando a Ortcher mirando su móvil estupefacta. No sé como lo dejé a él, porque no le miré.

Si tenía curiosidad, la iba a matar pronto. Y punto.

— ¿Sigues ahí? — preguntó Ortcher saliendo del baño ya con el pelo seco.

— Mira que siempre te quejas del pelo, eh... ¡pero mira que bien te ha quedado y solo te lo has secado! — le dije señalando su reflejo en el espejo.

— No, no, no... — negó con el dedo como una señorita de parvulario. — no me cambies de tema. Ni que fueras a una cita. Ponte una camisa, un pantalón y tus zapatillas y vamos a ver la puta película.

— Sí. — Sí, Ortcher no tenia ni idea de la conversación que Tom y yo habíamos mantenido en el baño. — Señor.

— Mira que bien, ahora me cambias el sexo.

martes, 13 de marzo de 2012

Capítulo 15

— Sí... — y se instaló un silencio en ese cuarto que ahogó todos mis pensamientos. —
En fin... creo que... No sé...

Me encogí y ahogué mis penas silenciosas en lágrimas chillonas, cristalinas bajo la pobre luz de aquella pobre bombilla.

— Chicos, salid, yo me ocupo. — Sugirió Tom. No sé si realmente salieron.

— Tom, me gustaría ser tu amiga, te lo digo en serio, inclusos in conocerte creo que series un frikie como yo y eso mola... Pero eres mi ídolo, y no quiero perder eso, ni mi vida, ni mi método de...

— Natalia. — susurró. Susurró él, mi nombre, en castellano. — Dejaremos las coses tal y como estabas si es lo que deseas.

— No lo deseo. — me miró entre sus marrones y oscuros ojos. — Bueno, quizás un poco... de puertas para fuera, quizás...

— Bueno, pues entonces, eso es lo que se hará.


Paseaba por el camino dos días después de aquel problema. Las miradas de mis compañeros se me clavaban en mi espalda como espadas de la santa inquisición. Pocos se habían quedado a mi lado y muchos todavía hablaban bajo las sábanas sobre mí. Tom estaba en un aula dando una charla sobre lo que fue para él McFly y la cámara seguía grabando. Yo estaba fuera, ya que mi turno había pasado y me empezaba a preguntar porque seguía en el concurso.

Cogí prestada sin permiso una guitarra del estudio y me senté en la hierba de color verde fluorescente bajo mis gafas de sol y el agua del aspersor me humedeció los pies asados por mis bambas de siempre, rotas, estropeadas, pero que aun así servían para andar.

Suspiré alto y fuerte y toqué algunas cuerdas al azar, creando melodías de canciones conocidas como otras que solo existían en mi cabeza.

— you can’t always get what you want— comencé a cantar suave, acariciando las palabras. — But if you…

Me levanté y le hablé al sol.

— Hola. Tú ahí, brillante, como siempre. Sin importar quemar a los guiris... Qué más te da... Y Yo aquí, renunciando a amigos.

Ortcher cada día estaba más pillada de un catalán-irlandés que tocaba el piano y la batería y que vivía, justamente, a dos horas de la universidad de Ortcher. Con coche. Y acabando la carrera. Vamos, el sueño de cualquier mujer. IRONIA.

Joanna seguía con su novio recién conocido en el concurso y Chris intentaba hablar con la cámara para que le diera algunas nociones o trucos, ya que ella estaba estudiando para eso. Más o menos.

Y yo... que no tenía ningún futuro planeado, ni ningún amigo o pareja en quien planear ése futuro...

Cogí la guitarra y me ofrecí voluntaria para salir a comprar, ya que como no hacia estaba oficialmente en el concurso, podría hacerlo. Tras mucho insistir salí a la calle por vez primera tras semanas. El verano no había acabado, y aunque todavía me pareciera increíble que el concurso se alargara más del mes, y siguiera el verano entero como un “campamento”, más me impresionó pisar una mierda de perro en la calle y sonreír.

— Aire puro— susurré con los brazos abiertos y en cada mano las bolsas de la compra.

Andando y andando, llegué a un parque donde los niños jugaban y los hombres recogían
los excrementos de sus perros. Me limpie la bamba en un bordillo y con una hoja y me encaminé de nuevo al estudio. Podría acostumbrarme a esto. Claro que podría.
El susto que me llevé me tiró de culo cuando una gran bola de algo impactó en mi cara, dejándome un sabor a polvo en mi cara y una sensación empalagosa en mi boca.

— ¿Harina?

Era harina y agua... ¡Y huevos! ¡HUEVOS! ¡Me estaban tirando huevos!

Y corriendo con las bolsas de la compra, me tropecé y no me caí. Me enganché en un alambre y me rajé mi camiseta favorita de mi grupo favorito y toda mi ropa interior se vio.

No entendía nada... ¿eran groupies que descargaban su rabia por no estar con su ídolo conmigo? ¿Por qué me habían visto con ellos? ¿Por qué?

Cuando las puertas se abrieron y todos los de la plazoleta en actividades en grupo se giraron para ver a la persona que entraba, mi rodilla ensangrentada (por el hierro ese de la verja, que también hirió mi pierna), mi camiseta hecha girones, mi sujetador al aire y mi look de pecho para arriba de una empanad les tuvo que sorprender.

O quizás mi cara de estupefacción.

— No sé... que ha pasado... Yo simplemente... He pisado una mierda... Y... No lo sé...

Me quedé quieta, con esos ojos rojos mirándome, riéndose en el interior y entonces dos brazos me taparon.

— ¡No sabéis hacer otra cosa!

Y entonces de repente sentí una chaqueta y una olor realmente agradable acogerme y me arropé dentro de ella, y del hombro que me guiaba a un baño.

Era un chico rubio, y Chris, y otro rubio, y Ortcher.

Entonces, supongo que me miraban como si estuviera loca. Quizás estaba en shock.

Mis ojos seguían abiertos, y solo podía murmurara cosas insustanciales, temblando los labios.

— Esta ida. A lo mejor le ha entrado harina o huevo en el celebro.

— Dougie, por favor! Anda, quítale tu chaqueta. — susurró Tom.

— No... — murmuré mirándolo son ojos todavía abiertos. Tengo frio. Quiero sentarme.

El frio suelo de la ducha me hizo dar un respingo y agua caliente empezó a caer por encima de mí. Y ahí desperté.

— JODER! ME HAN TIRADO HARINA! UNAS GROUPIES DE MIERDA! JODER!- lloraba de pura rabia y empecé a pelearme con el agua y el jabón que caía por encima de mi.

— Mierda, mis ojos! Me quejé.

— Salid, — murmuró Ortcher. — Sois chicos, se va a duchar, no deberías estar aquí.

— Oh, sí, que se queden, —ironicé, admirareis un cuerpo escultural.

Y ahí se rompió la tensión que había de antes.

domingo, 22 de enero de 2012

Capítulo 14

— ¡No te estábamos espiando! — dijo Danny indignado.

— No claro que no, solo pasabais por aquí y os escondisteis…

— Puede ser. — conjeturó Tom serio.

— Te creo. — luego le miré. — En verdad no, pero haré como que lo hago porque soy una fan y es lo que hacemos.

Entonces se empezaron a reír.

— Bueno, tú y yo tenemos que hablar. No de ídolo a fan, sino de amigo a amiga.

— Tom, — le dije con el corazón en la garganta. — lo que acabas de decir va a provocar que me muera. Si tuviera un amigo como tú… Nunca he tenido un mejor amigo como me gustaría que fueras. Pero no quiero perderte como ídolo.

— ¿Y porqué iba a cambiar?

— Porque aquel que es famoso y toca en un grupo y es muy guapo y encima con un corazón enorme es un ídolo. Si supieras cosas de mi vida, ya no serias mi ídolo.

— Podemos probar…— murmuró al aire.

Los demás se había ido para adelante y Ortcher había vuelto a la clase.

— Y ¿esto lo sabe tu novia? —reí— ¿Y tus compañeros de banda que te han dejado solo con una fan?

—Dejemos a mi novia a parte. Y a los demás… no sé porque me extraña que no esperaran. Bueno, podemos hablar. — volvió a repetir.

— Y ¿por qué? — le pregunté ahora empezando a andar.

— Porque no solo sales ganando tú.

Mi cara fue de póker.

— No acabo de entender inglés del todo bien, así que habla más lento, Tom.

— He dicho, que yo también gano en hablar contigo.

— ¿A sí? — me paré y me apoyé en la pared. — Cuidado, hay una ventana— le avisé.

Él pasó rápido y luego siguió caminando a mi pasó. Yo corrí un momento y me puse a su paso.

— Bueno, cueste de creer o no, Giovanna a parte de mi novia es mi mejor amiga, pero no es lo mismo. Perdí a algunos amigos cuando empecé con el grupo. Y siempre he querido recuperar lo que es una amistad sin querer nada a cambio.

— Y yo no quiero nada a cambio…— murmuré sarcásticamente.

— No, sino ya hubieras hecho un movimiento o algo. No sé, pero creo en ti.

— No sé, yo tengo 18 años y tu 26

— 25 y un poco más— me interrumpió. — no me pongas más, que me deprimo.

— Que hombre este… Lo que digo que es muy raro, Tom. Me cuesta mirar en ti de otra forma.

— Joder, si que eres complicada.

— Ala… Tom Fletcher acaba de decir un taco…— y luego nos reímos como dos personas normales.

Llegamos a una puerta donde se escuchaba algunos acordes y algún platillo y Tom la abrió.

— ¿entras?

Miré un poco por encima de su hombro y toda fan de McFly me hubiese matado estando en mí posición y soltar:

— No… tengo que volver a las clases.

— Bueno, independientemente de lo que elijas, tenemos que hablar de algunos temas que nos incuben a los dos... Y a la banda.

— Sí, han quedado algunos capítulos por ahí sueltos sin ton ni son y no se entienden…

— Sí… bueno, voy a ir entrando.

— Vale, — susurré…— Ya tengo bastante con perder a un ídolo. No quiero convertir en amigos a otros tres más.

— Ya cambiarás de idea, ya…

Cerró la puerta y yo me encaminé hacia la nueva clase.


— Tú y Tom Fletcher… murmuró Ortcher.

— Sí, eso…— dijo Johnson.

— Sí…eso…— añadió Chris.

— ¿A que viene ahora el último comentario? — me reí.

—Bueno, algo tendría que decir, ¿no?

Solté una carcajada y ella me tiró un poco de agua sin querer. Montamos un escandalo digno de admirar.

— En fin, mi vida ha pasado estos días como flashes. Me he desmayado, me han espiado…

— Ya… La verdad que no tengo ganas de que esto acabe y tener que volver a Barcelona. — rezongó Ester con morros.

— A ti no te importa… tu quieres volver. — dije digna. — Tú tienes tu universidad, tienes todo pagado, tienes nuestro piso.

— eso, nuestro. — me interrumpió.

— No sé... yo creo que no es eso lo que quiero. Podría salir de aquí y conseguir por Londres algo. En vez de seguir el plan y coger un vuelo a Barcelona, no cogerlo.

— Y entonces yo tendría que dar explicaciones, ¿no? — se mosqueó Ortcher.

— Eso ya son cosas mías... — le respondí levantándome del muro. — tengo el culo cuadrado.

— Sólo tu sabes cambiar de tema tan rápido y de manera que nos e note. — dijo Chris.

—Y ¿cómo que tú me conoces tanto? — la miré.

— No sé, parece... es como si te conociera...

— A lo mejor os han borrado la memoria y ya os conocíais. — dijo seria Johnson.

— Joder, tía, ¿de donde sacas lo que te metes? — me reí a carcajadas después.

Tras esa charla, el día pasó con normalidad. Encontré una nota en inglés con una letra muy rara y que no se entendía.

— Por dios, que mala caligrafía...

— es porque esta hecha en una servilleta.

— ¿Y tú como sabes eso? — le pregunté a... ¡Dougie! — ¡Oh por dios! ¡Dougie!

— Así me llamaron. — dijo en un inglés que me costaba entender. —yo conozco esa letra.

— ¿de verdad? — me sorprendí. Luego me entró la vergüenza. — espera... No puedo hablar contigo.

— ¿porqué? — cuestionó ahora serio. — ¿Es una norma estúpida de éste estúpido concurso? — ironizó.

— Oye, no es por nada, pero éste estúpido concurso me ha dado una gran opción o ayuda o como lo quieras decir y porque... Bueno, tú tienes tu opinión, yo tengo la mía y porque seas mi ídolo no tengo que aceptar todo lo que digas o hagas.

— No entiendo porque te has puesto tan al a defensiva.

— ¿Perdón?— dije confundida.

— Joder... ¡cómo eres! — y empezó a caminar. — sólo quería conocerte. Tom me habló de ti.

— ¡Espera! — le cogí del brazo tatuado. — oh... lo siento... no quería... Es decir... — se volvió a girar— a ver... ¡Dougie no te he entendido! ¡No soy un crack del inglés! ¡Sólo sé lo suficiente para entablar una conversación!

Se giró, parecía... extraño.

— Pues dime tú que tipo de inglés conoces que ni siquiera puedo hablar contigo. No sé como lo consigue él. — me miró y luego dijo: — Es de Tom. Pone que te reúnas... — miró a los demás— donde el otro día.

Entonces él se marchó y la gente que había seguido la conversación empezó a cotillear y murmurar.

Una se adelantó y me dijo:

— ¿conoces a Dougie? ¿Y a Tom? ¿Eres una novia o un ligue o algo?

— No conozco a ninguno de los dos. — mentí... o bueno, no lo sé lo que hice.

— ¿Entonces esto? — susurró una voz que verdaderamente odiaba.

— Hola, Cami. Cuánto tiempo sin vernos.

Me encaminé a la puerta y ella estiró de mi brazo.

— ¿No nos vas a decir que tienes entre manos? ¿Te estas tirando a alguno de ellos? Porque he de recordarte que Tom tiene novia fija y que los otros van por el mismo camino.

— Cami, lo que tu hagas me da igual, no me compares contigo. — me molesté. Me estaba calentando.

Giré, de nuevo y cogí el pomo y cuando abría puerta, me encontré a Dougie.

Ellos no lo veían porque la puerta estaba como metida para dentro de la pared, y había una especia de pared entre el comedor y la puerta de salida.

Sus labios se movieron lentos, pausados y murmuró un: no digas que estoy aquí.

— ¿No sales? — preguntó en un tono bastante elocuente... bueno, ésa no seria la palabra exacta para describir su tono. Y encima había hablado en inglés la mayor parte para que todo el mundo entendiera la conversación. — ¿Estas pensando como hacer algo de lo que te puedas arrepentir?

Miraba a Dougie a los ojos directamente. Era extraño, porque él era una persona que pensaba que nunca miraría a los dos. No entendí porque no se iba o hacia algún movimiento. Sus ojos azules... grises... no sabia de que color eran, pero eran... precioso.

— Ya lo hice una vez, no hagas que vuelva a pegarte. — amenacé.

Escuché pasos y entonces me largué, empujando a Dougie hacia afuera.

— ¿Os gusta espiar o te entró un tirón en la pierna? — pregunté molesta.

— Joder, ¿tienes la regla o algo? — preguntó rascándose detrás de la cabeza.

— Dios, — maldije y me fui.

— ¡Es ella! — gritó alguien. Y entonces, unas verjas que daban a fuera del recinto se abrieron, y una frase como una bofetada estalló en mi cara. — ¡Ella es la que conoce a los McGuys! ¡Ella nos dirá todo!

Vi como un grupo de... groupies empezaba a correr en mi dirección y yo... también corrí. Hui de esa situación como cualquiera en su sano juicio y que no quería ser famoso haría. Empecé a correr y a llorar, temiendo donde me había metido.

Me escondí detrás de un muro y empecé a hiperventilar.

— ¡Es ella! — gritó una desde lejos. — ¡Cami nos lo dijo! ¡Dijo que la conocían de antes y que la habían enchufado!

Solté un jadeo y un hipido. Mis lágrimas no paraban de caer. Mi vida de había complicado de una manera muy extraña. Yo había entrado para cantar y tocar, no para convertirme en una espía o amiga de McFly. Cogí la servilleta de supuestamente Tom. Me tapé la boca con una mano y respiré hondo.

Quizás lo mejor sería hablar con él y decirle que yo podía pasar eso. Que lo lógico sería que ellos pasaran de nosotras. Amables hasta cierto punto, que yo no era especial. Una mano me tapó la boca cuando me quité la mía y otra me cogió de la cintura. Entré en un cobertizo y entonces una luz me cegué-.

— ¡Joder es que no me vais a decir tranquila! ¡No conozco a nadie de McFly más que lo que todo el mundo sabe! — lloré, porque no podía aguantar el tipo. Me sequé las lágrimas y les amenacé. — Como no me dejéis os juro que iré casa por casa y no dormiréis durante años de lo que os haré.

— Joder... encima que te hemos salvado... — murmuró molesta una voz.

— ¿qué coño hacéis aquí? ¿Ortcher? ¿Chicas? — ellas salieron de la luz.

Me abrazaron y tosí sin querer en su hombro.

— ¡Mis virus! — me reí. Luego hubo un silencio incómodo. Pero de esos incomodos, incomodos.

— ¿Tom? — pregunté. — ¿qué haces aquí?

— Bueno, Dougie me avisó de los problemas que te habíamos dado. Y luego cuando la vaya se rompió y las fans entraron...

— Bueno, fans... yo diría groupies agrupadas para acabar conmigo.

— Es decir, GGAC— dijo Ortcher. — Sí, luego puedes cambiar el contigo, con con ellos o conmigo...

— Creo que debemos solucionar un par de cosas...

— Sí, — contesté a Tom. — Y no volver a hablarnos sino se trata del concurso de fan-ídolo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

capítulo 13

De lo que pasó la noche anterior lo recuerdo vagamente… Sólo sé que alguien dio explicaciones por mí.
Estábamos en una de las clases. Había pasado ya una de las semanas de este concurso y la verdad que me dolía verdaderamente no participar. Aunque hubiese ayudado a gente o hubiese podido cantar y tocar todo lo que mis manos me dejaban.
Estaban diciendo una de las tareas que nos mandaban de vez en cuando mi móvil vibró. Mira a Ortcher que estaba dos sillas para allá, pero fue en vano porque ella no me hablaba. Ella no me había mandado el mensaje.
Salí de clase, ya que para mí algunas no eran obligatorias, algo positivo o negativo dependiendo de dónde lo miraras y saque mi móvil.
— ¿qué hace esta….
Entonces me llegó otro mensaje. Tenía puesto el wifi gratis que podíamos utilizar y una de las aplicaciones de mi Smartphone me avisó. Esta vez no era un mensaje como los de antes.
Era de la aplicación gratis.
¿Qué te pasa? He tenido que salir de la clase.
Le pregunté.
Necesito ayuda, no puedo seguir con esto.
Pero dime algo.
Es que no puedo más. Todo lo que veo a mí alrededor es negativo. Nada me motiva. Estoy sola… Solo te tenía a ti y te has ido.
Empecé a morderme el labio y a aguantarme las lágrimas.
Una amiga del intercambio que en nuestro instituto hicieron vino a vivir aquí y como yo era la única que hablaba más o menos bien en inglés, (y también porque nos llevábamos de p**** madre, perdón por la expresión) congeniamos muy rápido.
A ver tranquila. Le dije mientras empezaba a andar y a hacer respiraciones. Sé que es pasar por eso e incluso estuve a punto de ingresar en esos centros en que te aíslan del exterior y puedes recuperarte. Ahora ella estaba sola, triste, sin vida.
De repente mi móvil empezó a sonar y el estribillo de I’ve got you sonó. Empecé a maldecir en inglés.
— ¡Esta estúpida canción tiene que sonar en este estúpido momento, ¿verdad?!— respiré y lo cogí. — Soph?
Empezó a llorar en mi oreja y yo tuve que apartarme el teléfono para que no me oyera hipar del llanto. Estaba rememorándolo todo.
Sin querer le di al altavoz y se escuchó por todo el pasillo sus llantos. Colgué. Fui cobarde y colgué.
Entonces, alguien salió del aula. Miré a Ortcher y entonces no pude contenerme.
— Ha vuelto a pasar. Ha vuelto a pasar… ¡Otra vez! — sí. Hablaba en inglés me había acostumbrado en una semana.
— ¿qué ha vuelto a pasar? — Ortcher me hablaba en castellano.
— He recaído. No sé cómo ha pasado…
— ¿qué has qué?
— Me… me… me ha llamado Sophie y ha empezado a llorar y decía que estaba sola… y que ya no veía nada positivo y… ¡Corre llámala! ¡Cooorre!
Ortcher le dio a la rellamada.
— Sophie no hagas nada estúpido. Todo tiene solución.
— ¿Nath?, ¿eres tú? No sé qué ha pasado… No recuerdo nada…. Estaba yendo hacia el lavabo, había sangre y…. de repente me encontré en el suelo convulsionando.
— ¿qué? ¿Hablas en serio?... — entonces recapacité. — ¿De dónde venía esa sangre?
— Eh… yo… No te enfades ¿vale?
— Si me tengo que enfadar, me enfadaré, tu solo dime de donde venía….
— Me he cortado… ¡Pero sin querer! ¡No lo he hecho a propósito! ¡De veras! ¡Ya no lo he pensado de nuevo!
Suspiré y volví a resbalar por la pared.
— En seguida te llamo, vale Soph?
— Espera. — me cortó. — Quiero que sepas que saldré a delante. Tú no hagas nada. No te muevas de donde estas, estés donde estés, que sé que es secreto. Lo haré por ti y como tú. Te quiero Natalia. Has sido una gran ayuda…
— ¡Sophie! — grité. — Sophie dime que no has colgado. Esto está sonando como una despedida. ¡Sophie!
Sophie no contestaba. Empecé a hiperventilar, a pegar patadas al aire.
— Sophie, escúchame bien. Óyeme bien porque sé que me estas escuchando. Si de verdad me estás diciendo esto, ya has dado el paso. A mí también me costó. Sé que no es el momento, y que dije que algún día, podría explicártelo mejor, pero… ¿sabes qué? Te lo voy a explicar. Porque me hizo bien. Sí que entré en rehabilitación.
Ortcher se sorprendió. Mentí a todo el mundo. Incluso a Ortcher. La miré a ella y le susurré un: lo siento. Con la cabeza cabizbaja.
— Bueno no es rehabilitación, porque no me rehabilitaron. Era como un campamento. ¡Me tuvieron sin Internet! — exageré para quitar un poco de hierro al asunto. — ¡Tú sabes qué es eso para mí¡ Sin twitter…
Hubo un momento de silencio y ahí supe que tenía que explicar todo ese mal trago.
— Sé que parece irreal que con 17 años… bueno, 18 años entrara. Pero fue una de las cosas más positivas que hice en mi vida. No es como te lo pintan de malo. O cruel. O al menos para mí. Las personas no te trataban como si te fueras a rompes. Como si fueras un loco de cristal. Eran… como… bueno, como si fueran conocidos que te los encuentras por la calle y te dicen un Hola, qué tal está usted esta mañana?! Me aislé completamente del mundo. Conseguí en dos semanas, lo que no había hecho durante medio curso. ¡Incluso me dieron clases! Empecé a ver el mundo de otra manera. ME enseñaron a no esconderme detrás de la música o detrás de… No sé. Aunque lo primero que hice fue darme cuenta de que no estaba bien y que, aunque pareciera que era irreal, que eso no era posible, que no podía pasarme a mí una cosa como esa, estaba pasando. Y no me dio vergüenza pedir ayuda. Estaba deprimida. Era joven y estaba deprimida. Veía como el mundo se caía sobre mi. Como los muros se hacían más y más altos y no conseguía nada… Así que, sé que me estás oyendo. Ahora mismo, vas a coger el puto teléfono… sin colgarme, claro, coge tu móvil roto que para algo todavía llama, y marcas el número de mi madre. Ella te dará todo los datos. Y te repito, no es ningún centro de locos. —rodé los ojos. — Es como un campamento. No llevas bata ni nada. Es genial, en seiro, conoces gente increíble y lleváis como una ropa de boy scout. Y quiero que, por mucho que te digan que no lo hagas, que te acuerdes de mí, y de estas palabras. ¿Vale?
Ester me miraba como si me hubiese salido otro cuerno.
— Y ahora, tengo que colgar. Me vas a llamar todos los días… Bueno, al menos me mandas mensajes que son gratis, y me vas a explicar cómo vas, ¿vale? Porque no creo que seas capaz de lo que yo hice, pero al menos, da el paso. Pide ayuda. Se sincera contigo misma. No cometas el error que hice yo de perder medio año pensando que eran alucinaciones mías, o que estaba exagerando, ¿vale? Y si te pasa algo, mira el puto tatuaje que un asqueroso día me hiciste hacerme y que tú también tienes. ¿Vale?
— Te quiero, Nath.
— ¡No me digas eso que parece una despedida!
Todos reímos.
Espera un momento.
¿Todos?
— Qué coño estáis haciendo aquí?
— No te has dado cuenta de que hemos estado detrás de la escalera?
— ¡No!, porque estabais detrás de la escalera y no os he visto. — me quejé a Tom.
— ¿Quienes son esos? — me preguntó Sophie.
— Si te lo digo no te lo creerás, así que te diré que estoy soñando.
— Vale, ¿qué te has metido ya? — me preguntó Sophie.
— Adrenalina positiva, nena.
Se rio y entonces se despidió. Colgué.
— ¿así que no te fuiste de vacaciones? — me preguntó Ortcher.
— Bueno, se puede decir que sí. Me fui de campamento — y sonreí. Ella me miró mal. — te decía que no entendía nada y que venía que todo podía conmigo y decido irme de vacaciones, así sin más. ¿En serio te lo tragaste?
— Ahora que lo dices, creo que no quise ver lo que de verdad había. He sido una mala amiga…
— Has sido mi amiga y me has apoyado en todo lo que pudiste. Incluso en cosas que no debías. Si yo no di el paso antes, fue cosa mía.
— Así que fuiste a rehabilitación?
— Seee…— me hice la importante y le guiñé un ojo. — ¿y sabes a quien vi? Vi a un tío súper bueno…. Rubio… ojos azules… sí, sí. ME LO TIRÉ. No sabes que bien daba…
— La, la, la, la… — empezó a decir tapándose los oídos.
Yo me reí.
— Luego salí de la rehabilitación. Bueno esa palabra es muy fea, digamos que Salí del periodo de desintoxicación del mundo. Sí, ese es el término.
— Creo que no te han curado todavía…
— ¡Qué no estaba loca! — me quejé. — siento todo lo que dije.
— Siento todo lo que dije. Y siento no haber estado ahí. — me abrazó y yo hundí mi cabeza en su pecho.
— Te he echado de menos. Estos pechitos no son iguales que mi almohada.
— ¡serás tonta!
Hubo un momento de silencio.
— ¿Te acuerdas cuando nos enfadamos tanto? Lo que dije y lo que me dijiste…?
— Bueno, yo me voy a dormir. Mañana tengo una prueba para el concurso.
Thomson se levantó y me tendió la mano.
— ¿Y tú, Ortcher? — dije, mirando a Thomson y estirándome.
— Yo no compito.
Me giré en cámara lenta, con los ojos entrecerrados.
— ¡Claro que compites! ¿Para qué has venido si no? — hice gestos raros como diciendo: “A ver…”
— Pues eso. Cuando te echaron del concurso, como sabía que no podrías ganar, ni formar un grupo ni nada, no molaba eso de estar compitiendo. Me gustaba eso de la rivalidad entre tú y yo y, además, yo sigo queriendo estar en “Something to Figth” y si no conseguías ganar, nunca hubiera banda, ni grupo ni ninguno de tus sueños, así que abandoné.
— Aban… Ab… Abando…— Cerré los ojos y negué con la cabeza, cayendo de espaldas en el sofá. — Espérate porque esa palabra no la aprendí en la primaria. ¡¿ABANDONASTE?! Pero… pero… ¡pero tu estas tonta! ¿Tú te estás oyendo? Vas a dejar pasar esta… ¡Es que no lo entiendo!, explícamelo, porque de veras, que no lo entiendo…
— ¡Te estoy diciendo que lo he hecho por ti! ¡Si tú no estuvieras en este concurso yo no hubiese venido! ¡Yo no soy tan fan como tú! ¡Yo no sueño estas cosas como tú! ¡Yo no valgo para esto tanto como tú! Todo lo que he hecho, venir aquí, hablar en inglés, cantar o tocar una simple cuerda de guitarra, lo he hecho por ti. Porque sabía que nunca darías el paso estando en España. Sabía que Something to figth no llegaría a ninguna parte si tú no te motivabas. ¡Por dios, te conozco como si fueras mi hija, bueno mi hermana! ¡Esto es lo tuyo, por mucho que tú quieras hacer otra cosa!
Lo siguiente que recuerdo es un dolor en mi mano y la cara de asombro de Ester.
Una lágrima cayó de su ojo y empezó a murmurar cosas extrañas.
— Oh, no… ¿qué he hecho? — Empecé a ahogarme con mi propia saliva. — Ester, en serio, lo siento mucho… no sé qué me ha pasado…
— ¡Pues yo sí! ¡Te ha dolido que te digan la verdad! ¡Que no vales una mierda como persona, que lo único que vale es la música, porque si fuera por ti, nadie escucharía tus putas covers! ¡Ah, no perdona, que soy yo cada día metiéndome en vuestra cuenta de Youtube para que veas como las veces que ha sido vista la cover van subiendo! — Ester me miró, y luego me devolvió la ostia.
Me agarré la mejilla y sentí un escozor en ella. Mis lágrimas.
Ella y Thomson se fueron, mientras él me miraba y besaba su frente. Se fue mirándome a los ojos.
Levanté un brazo hacia ellos, pero me derrumbé ahí. Entonces unos brazos negros me recogieron del suelo.
— No sé qué decir…
Y en todo esto, los cuatro miembros de McFly seguían ahí, atónitos a la escena.
— No es necesario que digas nada…— le dije a Kurts.
No sabía dónde meterme.
— Me muero de la vergüenza. De la vergüenza, de la tristeza, del dolor… Todas sus palabras fueron verdad. Todo lo que ha dicho es verdad. Ella es la que me ha estado animando, la que me ha levantado cuando me he caído. Cuando perdí toda noción del mundo ella me mantenía los pies en la tierra. Y ahora, ha venido hasta aquí, ha dejado todo por mí… Y yo se lo devuelvo así… No me merezco todo esto… suéltame…
Kurts no lo hizo.
— ¡Qué me sueltes! ¡¿No lo has escuchado todo?! ¡¿LO QUE HE DICHO?! No valgo nada. Ni siquiera los cuatro mierdas acordes que sé tocar o la mierda voz que tengo. Tuve una mierda de juventud y tendré una mierda de vida porque nunca conseguiré nada en esta puta vida…
Le miré a los ojos a Kurts. Estaban abiertos de par en par.
Se separó de mí. Me tenía miedo. Yo miré sus manos. Las levantó con las palmas abiertas.
— ¡No puedo tener a nadie a mi lado! ¡Todo lo destrozo! Dime… dímelo…—empecé a acercarme a él. — ¡Dime que valgo de algo! ¡¡¡Dímelo!!! — le grité cogiéndole de la camisa, del cuello.

— Sí…— dijo Ortcher.
— ¿Te acuerdas, yo dije: Ella es la que me ha estado animando, la que me ha levantado cuando me he caído. Cuando perdí toda noción del mundo ella me mantenía los pies en la tierra. — la miré a los ojos. — Ester, tú me dijiste una frase que no te diste cuenta, pero me hizo entender que tenía un problema. Que no estaba bien con el mundo. Me dijiste: Esto es lo tuyo, por mucho que te empeñes en pensar en otra cosa. Something To FIght necesita nuevos aires. Necesitas motivación. Más o menos, el día que nos enfadamos, me dijiste lo mismo… Tú fuiste quien me dio ese empujoncito para yo decir: Quiero hacerlo. Sin tu darte cuenta.
Ortcher me miró. En sus ojos vi todo lo que pensó. La culpabilidad de no hacer nada, disminuyó poco a poco y una sonrisa fue pintando su rostro de felicidad.
Me guardé el móvil en el bolsillo y entonces, después de toser teatralmente solté un:
— ¡Se puede saber porque me estabais espiando?!