Los días iban pasando y desde la noticia, había pasado una semana. Las actividades eran geniales y ahora mismo, estábamos en una. Esta no tenía un fin de aprendizaje.
Era simplemente por diversión y para unir al grupo.
En mi grupo, me había tocado con Thomson, el amigo de Johnson y Ortcher. Yo estaba con mi guitarra y un compañero mío también.
Nos había pedido que nos se lenvataramos y que nos vedáramos los ojos.
— ¿Y esto que tiene de diversión? — el inglés era una regla básica, ya que veníamos de muchos sitios.
— Pues tu cara de “¿qué me va a pasar?” — dijo un chico. Era amigo mío. Me caía bien.
Siempre los llamaba por su apellido. La cámara, que grababa todo para luego hacer el documental casi siempre me enfocaba a mí, que era quien más hacia la gracia.
— ¡Ja! — me reí irónicamente.
— Bueno, lo que tenéis que hacer es confiar en vuestro compañero. Empezará a sonar una melodía y ambos, sin hablar tenéis que tocar el mismo acorde. O tocar de una manera en que suene bien.
La actividad me estaba gustando mucho porque siempre nos equivocábamos de acorde.
— Bueno, vamos a hacerlo de otra manera. Ahora no podréis hablar ni hacer mímica. Sólo con los ojos.
Nos vendarnos la boca para no poder hablar.
Conectamos al segundo. Esta vez yo había salido con Thomson. Cogió su guitarra, que me encantaba y empezó a guiñar los ojos.
Uno, dos, tres, cuatro. Pausa. Uno, dos, tres, cuatro. Pausa.
Nos miramos y tocamos diferentes acordes. Pero de manera… de alguna manera quedó también que dejamos de tocar. Y luego nos empezamos a reír.
Tras esta actividad, nos reunimos en la sala común y fue cuando salió la idea.
— Oye, ¿y por qué no hacemos una cover de McFly? Ya que la mayoría estáis aquí por ellos….
— ¡Tienes razón! — aseguré yo. — ¡Vamos ahora al estudio grande!
Y como unos críos nos fuimos corriendo al estudio grande, donde había todo lo que pudieras imaginar, sin saber que exactamente, cuatro tíos que conocemos perfectamente lo habían escuchado y también iban allí.
Pero nosotros no lo sabíamos.
— Lo siento mucho, — interrumpí yo la conversación sobre qué canción tocar. — Por mucho que este aquí por SuperCity, no pienso hacer una cover del nuevo disco… Salvo si son dos canciones que tampoco las haría. Yo me decanto por Radio:Active.
— ¡¿qué?! — Dijo una. A ésta le pega eso de ser putilla, sin ánimo de ofender. — ¡Qué va! — y bufó— Yo quiero una del nuevo disco.
— ¡No, no! — dijo Ortcher con morros, yo me reí a carcajadas, pero luego me miró y me callé e hizo una mueca como cerrando con candado mis labios. Vamos, cremallera. — ¡Una de las viejas, de las buenas!
— Eh, eh… — me quejé yo. — ¿Nos vamos ahora a pelear por qué canción vamos a tocar? — los miré a todos— ¿en serio? ¿El mejor disco el nuevo? ¿Tú te estas escuchando?
Empezaron a discutir y a Ortcher se le ocurrió una gran idea.
— ¡Vale ya! — dijo tirando un vaso al suelo. Había sido un accidente.
— ¿Tienes complejo de Danny Jones? — me reí yo. Todos se rieron a carcajadas menos ella.
— ¿Te das cuenta de que te estas riendo de ti misma, cacho de imbécil?
— Yo también te aprecio, pequeña Fletcher.
Ellos nos miraron como diciendo “No entiendo anda”
— Es que, ésta mujer, aquí donde la veis, tiene un corazón que no le cabe en el pecho… que digo en el pecho “¡En toda la tierra!”
— Y ésta, es como Jones pero en chica… y en española, que es peor aún.
— No es necesario que matices los detalles y explica tu estupenda idea. — me quejé sentándome en una silla. Tuve que sentarme encima de un mando y mágicamente empezó a sonar la radio.
Todos se asustaron y empezaron a mirar a ambos lados hasta que repararon en mí y en el mando.
— Juro que yo no he sido. Bueno he sido yo, pero lo he hecho sin querer.
Pusieron los ojos en blanco y yo me senté con los brazos cruzados y con morros.
— Podemos poner en ésa pizarra blanca la canción que queramos. Y si esta repetida, ponemos un palito. ¿Qué os parece?
— Me parece bien. — dije yo.
Y todos dijeron lo mismo.
Así que, ahí estábamos, escribiendo las canciones. Cuando llegó mi turno, escribí Lies.
— ¿qué? — me volví a quejar. — Tiene algo más de protagonismo el bajo y la batería en esta. ¡Hay veces que ni se les escucha!
— ¿A la batería no se le escucha? — me preguntó una chica riéndose. No lo hacía con mala intención. Si no… como una amiga. — Yo creo que sí.
— Bueno, yo sé a qué me refiero.
Y a que no sabéis que canción ganó…. ¡LIES!
— Vale… Yo creo que no podré tocar. — y levanté la mano.
— Puedes intentarlo si quieres…— me instó Thomson.
— No aseguro nada. — cogí la guitarra y una púa que alguien me prestó.
Intenté hacer algún que otro acorde, pero era imposible. Tiré la púa contra el cristal y rebotó contra Thomson.
Éste se agacho y se le metió en el canalillo a Ortcher.
— ¡Qué puntería tía! — dijo la chica que se estaba riendo antes. — ¡Choca las cinco!
Todos chocamos menos Ortcher.
— Muy gracioso…— se giró y luego me devolvió la púa.
— Te la puedes quedar, — le dije pasándome la lengua por los labios. — sé que lo estás deseando.
Reímos, y nos pusimos a ello. Empezamos a ver como podríamos tocar tres guitarras, dos bajos un piano y cuatro voces.
— Esto es imposible, somos demasiados. — estaba sentada en las rodillas de Thomson con la mano aguantándome la cara.
— ¿Y si hacemos dos canciones? — dijo un chico.
— Bueno… Pero Lies es nuestra. — dije segura yo.
— Tocamos…
— ¡Bubble Wrap! — interrumpí yo. — ¡No, no! ¡We are the Young! ¡No, espera! ¡Alguna que no hayan hecho en directo!
— Pero entonces no mola…— dijo Ortcher. — Tenemos que imitarles. Hacer la gracia…
— Joder. — me quejé yo.
Al final, tocaron One for the radio. Nos pusimos como locos y al final de la canción bailamos todos La Macarena al ritmo de McFly.
Más tarde, nos tocó a nosotros.
Teníamos piano, guitarra, dos guitarras, coros… Porque sí. Todos quisieron cantarla con nosotros.
Yo canté la parte de Danny, pero no toqué la guitarra, así que empecé a bailar de manera rara e ir de allí para aquí.
Cuando terminamos, todos vinieron a abrazarnos y empezamos a cantar “We Are The Young” porque empezó a sonar por algún lado de la habitación.
Y entonces…
Ellos entraron. Entraron cantando. Era increíble escuchar la voz del disco y luego la voz de la canción.
Empezamos a aplaudir y a unirnos con ellos.
Bailamos como unos locos y empezamos a reírnos.
A grito pelao’ le dije a Tom:
— ¡¿qué hacéis aquí?! — y señalé el cuarto.
— ¡Llevamos todo el rato viéndoos! ¡Nos ha encantado que nos hayáis hecho ese homenaje! ¡Sobre todo tú, La jones Española!
Yo me reí.
E hice lo que llevaba mucho tiempo pidiendo.
— ¡¿Nos hacemos una foto juntos?! — grité.
Asintieron y cogí a Harry por el brazo.
— ¡HARRY! — él se agachó para escucharme— ¡Tengo muchas de hacerme una foto contigo! ¡Pero montada a caballito! ¡Es mi gran sueño!
— ¡Sube! — dijo después de reírse.
Doug nos miró con cara de: “¿Esta chica no está bien?”
Y entonces el flash salió de la cámara que se había puesto con el automático.
Y esa foto todavía la tengo en mi cuarto.
Cuando la mayoría se fueron, Ortcher, yo, Thomson y mi bajista negro preferido nos quedamos con McFly tirados por el suelo.
— Ha sido increíble…— susurré mientras me acercaba a Thomson. — Mierda… ¿Sabes que si tuviéramos una cámara desde arriba, parece que mi frase estuviera dicha como en una película de esas que acabas de hacerlo?
— ¿Sabes que nadie aquí te ha entendido, verdad?
— Sí, — le contesté a Tom riéndome. — Eso esperaba.
Me levanté y se me fue un poco la cabeza.
— Uf, ¡qué mareo! — me reí.
— Bueno, yo me voy a dormir. Mañana tengo una prueba para el concurso.
Thomson se levantó y me tendió la mano.
— ¿Y tú, Ortcher? — dije, mirando a Thomson y estirándome.
— Yo no compito.
Me giré en cámara lenta, con los ojos entrecerrados.
— ¡Claro que compites! ¿Para qué has venido si no? — hice gestos raros como diciendo:”A ver…”
— Pues eso. Cuando te echaron del concurso, como sabía que no podrías ganar, ni formar un grupo ni nada, no molaba eso de estar compitiendo. Me gustaba eso de la rivalidad entre tú y yo y, además, yo sigo queriendo estar en “Something to Figth” y si no conseguías ganar, nunca hubiera banda, ni grupo ni ninguno de tus sueños, así que abandoné.
— Aban… Ab… Abando…— Cerré los ojos y negué con la cabeza, cayendo de espaldas en el sofá. — Espérate porque esa palabra no la aprendí en la primaria. ¡¿ABANDONASTE?! Pero… pero… ¡pero tu estas tonta! ¿Tú te estás oyendo? Vas a dejar pasar esta… ¡Es que no lo entiendo!, explícamelo, porque de veras, que no lo entiendo…
— ¡Te estoy diciendo que lo he hecho por ti! ¡Si tú no estuvieras en este concurso yo no hubiese venido! ¡Yo no soy tan fan como tú! ¡Yo no sueño estas cosas como tú! ¡Yo no valgo para esto tanto como tú! Todo lo que he hecho, venir aquí, hablar en inglés, cantar o tocar una simple cuerda de guitarra, lo he hecho por ti. Porque sabía que nunca darías el paso estando en España. Sabía que Something to figth no llegaría a ninguna parte si tú no te motivabas. ¡Por dios, te conozco como si fueras mi hija, bueno mi hermana! ¡Esto es lo tuyo, por mucho que tú quieras hacer otra cosa!
Lo siguiente que recuerdo es un dolor en mi mano y la cara de asombro de Ester.
Una lágrima cayó de su ojo y empezó a murmurar cosas extrañas.
— Oh, no… ¿qué he hecho? Empecé a ahogarme con mi propia saliva. — Ester, en serio, lo siento mucho… no sé qué me ha pasado…
— ¡Pues yo sí! ¡Te ha dolido que te digan la verdad! ¡Que no vales una mierda como persona, que lo único que vale es la música, porque si fuera por ti, nadie escucharía tus putas covers! ¡Ah, no perdona, que soy yo cada día metiéndome en vuestra cuenta de Youtube para que veas como las veces que ha sido vista la cover van subiendo! — Ester me miró, y luego me devolvió la ostia.
Me agarré la mejilla y sentí un escozor en ella. Mis lágrimas.
Ella y Thomson se fueron, mientras él me miraba y besaba su frente. Se fue mirándome a los ojos.
Levanté un brazo hacia ellos, pero me derrumbé ahí. Entonces unos brazos negros me recogieron del suelo.
— No sé qué decir…
Y en todo esto, los cuatro miembros de McFly seguían ahí, atónitos a la escena.
— No es necesario que digas nada…— le dije a Kurts.
No sabía dónde meterme.
— Me muero de la vergüenza. De la vergüenza, de la tristeza, del dolor… Todas sus palabras fueron verdad. Todo lo que ha dicho es verdad. Ella es la que me ha estado animando, la que me ha levantado cuando me he caído. Cuando perdí toda noción del mundo ella me mantenía los pies en la tierra. Y ahora, ha venido hasta aquí, ha dejado todo por mí… Y yo se lo devuelvo así… No me merezco todo esto… suéltame…
Kurts no lo hizo.
— ¡Qué me sueltes! ¡¿No lo has escuchado todo?! ¡¿LO QUE HE DICHO?! No valgo nada. Ni siquiera los cuatro mierdas acordes que sé tocar o la mierda voz que tengo. Tuve una mierda de juventud y tendré una mierda de vida porque nunca conseguiré nada en esta puta vida…
Le miré a los ojos a Kurts. Estaban abiertos de par en par.
Se separó de mí. Me tenía miedo. Yo miré sus manos. Las levantó con las palmas abiertas.
— ¡No puedo tener a nadie a mi lado! ¡Todo lo destrozo! Dime… dímelo…—empecé a acercarme a él. — ¡Dime que valgo de algo! ¡¡¡Dímelo!!! — le grité cogiéndole de la camisa, del cuello.
Entonces, unos fuertes brazos me cogieron y yo me derrumbé. Ahí fue cuando lloré de
verdad.
AVISO
Ésta historia también esta en formato .metroblog.com
http://causeweallfalldown.metroblog.com/
http://causeweallfalldown.metroblog.com/
Podeis encontrarla también en fanfiction
http://www.fanfiction.net/s/8882033/1/Cause-we-all-fall-down
Datos personales
- MsNathie
- Bueno, que os voy a contar. Soy de España, y me encanta Leer y escribir. Tengo subidos historias por Internet. No soy autora de un gran libro, y de nunguna novela, pero algo ronda por ahí. Bueno, que más deciros. He tenido muchas experiencias, unas buenas y otras malas. He tenido mucha gente a mi lado y gracias a eso he sabido ver en personas lo mucho que pueden cuidar de mi y lo mucho que saben ver en mi. Atentamente, Natt.
viernes, 9 de septiembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Capítulo 9
He de avisar que, no quiero meterme en problemas familiares al hablar del hermano de Izzy (que en mi historia es su hermano y puede que este peor de lo que en realidad está, y no quiero que nadie mal interprete mi manera de expresarme ni nada) Así que, si alguien cree que debería cambiarlo, ahora que es el principio de la historia, que lo diga, y cambiaré drásticamente el personaje.
Me levanté. Había sido una noche muy movida. Miré en mi cuarto y no vi nada que fuera a decirme que ése era mi lugar. Era extraño… No sé… hay gente que se lleva hasta sus posters… o fotos… Pero yo no tenía nada puesto. Además, a saber que me harían hacer. ¿Me harían ponerme a fregar? No creo… Alguna sanción, ¿no? Ellos dijeron que no me dejarían irme… Pero ellos no mandan.
Así que me levanté y escuché la megafonía, justo cuando iba a entrar al cuarto de baño.
Tenía una reunión muy importante.
Me duché y bajé al sitio ese que tenía que ir. Estaban todos sentados, con caras serias.
Pero a Tom se le escapó una pequeñísima sonrisa.
Casi no se ve.
Casi no se veía.
Pero yo la ví.
Me senté y cinco minutos vino “Cami”.
— Bueno, empecemos. — dijo el señor que llevaba las riendas ahí.
Después de hablar y que cada parte hiciera su aportación, (me sorprendió que Cami hablara educadamente. Aunque no nos miramos ni una vez.), una voz sobresalió sobre el murmullo bajo que se había instalado en la habitación.
— Cuéntales la historia.
Yo miré a todos lados y entonces algunos ojos se posaron en mí.
—Eso no nos incumbe, Danny. — dijo otra voz y esos ojos se apartaron de mí.
— Pero, aunque no tenga nada que ver, es por eso que actuó así. Aunque no tenga nada que ver, estaba abrumada por su muerte.
— Oye. — interrumpí. — Siento meterme en conversaciones ajenas, pero, si estáis hablando de lo que creo que estáis hablando, no creo que sea necesario.
— Pero…— ahora me interrumpieron.
— No, en serio. — dije yo. — Esa es una historia personal y pendiente que yo tengo que solucionar. No lo voy a poner en mi currículo para dar pena. Estoy aquí por haber agredido a ella. Y ella está aquí por lo mismo. Así que, solucionemos esto, sin importar las cosas.
— No tienes razón. — Alguien habló y entonces una chica salió de detrás de Harry. — ME ha contado que hiciste y porque y eso cuenta. Intentaste defenderle y eso importa mucho.
Empezaron a hablar de que si importaba o no y yo me senté y bufé. ¡Qué discusión! Y entonces, como un ángel caído del cielo, Sam me abrazó.
De repente, todo se quedó en silencio.
— Hola, Sophie. El otro día no te di las gracias como debía. — y me volvió a abrazar.
Y yo, no sé qué me pasó, que no pude hablar.
Le sonreí como nunca había sonreído y le hice una gracia. Él empezó a reírse. Y yo le acompañé.
— Estas llorando. — no era una pregunta.
— No…
— Sí, tus ojos lloran. — volvió a repetir Sam.
Entonces yo llevé mis manos a mi cara y… ¡Estaba llorando! Miré mis manos mojadas, como si fuera algo inusual.
— No… no lo entiendo.
Y miré a Sam. Y lo comprendí todo.
— Es de alegría, Sam. Me alegro de que estés aquí. — y esperé a que me chocara las cinco. Y lo hizo, y muy fuerte. — ¡Eres fuerte!
Se empezó a reír, y yo le acompañando, notado, ahora, como las lágrimas caían.
Y entonces ella saltó.
— Bueno, decidimos quien se va fuera o no.
Todos se pusieron en su sitio y Sam y la mujer se fueron.
Y entonces llegó el momento.
— Sin importar el porqué, agrediste a una de tus compañeras. — Hubo un bufido y no fue de ella— Eso sería la expulsión directa. Pero lo he visto, con mis propios ojos, que no eres una persona violenta y al final, tras mucho deliberar, escuché tu historia.
— Y yo dije que no era necesario. — me quejé. — Lo siento. — era el jefe y yo me quejaba. No es normal…
— Por lo tanto, quedas expulsada del concurso.
Se me cortó el aire.
— Lo entiendo…
— Camila— siguió el jefe. — Agrediste y utilizaste un vocabulario que no es digno de una mujer de tu edad. Aunque yo no debería decir eso… Y también ofendiste a un invitado del grupo. Por lo tanto, tú también estas eliminada.
— Pero. — dijo otro hombre. — Natalia. — dijo mi nombre en español e incluso a mí, me sorprendió escucharlo. Yo siempre me había presentado como Nath, o Nattalie… — sé a ciencia cierta de que lo que hiciste tú sabes que está mal. Y sé que tienes mucho talento. Aunque ahora mismo no puedas tocar mucho. — señaló mi mano mala. ¡Incluso yo me asombré de no acordarme! — Así que, te dejamos quedarte aquí, y ampliar ése talento y demostrar que tienes, pero no podrás optar al concurso. Podrás hospedarte, seguir con la experiencia, hacer todas las actividades, pero no podrás grabar ninguna canción. Ninguna canción que salga al mercado.
— Lo acepto.
Podría haber dicho que era más de lo que yo esperaba. Podría seguir aquí, y me dejarían tocar.
Incluso creo que me perdonaron muchísimo por la cuestión de que yo lo había defendido. Pero no dije nada.
— En cuanto a ti. Lo mismo. No podrás grabar. Nada. Ninguna canción. NADA. Y algunas actividades serán restringidas para ti.
— ¿qué? Y ¿por qué a mí? ¿Y a ella sí?
— ¿Quieres rebatir conmigo sobre esto, Señorita? — le preguntó sorprendido. Luego me miró a mí. Ahí se dio cuenta de todo.
— Bueno, pero igualmente lograré grabar algo.
— No será en nuestro estudio ni en nuestro proyecto. Ni con nosotros. — Y yo me sentí orgullosa de que luego la echara y a mí no.
— Gracias. — le dijo de todo corazón. — Sé que no voy a poder tocar mucho y eso para mí ya es un castigo, pero… Gracias, por dejarme continuar.
— Gracias a ti. Nos has hecho ver que todavía hay gente como tú en el mundo.
Yo me asombré y fui a abrazarle. Luego recordé que era mi jefe. El jefe de todos y sus palabras se clavaron en mi mente y en mi corazón.
Le ofrecí la mano. Él la estrechó y se fue para hablar con otros directivos y pasarlo todo ante notario y demás cosas de papeleo.
Entonces, me noté que alguien me abrazaba y era esa mujer.
— Gracias, has sido muy buena con mi hermano.
— ¿Tu hermano? — pregunté yo.
— Sí, como tú dices, Sam.
— ¡Ah! Me sentía con el deber de hacerlo. — e hice la pose de Super Man. — Por cierto… ¿quién eres?
Entonces, todos se miraron y empezaron a reírse. Yo es que no sabía quién era. Me sonaba pero…
— Sí te digo que a lo mejor me has visto rubia… ¿te dice algo?
— ¡Tocas en un grupo! — grité yo. Me pegué con la palma dela mano en la frente! — Os conocisteis en un tour…
Entonces negué con la cabeza.
— Encantada, prima segunda de Dougie…— le dije en coña. — No, en serio, sé quién eres…
— ah, me había asustado. — Ella me miró— Te conoces mi vida… ¿tendría que sorprenderme? — me preguntó mientras ponía su mano en mi hombro.
Todos nos estaban mirando con sonrisas.
— No. — y me encogí de hombros. — Aunque parece extraño… soy una fan más de McFly. Salvo que a veces mi cabeza no acaba de ir bien y parece que esté con mi familia.
— Somos una familia. — dijo Tom orgulloso.
viernes, 19 de agosto de 2011
Capitulo 8
— Eres una cabrona. Me he pegado un susto de muerte.
— Me has dejado sola con Tom y Doug, ¿tú que creías que iba a hacer? — Le contesté a Ortcher con los ojos cerrados todavía.
— She’s okay. Well, She never has been okay, so…
— I can hear you, stupid. — le volví a contester. Entonces abrí los ojos.
Y… ¿qué me encontré? A muchos pares de ojos mirándome.
Y una frente medio pintada. Y, ¿qué hice? Reírme. Y no entendí porque empecé a hablar en inglés.
— No me lo puedo creer, todavía tienes lo de la frente. — Y me tapé los ojos con la mano, riéndome muy a gusto.
— ¡Quieres callarte!
Suspiré fuertemente y luego me levanté de dónde diablos estuviera.
— Me he desmayado, ¿verdad? — pregunté.
— Sí. — me contestó Tom.
— Creo que ya estáis acostumbrados a estas cosas, ¿no?
— Bueno, A que alguien se desmayé con oír la voz de Danny, nunca lo había visto.
— Es que, — intenté defenderme. — Es mi ídolo. Sin ofender, eh…
Pusieron esas caras de pensar que hacen ellos en coña y yo intenté aguantarme la risa.
— Si, en verdad… A ver, a lo que me refiero… A ver, si todos me gustáis, pero Jones provoca sensaciones extrañas en mí.
— ¡Tía! ¡¿Pero te estás oyendo?! — Me llamó la atención Ortcher.
— Todavía no estoy en mis cabales, así que, dentro de un ratito…— hice como que miraba mi súper reloj invisible de muñeca. — unos minutos quizás, me entrará la vergüenza… de momento… ¿Alguien me puede decir porque están todos los integrantes de McFly en el comedor a las tantas de la madrugada y porqué me he perdido vuestro despertar? — señalé a Doug y a Ortcher.
— No te lo has perdido, lo he grabado. — avisó Tom.
— Eso, — señalé a su móvil— lo quiero ver, a la de ya.
Entonces, me pasó el móvil. Y puse el video: Mientras Tom y Harry intentaban darme aire y yo soltaba mis babas como siempre me desmayaba…
— Qué vergüenza por dios, he llenado todo de mis babas…— interrumpí yo misma mis
cavilaciones.
… Danny cogía el móvil de Tom y grababa a ésos mientras los despertaba. Doug empezó a moverse y Ortcher a decir incoherencias en español. Ambos se abrazaron, como quien abraza una almohada, y cuando se dieron cuenta de que no estaban solos, abrieron los ojos a la vez.
— Eso ha tenido que ser muy cómico en directo, ¿verdad?
— Sí, ha sido épico.
— Legendario. — murmuré yo, mientras cerraba los ojos y asentía lentamente.
Entonces, empezaron a preguntarse cosas cada uno en su idiomas: que si porque tienes ese tatuaje, que porque me he acostado contigo, que qué hacías tú en mi cama, que si esto no es tu cama, imbécil, es un sofá…
— Menuda juerga te pegaste ayer, ¿no, Doug? — preguntaba Danny desde detrás de la cámara en el video.
— ¡Cabroneeeeeeeeeees! — gritó en el video mientras yo soltaba, en la “realidad” un *piiiiiiii* y todos reían.
Dejé de ver el vídeo y me giré a Tom.
— Tienes que enviármelo. Lo necesito. Puedo hacer muchos chantajes con esto….
— Y las fotos…— me recordó Tom.
— Eso, y las fotos. — asentí.
— Ah, — nos interrumpió Ortcher. — ¿qué encima vas y hacéis fotos?
— En serio me lo preguntas. — le dije con esa mirada mía de: ¿really, bitch, really?
La verdad es que a Ortcher esto le iba bien, porque poco a poco iba hablando más inglés.
— Bueno, — suspiré. — Creo que me iré a la cama. He de decir, por lo que sea que mañana suceda o se decida, que ha sido una experiencia digna de admirar. Y bueno, aunque no haya podido tocar con nadie ni hacer ninguna actividad… No puedo decir que ésta noche haya hecho que el viaje de mis sueños fuera mejor, pero lo ha arreglado. Así que, Ortcher, te dejo con estos hombres y yo me voy a dormir hasta mañana.
Ellos me miraron.
— No tiene por qué ser así, sabemos lo que en realidad pasó, aunque no podemos hablar de nada.
— Tú eres tonta y en casa no lo saben. — soltó Ortcher. Harry, quien había hablado se giró sorprendido. — ¿por qué c*** no te defiendes?
— Porque sé que, muy en el fondo, fondo, fondo…. Para que engañar, no me arrepiento de lo que hice, pero sé que estuvo mal porque nadie se merece esas malas palabras…. (Salvo ella.) — dije por lo bajini.
— ¿Podrías explicarnos que pasó, de verdad? — me preguntó Doug. Estaba serio. Muy serio.
— Pues… Yo… Es que no aguanto a ésas personas que van de súper guays… De esas que te van perdonando la vida cuando respiras su aire. Y encima, se cree que por ser ella puede hacer lo que le venga en gana…
— ¿Pero por qué le pegaste? ¿Por qué empezaste?
— ¡Sí ella no empezó! — se molestó Ortcher.
— Déjame explicarme a mí. — le reprendí con la mirada. — En mi vida he tenido que cuidar de gente minusválida, gente que no puede valerse por sí misma e incluso siendo voluntaria, los cuidaba y los quería como si fueran mis propios abuelos. Y ellos me querían a mí. Toda la gente decía que no, pero yo lo veía en sus ojos. El agradecimiento por unas buenas palabras, unos: Buenos días señor López, ¿qué tal se ha despertado hoy? ¿Le sigue doliendo la cadera, señora Martínez? Y cuando…— mi ojos se volvieron a llenar de lágrimas y Ortcher me cogió la mano. — Cuando uno de ellos se iba, para no volver era como una… un golpe en mi corazón. Aquí, — señalé mi pecho— no te deja respirar…
No entendí porque les estaba explicando esto, pero poco a poco se fueron sentando todos y Ortcher y yo permanecimos de pie.
— Un día, llego un joven. No tendría más de treinta años. La familia no podía cuidar de él, y lo llevaron al sitio donde estaba yo haciendo de voluntaria. Se llamaba Peter. Le gustaba el nombre de Peter. Me dijo que le llamara Peter. Tuvo un accidente. Le concedieron una minusvalía. Y, bueno… en el cerebro… Digamos que volvió a ser un niño.
Me limpié las lágrimas como pude. Y Absorbí aire…
— Yo siempre les he defendido. De pequeña, en nuestra clase había un niño con problemas, y yo siempre le defendía. ¡Me gané una semana sin recreo por él!
— ¡Y bien que nos lo pasamos!, ¿a qué si? — susurró Ortcher mientras me abrazaba y yo reía, haciendo caer las lágrimas.
Ellos estaban absortos a la historia y no me interrumpieron.
— En fin. Peter fue mi amigo. Yo le ayudaba, jugaba con él, me preocupaba por él. Pero siempre había la semana que se iba con la familia…
Volví a suspirar…
— Lo pasaba realmente mal, era como mi hermano. Aquel hermano mayor pero a la vez pequeño… Cuando volvió, me dijo que sus vecinos no querían jugar con él, que le tenían miedo. Yo le dije: No te preocupes, ellos no lo entienden. No quieren jugar porque piensan que son demasiado grandes. Yo sí que quiero jugar.
Miré al techo, recordando lo buenos momentos.
— Peter murió hará unos meses… Después de cogerle unos matones por la calle, le dejaron inconsciente y…
No pude terminar. Ortcher me ayudó.
— Fue él solo a la clínica. Y empezó a gritar su nombre. Llamaron a su casa y sus padres no le dejaron ir. Ella se escapó, le atropelló un coche y se desmayó. Cuando amaneció en el hospital, le dijeron que Peter estaba muy mal. Ella se soltó de todo lo que tenía, y fue a su habitación. Entró y… Poco después murió en sus brazos.
Y yo empecé a llorar como una loca, no podía respirar. No podía parar. No había llorado en su entierro.
— Mu… murió en mis brazos. Y… Y seguro que los vándalos esos… esos cabrones… Seguro que… seguro que están en la calle.
Y de golpe, muchos brazos me estuvieron sosteniendo y acunándome.
Incluso vi a alguien con lágrimas en los ojos.
— No… No sabíamos nada de eso.
— ¡Como lo ibais a saber! — me quejé yo, intentando reír.
Entonces me separé.
— Y es por eso que no soporto a la gente que los rechaza. A la gente que se ríe de ellos por ser como son, a la gente que les pega. Y esa… niñata, me ofendió. Ofendió a Sam y yo salté. Como siempre salto.
— ¿Sam? — preguntaron ellos.
— Sí… No sé… No quería decirme su nombre, así que, me inventé un juego. El mismo juego que con Peter. Le dije que me llamara como él quisiera y yo le llamé Sam.
— Es increíble. ¿Te pasó algo grabe en el accidente? — preguntó Danny.
— No, solo algunos puntos y algunas cicatrices.
Les enseñé mi costado y mi rodilla.
— Apenas se notan. Pero están ahí, y cuando las veo… Sé que algún día lo superaré y podré recordar buenos momentos. Pero, creedme, fue como un hermano para mí.
— Tenemos que hacer algo. Sé que no podemos dejar las cosas como están, porque os pegasteis, pero esto no se puede quedar así.
— Por mi podéis echar a sea furcia, eh…— Murmuró Ortcher como quien no quiere la cosa…
— Me has dejado sola con Tom y Doug, ¿tú que creías que iba a hacer? — Le contesté a Ortcher con los ojos cerrados todavía.
— She’s okay. Well, She never has been okay, so…
— I can hear you, stupid. — le volví a contester. Entonces abrí los ojos.
Y… ¿qué me encontré? A muchos pares de ojos mirándome.
Y una frente medio pintada. Y, ¿qué hice? Reírme. Y no entendí porque empecé a hablar en inglés.
— No me lo puedo creer, todavía tienes lo de la frente. — Y me tapé los ojos con la mano, riéndome muy a gusto.
— ¡Quieres callarte!
Suspiré fuertemente y luego me levanté de dónde diablos estuviera.
— Me he desmayado, ¿verdad? — pregunté.
— Sí. — me contestó Tom.
— Creo que ya estáis acostumbrados a estas cosas, ¿no?
— Bueno, A que alguien se desmayé con oír la voz de Danny, nunca lo había visto.
— Es que, — intenté defenderme. — Es mi ídolo. Sin ofender, eh…
Pusieron esas caras de pensar que hacen ellos en coña y yo intenté aguantarme la risa.
— Si, en verdad… A ver, a lo que me refiero… A ver, si todos me gustáis, pero Jones provoca sensaciones extrañas en mí.
— ¡Tía! ¡¿Pero te estás oyendo?! — Me llamó la atención Ortcher.
— Todavía no estoy en mis cabales, así que, dentro de un ratito…— hice como que miraba mi súper reloj invisible de muñeca. — unos minutos quizás, me entrará la vergüenza… de momento… ¿Alguien me puede decir porque están todos los integrantes de McFly en el comedor a las tantas de la madrugada y porqué me he perdido vuestro despertar? — señalé a Doug y a Ortcher.
— No te lo has perdido, lo he grabado. — avisó Tom.
— Eso, — señalé a su móvil— lo quiero ver, a la de ya.
Entonces, me pasó el móvil. Y puse el video: Mientras Tom y Harry intentaban darme aire y yo soltaba mis babas como siempre me desmayaba…
— Qué vergüenza por dios, he llenado todo de mis babas…— interrumpí yo misma mis
cavilaciones.
… Danny cogía el móvil de Tom y grababa a ésos mientras los despertaba. Doug empezó a moverse y Ortcher a decir incoherencias en español. Ambos se abrazaron, como quien abraza una almohada, y cuando se dieron cuenta de que no estaban solos, abrieron los ojos a la vez.
— Eso ha tenido que ser muy cómico en directo, ¿verdad?
— Sí, ha sido épico.
— Legendario. — murmuré yo, mientras cerraba los ojos y asentía lentamente.
Entonces, empezaron a preguntarse cosas cada uno en su idiomas: que si porque tienes ese tatuaje, que porque me he acostado contigo, que qué hacías tú en mi cama, que si esto no es tu cama, imbécil, es un sofá…
— Menuda juerga te pegaste ayer, ¿no, Doug? — preguntaba Danny desde detrás de la cámara en el video.
— ¡Cabroneeeeeeeeeees! — gritó en el video mientras yo soltaba, en la “realidad” un *piiiiiiii* y todos reían.
Dejé de ver el vídeo y me giré a Tom.
— Tienes que enviármelo. Lo necesito. Puedo hacer muchos chantajes con esto….
— Y las fotos…— me recordó Tom.
— Eso, y las fotos. — asentí.
— Ah, — nos interrumpió Ortcher. — ¿qué encima vas y hacéis fotos?
— En serio me lo preguntas. — le dije con esa mirada mía de: ¿really, bitch, really?
La verdad es que a Ortcher esto le iba bien, porque poco a poco iba hablando más inglés.
— Bueno, — suspiré. — Creo que me iré a la cama. He de decir, por lo que sea que mañana suceda o se decida, que ha sido una experiencia digna de admirar. Y bueno, aunque no haya podido tocar con nadie ni hacer ninguna actividad… No puedo decir que ésta noche haya hecho que el viaje de mis sueños fuera mejor, pero lo ha arreglado. Así que, Ortcher, te dejo con estos hombres y yo me voy a dormir hasta mañana.
Ellos me miraron.
— No tiene por qué ser así, sabemos lo que en realidad pasó, aunque no podemos hablar de nada.
— Tú eres tonta y en casa no lo saben. — soltó Ortcher. Harry, quien había hablado se giró sorprendido. — ¿por qué c*** no te defiendes?
— Porque sé que, muy en el fondo, fondo, fondo…. Para que engañar, no me arrepiento de lo que hice, pero sé que estuvo mal porque nadie se merece esas malas palabras…. (Salvo ella.) — dije por lo bajini.
— ¿Podrías explicarnos que pasó, de verdad? — me preguntó Doug. Estaba serio. Muy serio.
— Pues… Yo… Es que no aguanto a ésas personas que van de súper guays… De esas que te van perdonando la vida cuando respiras su aire. Y encima, se cree que por ser ella puede hacer lo que le venga en gana…
— ¿Pero por qué le pegaste? ¿Por qué empezaste?
— ¡Sí ella no empezó! — se molestó Ortcher.
— Déjame explicarme a mí. — le reprendí con la mirada. — En mi vida he tenido que cuidar de gente minusválida, gente que no puede valerse por sí misma e incluso siendo voluntaria, los cuidaba y los quería como si fueran mis propios abuelos. Y ellos me querían a mí. Toda la gente decía que no, pero yo lo veía en sus ojos. El agradecimiento por unas buenas palabras, unos: Buenos días señor López, ¿qué tal se ha despertado hoy? ¿Le sigue doliendo la cadera, señora Martínez? Y cuando…— mi ojos se volvieron a llenar de lágrimas y Ortcher me cogió la mano. — Cuando uno de ellos se iba, para no volver era como una… un golpe en mi corazón. Aquí, — señalé mi pecho— no te deja respirar…
No entendí porque les estaba explicando esto, pero poco a poco se fueron sentando todos y Ortcher y yo permanecimos de pie.
— Un día, llego un joven. No tendría más de treinta años. La familia no podía cuidar de él, y lo llevaron al sitio donde estaba yo haciendo de voluntaria. Se llamaba Peter. Le gustaba el nombre de Peter. Me dijo que le llamara Peter. Tuvo un accidente. Le concedieron una minusvalía. Y, bueno… en el cerebro… Digamos que volvió a ser un niño.
Me limpié las lágrimas como pude. Y Absorbí aire…
— Yo siempre les he defendido. De pequeña, en nuestra clase había un niño con problemas, y yo siempre le defendía. ¡Me gané una semana sin recreo por él!
— ¡Y bien que nos lo pasamos!, ¿a qué si? — susurró Ortcher mientras me abrazaba y yo reía, haciendo caer las lágrimas.
Ellos estaban absortos a la historia y no me interrumpieron.
— En fin. Peter fue mi amigo. Yo le ayudaba, jugaba con él, me preocupaba por él. Pero siempre había la semana que se iba con la familia…
Volví a suspirar…
— Lo pasaba realmente mal, era como mi hermano. Aquel hermano mayor pero a la vez pequeño… Cuando volvió, me dijo que sus vecinos no querían jugar con él, que le tenían miedo. Yo le dije: No te preocupes, ellos no lo entienden. No quieren jugar porque piensan que son demasiado grandes. Yo sí que quiero jugar.
Miré al techo, recordando lo buenos momentos.
— Peter murió hará unos meses… Después de cogerle unos matones por la calle, le dejaron inconsciente y…
No pude terminar. Ortcher me ayudó.
— Fue él solo a la clínica. Y empezó a gritar su nombre. Llamaron a su casa y sus padres no le dejaron ir. Ella se escapó, le atropelló un coche y se desmayó. Cuando amaneció en el hospital, le dijeron que Peter estaba muy mal. Ella se soltó de todo lo que tenía, y fue a su habitación. Entró y… Poco después murió en sus brazos.
Y yo empecé a llorar como una loca, no podía respirar. No podía parar. No había llorado en su entierro.
— Mu… murió en mis brazos. Y… Y seguro que los vándalos esos… esos cabrones… Seguro que… seguro que están en la calle.
Y de golpe, muchos brazos me estuvieron sosteniendo y acunándome.
Incluso vi a alguien con lágrimas en los ojos.
— No… No sabíamos nada de eso.
— ¡Como lo ibais a saber! — me quejé yo, intentando reír.
Entonces me separé.
— Y es por eso que no soporto a la gente que los rechaza. A la gente que se ríe de ellos por ser como son, a la gente que les pega. Y esa… niñata, me ofendió. Ofendió a Sam y yo salté. Como siempre salto.
— ¿Sam? — preguntaron ellos.
— Sí… No sé… No quería decirme su nombre, así que, me inventé un juego. El mismo juego que con Peter. Le dije que me llamara como él quisiera y yo le llamé Sam.
— Es increíble. ¿Te pasó algo grabe en el accidente? — preguntó Danny.
— No, solo algunos puntos y algunas cicatrices.
Les enseñé mi costado y mi rodilla.
— Apenas se notan. Pero están ahí, y cuando las veo… Sé que algún día lo superaré y podré recordar buenos momentos. Pero, creedme, fue como un hermano para mí.
— Tenemos que hacer algo. Sé que no podemos dejar las cosas como están, porque os pegasteis, pero esto no se puede quedar así.
— Por mi podéis echar a sea furcia, eh…— Murmuró Ortcher como quien no quiere la cosa…
martes, 16 de agosto de 2011
Capítulo 7
Estaba hablando en inglés y Ortcher no me seguía mucho.
— ¿No tendría que estar fuera, yo? — le pregunté a Tom, mientras me hacía un sándwich… Bueno... me hacía un sándwich de esos que tiene cuatro plantas, de Nocilla. Bueno, no era Nocilla, era Nutella… Pero era lo único que había podido encontrar de mi gusto.
— Bueno, no podemos decirte nada hasta que sea oficial pero…
— Ésa chica es odiosa. — le interrumpió Dougie a Tom. — Y mira, que he… hemos aguantado fans de todo tipo, pero es que ésta se lleva la palma, eh…
Yo me reí ante sus caras de desagrado y Ortcher me miró como diciendo: “Hay algunas palabras que no he pillado. Explícame la gracia”.
—Están diciendo que la tía esa es una groupie, una fan de “caca”… Para entendernos.
Ella empezó a reírse. Me encantaba su risa. Era tan… femenina y tan… infantil. Era genial., Si ella, reía, aunque estuviera llorando, yo iba detrás.
Nos quedamos en silencio, y yo pegué un mordisco a mi enorme sándwich.
Empezaron a reírse por lo bajini y yo pregunté porque.
Ellos señalaron mi comisura… y mi barbilla.
— Ah… ya… — y me limpié lo que me había resbalado.
Y como no tenía servilleta, le llené el moflete a Ortcher.
— Mira que eres guarra, tía.
Yo me reí escandalosamente. Sí, mi risa es escandalosa.
¿Por qué creéis que me llaman la Jones en femenina?
Ellos se quedaron flipando cuando me escucharon reír, y luego se empezaron a reír. Bueno, como diría mi amiga, la exagerada, a descojonarse.
— Eh, ¡ya basta de reirse a mi costa!
Me levanté a lavarme la cara y a dejar la servilleta manchada y cuando volví, vi a Ortcher medio dormida al lado de Tom, con un cojín verde de almohada. Su almohada se la había robado Doug. ¡Qué coincidencia!
— Bueno, aquí algunos se están durmiendo, así que… yo creo que deberíamos volver a la cama.
— Sí, creo que es buena idea. Pasar la noche con fans no es lo mío. — murmuró Tom mientras educadamente se estiraba.
No lo miré mal por respeto, pero es que hacía mucha gracia su comentario con su pose.
Doug estaba durmiendo y Ortcher estaba ya en el séptimo sueño. O cielo. Como quieras decirlo.
—MMM…. Tengo ganas de gastar alguna broma.
— ¿Sabes que no es normal que unas fanas estén tan tranquilas cuando han estado toda la noche con nosotros? — bisbiseó Tom a mi lado mientras mirábamos a esos dos dormir.
— Bueno, he de decir que yo no soy una fan normal. Y Ortcher… sí, ella sí que lo es. Aunque no la reconozco.
Miré a Tom.
— ¿Sabes qué? — él puso la cara de: sigue hablando. — Voy a gastarle una broma a Ortcher… y tú, podrías hacer lo mismo con este hombre. — señalé a Doug, por supuesto.
Cogí un boligrafo que había por ahí y le pinté en la cara, bueno en la frente: Me he acostado…. (Y puntos suspensivos.) Y Tom lo entendió al vuelo. Le escribió a Doug en la frente con letra que parecía un tatuaje: … Con Ortcher.
Empezamos a reírnos, y los ajuntamos como si hubieran dormido juntos. Un brazo por ahí, otro por allá….
— Esto la volverá loca… te lo digo en serio.
— Es que ya me lo imagino…— rió Tom.
— Tom, — le dije, apoyando mi mano en su hombre. — No te reconozco.
— Tú solo conoces la faceta que muestro de maduro en Super City. Luego esta mi verdadero yo.
— ¿El inmaduro? — pregunté.
— No, hombre, — se hizo el ofendido. — El “forever Young”
Eso me hizo reír y Tom saco su móvil y empezó a hacer fotos.
En una de ellas, salía yo entre ellos dos, detrás del sofá con los dos dedos en alto como diciendo: ¡Ey, mira esto! Bueno, tipo el signo de la paz, no sé si me entendéis…
Tom hizo lo mismo, y yo por fin toqué un IPhone 4.
— Bueno… ¿Los dejamos aquí, o los llevamos cada uno a su cuarto? — pregunté. — Es que si alguien madruga y los ve aquí… UNO: si es una fan, la que puede liar es poca…
— Me estoy quedando flipando con lo bien que hablas el inglés no-formal. — estaba sorprendido de verdad.
— Bueno, lo he aprendido de la calle y de SuperCity. Me imaginé que cada *piiiii* que salía en los videos era un “f…
— Vale, lo capto. — me interrumpió. Yo reí y negué con la cabeza.
— Forever Young, dice…
— Bueno, entonces, ¿qué?
— Yo creo que… Podemos ponerles el despertador muy temprano, y cuando se despierten…
— Yo quiero ver eso. — afirmé muy seria. — Y grabarlo.
Y entonces, como si no os lo pudierais creer, apareció un Harry en calzoncillos. Y yo casi me desmayo. Tener a Tom y a Doug en la cocina escondidos era una cosa, pero ver a otro chico de McFly y en calzoncillos… Y en directo, no era normal.
Así que me escondí.
— Dile que se vaya, que sino, no soy dueña de mis actos… tengo mi faceta Fan aunque no lo parezca.
— ¡Pero qué les habéis hecho! — ya había llegado a Tom.
— ¡HA sido idea suya! —se quejó Tom.
— ¡Pero como te atreves! — me levanté enfadada— si estabas encantado con verlo.
Y me volví a agachar.
— Harry, creo que es demasiado para ella le murmuró Tom.
— Pues veo que contigo y con Doug estaba la mar de bien.
— Hombre, — se quejó Tom y yo., —Tu estas en paños menores… o casi… o no sé, ¡no quiero pensarlo!
— ¡Bueno, Bueno! Pues entonces no os digo que Danny está escondido detrás. — Y que ha sido él quien me ha despertado al notar que faltabais… y que os ha escuchado desde el principio de la broma…. ¡Y también tu risa escandalosa, Jones española! (Spanish Jones)— ¡¿QUÉ?! — Me levanté, y entonces sí que perdí el conocimiento.
sábado, 6 de agosto de 2011
Capítulo 6
Capitulo super corto y rápido.
Sonará como la típica historia de fans que una va a la cafetería del hotel por la noche y se encuentra a Dougie. Pues no.
No podía dormir, me iban a echar de mi gran oportunidad de transmitir mi sueño, mi pasión, mi esencia, que es la música. Y no, no soy como otra historia de que gracias a McFly se hace famosa.
No.
Yo quiero que mi música llegue lejos por los sentimientos que hay en ella.
En fin, que me desperté, fui con mi linterna, el móvil y el Ipod a beber lo que fuera que se podía beber en la pequeña cafetería que nos tenían como “self-service”. Así que, cuando encontré el interruptor, lo que vi me dejó muerta.
— ¿Ortcher? ¿Qué demonios haces despierta? ¿Y tirada en el suelo?
Sí… era todo un cuadro. Ortcher estaba tumbada con los pies apoyados en un sofá rojo que parecía viejo, pero era nuevo con su almohada en la cabeza y con las gafas de sol puestas.
— Es que estaba llorando y para que no me vieran…
— Ester, — es que este momento se merecía decir su nombre. — estabas a oscuras, y no hay nadie más aquí.
Me lancé hacia ella, dejando las cosas por ahí mientras iba corriendo. Intenté quitarle las gafas, pero ella se empeñó en bajarme el pantalón del pijama.
— ¡Serás guarra! Y me querrá desnudar y todo…
— ¡No chilles! — me instó. — ¡qué la gente duerme aquí, no como tú!
Me rendí cuando me cogió con las piernas y las manos y bufé. Entonces me soltó. Supo que había ganado.
— Maldita pervertida. — murmuré.
Me acerqué a la nevera y cuando di la vuelta al mármol, ese tipo de mármol que tiene una pata y que es alargado, estilo barra de bar para poder comer en la propia mesa. Éste en vez de pata, tenía cajones. Bueno, que cuando dila vuelta me encontré a un Tom escondido y a un Dougie con él.
Lo primero que hice fue rascarme la cabeza. Luego salí corriendo y me escondí detrás de ellos. Es decir, justo detrás de ellos si tenemos en cuanta la barra de bar-mármol de cocina. Y entonces luego volví a salir y pregunté en inglés.
— ¿hay cámaras?
Supongo que uno de los dos negó con la cabeza porque se escuchó un: No te ve imbécil, di que no.
— No.
Entonces, saqué mi cabeza y al girar la “esquina” de la barra, me encontré un primer plano de Tom.
— What the…
— …fuck are you doing here? — dije yo.
Luego me di cuenta que era un poco “rudo” decir tacos así que me tapé la boca y reí sofocadamente.
Luego me dio igual y me empecé a reír… muchísimo. Pero Ortcher vino, con sus gafas puestas, y me tapó la boca. Hizo un: shhhh. Y una señal de esas de: la gente está durmiendo que se hacen con las dos manos unidas por las palmas e inclinas la cabeza sobre ellas.
— ¿Por qué esto parece muy extraño pero viniendo de ti no?
— Te lo resumo— dijo ella. — Vine aquí. ME encontré a Tom y a Dougie cogiendo algo. Después de llorar de los nervios por verles — y señaló las gafas. — me contaron que querían gastar una broma a alguien. Que se aburrían. Que esta noche sí que estarían aquí, pero que las demás no. Ellos no participarán tanto en el proyecto y tal, y tal, y tal…
— Total, — le dije yo.
— que entraste tú con la linterna, y se escondieron de prisa y corriendo.
— Ah…— hice un gesto raro con la cabeza mientras susurraba ese “Ah…”— ¿Y no te resulta esto un poco raro?
— Sí, —me contestó Ortcher. — Nunca me había encontrado esto a estas horas. — los señaló con la barbilla.
Y entonces hablé en inglés.
— Bueno, si me disculpáis, voy a coger algo de beber, quizás una galleta y… me iré a dormir.
Después de hacer todo lo que dije con sus miradas en mi espalda, me paré antes de salir.
— ¿Han gastado ya la broma?
— No. — contestó Ortcher.
Entonces mi mirada lo dijo todo.
— Let’s do it. — y una sonrisa de esas de “licor del Polo”.
Sonará como la típica historia de fans que una va a la cafetería del hotel por la noche y se encuentra a Dougie. Pues no.
No podía dormir, me iban a echar de mi gran oportunidad de transmitir mi sueño, mi pasión, mi esencia, que es la música. Y no, no soy como otra historia de que gracias a McFly se hace famosa.
No.
Yo quiero que mi música llegue lejos por los sentimientos que hay en ella.
En fin, que me desperté, fui con mi linterna, el móvil y el Ipod a beber lo que fuera que se podía beber en la pequeña cafetería que nos tenían como “self-service”. Así que, cuando encontré el interruptor, lo que vi me dejó muerta.
— ¿Ortcher? ¿Qué demonios haces despierta? ¿Y tirada en el suelo?
Sí… era todo un cuadro. Ortcher estaba tumbada con los pies apoyados en un sofá rojo que parecía viejo, pero era nuevo con su almohada en la cabeza y con las gafas de sol puestas.
— Es que estaba llorando y para que no me vieran…
— Ester, — es que este momento se merecía decir su nombre. — estabas a oscuras, y no hay nadie más aquí.
Me lancé hacia ella, dejando las cosas por ahí mientras iba corriendo. Intenté quitarle las gafas, pero ella se empeñó en bajarme el pantalón del pijama.
— ¡Serás guarra! Y me querrá desnudar y todo…
— ¡No chilles! — me instó. — ¡qué la gente duerme aquí, no como tú!
Me rendí cuando me cogió con las piernas y las manos y bufé. Entonces me soltó. Supo que había ganado.
— Maldita pervertida. — murmuré.
Me acerqué a la nevera y cuando di la vuelta al mármol, ese tipo de mármol que tiene una pata y que es alargado, estilo barra de bar para poder comer en la propia mesa. Éste en vez de pata, tenía cajones. Bueno, que cuando dila vuelta me encontré a un Tom escondido y a un Dougie con él.
Lo primero que hice fue rascarme la cabeza. Luego salí corriendo y me escondí detrás de ellos. Es decir, justo detrás de ellos si tenemos en cuanta la barra de bar-mármol de cocina. Y entonces luego volví a salir y pregunté en inglés.
— ¿hay cámaras?
Supongo que uno de los dos negó con la cabeza porque se escuchó un: No te ve imbécil, di que no.
— No.
Entonces, saqué mi cabeza y al girar la “esquina” de la barra, me encontré un primer plano de Tom.
— What the…
— …fuck are you doing here? — dije yo.
Luego me di cuenta que era un poco “rudo” decir tacos así que me tapé la boca y reí sofocadamente.
Luego me dio igual y me empecé a reír… muchísimo. Pero Ortcher vino, con sus gafas puestas, y me tapó la boca. Hizo un: shhhh. Y una señal de esas de: la gente está durmiendo que se hacen con las dos manos unidas por las palmas e inclinas la cabeza sobre ellas.
— ¿Por qué esto parece muy extraño pero viniendo de ti no?
— Te lo resumo— dijo ella. — Vine aquí. ME encontré a Tom y a Dougie cogiendo algo. Después de llorar de los nervios por verles — y señaló las gafas. — me contaron que querían gastar una broma a alguien. Que se aburrían. Que esta noche sí que estarían aquí, pero que las demás no. Ellos no participarán tanto en el proyecto y tal, y tal, y tal…
— Total, — le dije yo.
— que entraste tú con la linterna, y se escondieron de prisa y corriendo.
— Ah…— hice un gesto raro con la cabeza mientras susurraba ese “Ah…”— ¿Y no te resulta esto un poco raro?
— Sí, —me contestó Ortcher. — Nunca me había encontrado esto a estas horas. — los señaló con la barbilla.
Y entonces hablé en inglés.
— Bueno, si me disculpáis, voy a coger algo de beber, quizás una galleta y… me iré a dormir.
Después de hacer todo lo que dije con sus miradas en mi espalda, me paré antes de salir.
— ¿Han gastado ya la broma?
— No. — contestó Ortcher.
Entonces mi mirada lo dijo todo.
— Let’s do it. — y una sonrisa de esas de “licor del Polo”.
jueves, 21 de julio de 2011
Capitulo 5
Bueno… Estábamos en Inglaterra. Sí… en Londres… ¡Londres! Yo en ese momento en que te das cuenta de que has viajado sola por primera vez, en que estas en un sitio repleto de chicos y chicas de todas las edades, de todos los países y con miles de sueños en tu ciudad de ensueño, no estaba muy preparada. Solo pasaría una día, pero sería inolvidable.
— No me puedo creer que ya nos vayamos…— susurraba Ortcher desde la ventana del avión. — Ha sido tan mágico.
— Ya…— murmuré yo, mirando por la ventanilla yambieén. — Echaré de memos todo.
— Chicas, — nos llamó Johnson. — Tenemos que volver pronto.
— Y tanto. — metió vaza Sarah. — a mi no me dejais sola en Londres después de la que me liasteis.
Y es que, cuando nos metes en una casa, con un vecino tan… ingles y una ciudad tan… tan, es normal que la liaramos…. Parda.
Y no… hoy no contaré que pasó. Más bien, me saltaré todo el viaje y explicaré algo que sucedió al llegar al estudio.
Mucha gente andaba de aquí para allá. Nos tenían fuera, con una fuente de un bicho raro. Y ventanas grandes y cámaras grabando todo. Yo me escondía de ellas, ya que solo si eran de amigas hacia la tonta. En ese momento, empezaron a salir tíos de las puertas mirando desesperadamente a todos los lados. Como si buscasen algo o alguien.
Entonces, un chico, que no parecía que estuviera bien, iba como un poco mareado, se presentó de golpe en el grupo de las groupis sin neuronas.
— ¡Hi! — y las abrazó.
La chica esa que se había presentado como Cami se lo quitó de encima con una cara de asco y dijo algo así como:
— ¡eh, tío! Tus manos en los bolsillos.
Y entonces ahí fue el momento en que yo me di cuenta que ése chico no estaba mareado, sino que era deficiente mental.
El chico le empezó a hablar en inglés puso una cara como que no entendía que había hecho mal.
Ella empezó a mirarle con más asco aún y empezó a reírse y yo… No aguanté.
Ortcher empezó a gritar que qué hacía, que las dejara en paz, pero yo ya iba andando en su dirección, pisando fuerte. Se escucharon algunos grititos y se empezó a mover la gente. Veía sombras en los ventanales pero yo ya tenía mi vista fijada en un punto: Cami. De golpe se escucharon muchos gritos y las chicas se giraron todas para el otro lado saludando a algo que había en una ventana alta. Y entonces llegué donde estaban.
— ¿tienes algún problema? — me preguntó con aires “amigables”
— No sé, dímelo tú, ¿te ha hecho algo para que lo trates así? ¿Para qué te rías de él?
— Oye, tía — dijo así como apartándome y empujándome en la dirección del chico con retraso inglés. — que si lo quieres, todo para ti. No es que sea muy listo el pobre, le faltan algunas neuronas.
Uy… ahí… ahí fue cuando yo exploté.
— Mira, ¡ostras! ¡Como tú! Y ves, allí— le señalé algo arriba— sí, sí, allí. Allí están tus neuronas.
Y cuando ella giró el cuerpo para mirar dónde le había señalado, que justo era esa ventana, yo tiré el puño para atrás y le aticé un buen golpe en la nariz.
Bueno, quizás me pasé un poco porque empezó a sangrar y a hincharse y empezó a gritar y a llorar como una histérica… bueno y yo me hice polvo el puño.
— ¡¿Pero tú estás loca?! — me chilló e hice que todo el mundo se callara y se girara en nuestro lado. La gente que estaba en esa ventana alta también bajó para ver qué había pasado… o quizás lo habían visto.
— Eso por insultar, por pensar que eres más lista que este chico de aquí. — me giré y me presenté— Hey, I’m Nathie, but call me Natt or Nath. — y él me abrazó. Yo le correspondí el abrazo pero me rozó el puño, el que utilicé para atizarle el golpe a la groupie rubia esa, y me encogí del dolor.
— You’re so beautiful. — me dijo, yo sonreí,
— Y así se tiene que tratar a estas personas no como las tratas tú. — y entonces ella me pegó una bofetada.
En ese momento no supe cómo actuar y todo el mundo que estaba a nuestro alrededor se calló.
— Uh… no sabes que has hecho.
Intenté pegarle y empecé a dar patadas al aire y a llorar de la impotencia. Sí, lloro de la rabia. La gente suele decirlo, pero yo, lloro de VERDAD con la rabia. Eso de llorar y llorar…
— Eres una puta asquerosa que no vale para nada, HEY everybody, listen to me. She sucks, — y me giré con ella, todo lo que Ortcher y el chico inglés podía. Él, el chico inglés me decía que me calmara y la verdad es que estaba funcionando. Salvo que Ortcher decía lo mismo demasiado nerviosa y me ponía a mi nerviosa. — Bitch. — solté con asco.
Y justo cuando me iba a pegar, uno le dio al chico inglés y otro paró su mano otro chico con tatuajes en el brazo.
Yo me giré al chico inglés y empezó a sobarse el moflete.
— Oh… I’m so sorry, she wanted to hit me but… I’m so, so, so, so, sorry…— empecé a decirle mientras le acariciaba la mejilla.
— You’re nice, girl. You’re nice, Natt.
— What’s going on with you, girls? — dijo el chico.
Y entonces nos dimos cuenta que ese era Danny Jones y entonces, la chica prepotente llamada Cami, se dio cuenta que tenía un mano cogida.
— Danny! — gritó con acento inglés forzado.
Yo bufé y negué con la cabeza. Entonces unos brazos fuertes me cogieron y me elevaron. Giré el cuello en un ángulo raro y vi la placa de “Security”. Ya la había cagado.
El chico inglés se giró y me dijo adiós con la mano. Yo le respondí un suave “goodbye” y luego empecé a patalear durante diez segundos. Luego el tío apretó más su agarre hasta dejarme, más tarde, los dedos marcados.
— ¡Natt! — gritó Ortcher.
— ¡Ortcher! ¡Ayúdame! — empecé a lloriquear. Pronto vi como otro segurata cogía a la rubia tonta y la traía conmigo.
Empecé a llorar cuando el puño comenzó a dolerme como nada en el mundo.
Un hombre con gafas y con un carnet en la camiseta donde ponía traductor me preguntó:
— ¿por qué lloras?
— Porque, por culpa de ésa mema sin neuronas yo ahora no voy a poder tocar. — y le enseñé mi mano. — También porque me duele demasiado. Mucho. Muchísimo. A lot, a lot muchísimo. — dije sin pensar.
En ese momento entraron muchos tíos y entre ellos el chico inglés, unas cuantas chicas y los tíos de McFly. El traductor empezó a traducir.
Yo lloré aún más cuando una tía, que supongo que sería la médica del centro, por cómo iba vestida con una bata, empezó a tocarme los nudillos.
— Stop, please. — yo le dije. Ella me dijo que sabía hablar en español. — por favor, me duele mucho.
Me soltó la mano y yo me la pegué al pecho. Me limpié algunas lágrimas que caía, aunque seguía llorando.
Empezaron a hablar en inglés y el traductor iba traduciéndonos.
— Dicen que quieren saber que ha pasado antes de expulsaros.
—Muy bonito, rubia, ahora por tu falta de inteligencia voy a tener que joderme y no cumplir uno de mis sueños. — miré al traductor y le solté: —puedes traducirme literalmente, me harías un favor.
El rió, pero luego se puso serio y dijo eso en inglés. Doug rió. Los demás no. Y se llevó un golpe por reírse en esa situación.
— ¿Y cuál era? ¿Tirarte a un famoso y quedarte preñada para que te costee la vida? — ahí yo exploté.
— No, cara de ameba. Lo mío era tocar un instrumento que tiene seis cuerdas y que empieza por gui, y termina por tarra. Pero quizás ese sea tu sueño, ya que no vales para nada y si para algo vales es para hacer sentir mal a las personas de tu alrededor.
Ella clavó el tacón en mi dedo gordo del pie, y yo levanté mi pie con tan mala/buena suerte que mi bamba (unas Vans, por eso se me salieron con tanta facilidad) y terminó en su frente.
— Uy, lo siento, ¿hay alguien ahí? — pregunté acercándome a su cabeza. — Vaya, he terminado con todas tus neuronas.
— Tú, puta, vas a terminar muy mal, te haré la vida imposible. — me amenazó.
— Tú amenázame todo lo que quieras, zorra, que de aquí no sales sin un buen moratón en el ojo. Y que sepas que no lo hago por mí, sino por la gente. Aguantar a una… persona como tú tiene que ser un asco. Seguro que sobornaron a alguien para dejarte aquí.
Ella me miró con cara de… te las estas ganado. Pero luego empezó a llorar. Yo me sentí un poco mal. A lo mejor era adoptada, o no tenía padres o algo y la había herido.
— Oye, lo siento si he dicho algo sobre tu familia… — y ella rió. — pero lo de puta no te lo quita nadie.
Ella me escupió y yo me aparté aunque terminó en mi pelo.
Antes de que pudiera soltar algo, Tom chilló.
— Enough! Shut the fuck up you two!
El traductor había traducido todo literalmente. Me lo acababa de decir después de que Tom hablara.
Empezó a hablar rápido y molesto.
— Voy a decir las cosas tal y como él las dice.: No pienso tolerar ese vocabulario y esta actitud en este estudio y menos cuando pensábamos que erais buenas chicas, por eso os escogimos, así que, antes de echaros del programa y enviaros a casa, quiero que alguien me lo explique.
Las dos empezamos a hablar pero nos calló con un dedo. Le dijo a Cami que hablara.
— Pues lo que ha pasado es que esta marimacho, y quiero que traduzcas tal y como estoy hablando— miró con aires de grandeza al traductor. Éste asintió y luego me miró, yo negué con la cabeza. — Ha venido a mí, me ha dicho puta y luego me ha mirado porque estaba con el tío ese de ahí. — y señaló con la cabeza al inglés del principio de la historia. Él no le sonrió.
En ese momento trajeron sillas, yo me senté en la primera y el tío segurata me puso las manos en los hombros… como para levantarme.
A la “Cami” no, a ella le dijeron sentarse y le pusieron más cuidados que yo. Empezó a lloriquear y la tumbaron.
— Y ¿qué pasa?, ¿que yo me tengo que joder con media mano rota? — pregunté al aire.
— Dicen que hasta no saber que ha pasado, nada.
— Vale, muy bien, y ahora soy la mala. — y las lágrimas de rabia volvieron a mí.
Mi mano me dolía a rabiar y empecé a hipar cuando estaba al borde de no poder contener las lágrimas. El chico inglés por el que me había peleado vino a mí, aunque todos le dijeron que qué estaba haciendo. Él dijo: she’s my friend.
— Are you okay? — me preguntó mientras señala la mano.
Yo negué con la cabeza.
— It hurts. — le dije, levantando mi mano que tenía acunada en mi pecho y con la otra mano, la buena. — Do you think that you can bring me some ice?
— I don’t know. — hablada de tal manera que era muy sencillo entenderle. Yo le sonreí era más majo. Y eso que era súper grande, pero era como un niño cuando le mirabas a los ojos. Yo le volví a sonreír. Él me acarició la mano con muchísimo cuidado. — Thanks. You’re a good person.
— You’re welcome but I’m not a good person. Just I did what I had to do. She’s a... — y negué rápidamente con la cabeza e hice una mueca. Él rió. Luego me di cuenta que la mayoría de personas nos estaban mirando sobre todo Harry y una chica a su lado.
El señor que traducía volvió a hablar.
— Dicen que ahora te expliques tú.
Y así lo hice, no pensaba callarme nada.
— Pues… esta persona que tengo al lado, —y la miré con asco. — Él la abrazó y se presentó, pero como ella no sabe tratar con la gente, se empezó a reír…— yo hice fuerza con el puño malo y me quejé a media voz. El chico ingles pidió hielo. Venían de camino. — y yo no pude resistir y le pegué. Sé que no debía de haberlo hecho… ¡pero no visteis como le miró! — intenté levantarme, pero el segurata me lo impidió. Le hicieron una señal cuando me callé y me dejaron levantarme. — él solo pretendía saludarla y ella se mofó de él, y… Me giré a ella. Él es una persona como tú y como yo, y si quieres que te respeten, aprende a respetar a todas las personas de tu alrededor, tanto si son tus criados, tus amigas, tanto falsas como verdaderas que no creo que tengas, como si son gente como él, que son las personas más buenas que te puedes echar a la cara.
Luego me senté y me pasaron el hielo.
En ese momento, cuando el hielo tocó mi piel, grité y del dolor me puse a llorar… y luego de la impotencia.
— What’s up, Natt? — me preguntó el chico inglés. — You’re not okay?
Yo le sonreí a medias.
— Yes, yes… but… I won’t be able to play my guitar… I can’t do anything. I feel… bad. I won’t play anything. — y levanté la mano.
Él la cogió con sumo cuidado y empezó a cantar algo que se parecía a la canción, sana, sanita…. Pero en inglés. Yo empecé a reírme y al cabo de un rato el ambiente ya estaba mejor.
Pero “Cami” tuvo que estropearlo todo.
— ¿No os vais a creer lo que ésta ha dicho? ¡Me ha pegado! ¿¡Así lo vas a dejar?!
Ellos se miraron.
Empezaron a hablar y les hicieron una señal a los guardas para dejarnos libres. Yo me levanté y empecé a hablar con el chico, bueno, me corrijo, con el hombre inglés.
— Can I ask you something? — el asintió. — I wanna know your name.
— I can’t tell you my name.
Él hice un gesto con la cabeza muy mono.
— Well… I have an idea! I call you Sam!
— Sam?
— Yes, Why not? It’s a game. You can call me…
— Sophie!
— Okay, Hi, Sam! I’m Sophie.
— Hi, Sophie! I’m Sam.
Luego de darnos un abrazo, Sam se marchó con una chica. Le daba mucho cariño. Yo sonreí cuando se fueron por la puerta.
Danny habló. Luego el traductor, nos lo dijo en español, aunque yo lo había entendido.
— Dice: ahora vamos a presentarnos y seguiremos el planning del día, por la noche haremos una reunión, y mañana diremos que haremos con vosotras. Ahora podéis iros.
— Thank you. — dije yo, asintiendo con la cabeza. Luego me dirigí al traductor. — ¿puedes decirles algo de mi parte? —él asintió. — Vale, em… Acepto cualquier cosa que me digan, he hecho mal en atizarle un puñetazo, debería de haber sido una colleja o algo… Pero no pienso retirar todo lo que he dicho, sé que tengo razón.
Nos hicieron marcharnos y Ortcher estaba en la puerta esperándome. En cuanto me vio corrió todo lo que le fue permitido por más guardias y cuando nos encontramos nos abrazamos. También habíamos conocido a otra chica de España, una andaluza y ésta también vino, me puso la mano en el hombro y sonrió. Era Alba.
“Cami” fue sola hasta su grupo. Pasaron un poco de ella.
Antes de que cerraran la puerta vi al traductor hablar con ellos y luego se giraron para mirarme. Luego cerraron las puertas.
— No me puedo creer que ya nos vayamos…— susurraba Ortcher desde la ventana del avión. — Ha sido tan mágico.
— Ya…— murmuré yo, mirando por la ventanilla yambieén. — Echaré de memos todo.
— Chicas, — nos llamó Johnson. — Tenemos que volver pronto.
— Y tanto. — metió vaza Sarah. — a mi no me dejais sola en Londres después de la que me liasteis.
Y es que, cuando nos metes en una casa, con un vecino tan… ingles y una ciudad tan… tan, es normal que la liaramos…. Parda.
Y no… hoy no contaré que pasó. Más bien, me saltaré todo el viaje y explicaré algo que sucedió al llegar al estudio.
Mucha gente andaba de aquí para allá. Nos tenían fuera, con una fuente de un bicho raro. Y ventanas grandes y cámaras grabando todo. Yo me escondía de ellas, ya que solo si eran de amigas hacia la tonta. En ese momento, empezaron a salir tíos de las puertas mirando desesperadamente a todos los lados. Como si buscasen algo o alguien.
Entonces, un chico, que no parecía que estuviera bien, iba como un poco mareado, se presentó de golpe en el grupo de las groupis sin neuronas.
— ¡Hi! — y las abrazó.
La chica esa que se había presentado como Cami se lo quitó de encima con una cara de asco y dijo algo así como:
— ¡eh, tío! Tus manos en los bolsillos.
Y entonces ahí fue el momento en que yo me di cuenta que ése chico no estaba mareado, sino que era deficiente mental.
El chico le empezó a hablar en inglés puso una cara como que no entendía que había hecho mal.
Ella empezó a mirarle con más asco aún y empezó a reírse y yo… No aguanté.
Ortcher empezó a gritar que qué hacía, que las dejara en paz, pero yo ya iba andando en su dirección, pisando fuerte. Se escucharon algunos grititos y se empezó a mover la gente. Veía sombras en los ventanales pero yo ya tenía mi vista fijada en un punto: Cami. De golpe se escucharon muchos gritos y las chicas se giraron todas para el otro lado saludando a algo que había en una ventana alta. Y entonces llegué donde estaban.
— ¿tienes algún problema? — me preguntó con aires “amigables”
— No sé, dímelo tú, ¿te ha hecho algo para que lo trates así? ¿Para qué te rías de él?
— Oye, tía — dijo así como apartándome y empujándome en la dirección del chico con retraso inglés. — que si lo quieres, todo para ti. No es que sea muy listo el pobre, le faltan algunas neuronas.
Uy… ahí… ahí fue cuando yo exploté.
— Mira, ¡ostras! ¡Como tú! Y ves, allí— le señalé algo arriba— sí, sí, allí. Allí están tus neuronas.
Y cuando ella giró el cuerpo para mirar dónde le había señalado, que justo era esa ventana, yo tiré el puño para atrás y le aticé un buen golpe en la nariz.
Bueno, quizás me pasé un poco porque empezó a sangrar y a hincharse y empezó a gritar y a llorar como una histérica… bueno y yo me hice polvo el puño.
— ¡¿Pero tú estás loca?! — me chilló e hice que todo el mundo se callara y se girara en nuestro lado. La gente que estaba en esa ventana alta también bajó para ver qué había pasado… o quizás lo habían visto.
— Eso por insultar, por pensar que eres más lista que este chico de aquí. — me giré y me presenté— Hey, I’m Nathie, but call me Natt or Nath. — y él me abrazó. Yo le correspondí el abrazo pero me rozó el puño, el que utilicé para atizarle el golpe a la groupie rubia esa, y me encogí del dolor.
— You’re so beautiful. — me dijo, yo sonreí,
— Y así se tiene que tratar a estas personas no como las tratas tú. — y entonces ella me pegó una bofetada.
En ese momento no supe cómo actuar y todo el mundo que estaba a nuestro alrededor se calló.
— Uh… no sabes que has hecho.
Intenté pegarle y empecé a dar patadas al aire y a llorar de la impotencia. Sí, lloro de la rabia. La gente suele decirlo, pero yo, lloro de VERDAD con la rabia. Eso de llorar y llorar…
— Eres una puta asquerosa que no vale para nada, HEY everybody, listen to me. She sucks, — y me giré con ella, todo lo que Ortcher y el chico inglés podía. Él, el chico inglés me decía que me calmara y la verdad es que estaba funcionando. Salvo que Ortcher decía lo mismo demasiado nerviosa y me ponía a mi nerviosa. — Bitch. — solté con asco.
Y justo cuando me iba a pegar, uno le dio al chico inglés y otro paró su mano otro chico con tatuajes en el brazo.
Yo me giré al chico inglés y empezó a sobarse el moflete.
— Oh… I’m so sorry, she wanted to hit me but… I’m so, so, so, so, sorry…— empecé a decirle mientras le acariciaba la mejilla.
— You’re nice, girl. You’re nice, Natt.
— What’s going on with you, girls? — dijo el chico.
Y entonces nos dimos cuenta que ese era Danny Jones y entonces, la chica prepotente llamada Cami, se dio cuenta que tenía un mano cogida.
— Danny! — gritó con acento inglés forzado.
Yo bufé y negué con la cabeza. Entonces unos brazos fuertes me cogieron y me elevaron. Giré el cuello en un ángulo raro y vi la placa de “Security”. Ya la había cagado.
El chico inglés se giró y me dijo adiós con la mano. Yo le respondí un suave “goodbye” y luego empecé a patalear durante diez segundos. Luego el tío apretó más su agarre hasta dejarme, más tarde, los dedos marcados.
— ¡Natt! — gritó Ortcher.
— ¡Ortcher! ¡Ayúdame! — empecé a lloriquear. Pronto vi como otro segurata cogía a la rubia tonta y la traía conmigo.
Empecé a llorar cuando el puño comenzó a dolerme como nada en el mundo.
Un hombre con gafas y con un carnet en la camiseta donde ponía traductor me preguntó:
— ¿por qué lloras?
— Porque, por culpa de ésa mema sin neuronas yo ahora no voy a poder tocar. — y le enseñé mi mano. — También porque me duele demasiado. Mucho. Muchísimo. A lot, a lot muchísimo. — dije sin pensar.
En ese momento entraron muchos tíos y entre ellos el chico inglés, unas cuantas chicas y los tíos de McFly. El traductor empezó a traducir.
Yo lloré aún más cuando una tía, que supongo que sería la médica del centro, por cómo iba vestida con una bata, empezó a tocarme los nudillos.
— Stop, please. — yo le dije. Ella me dijo que sabía hablar en español. — por favor, me duele mucho.
Me soltó la mano y yo me la pegué al pecho. Me limpié algunas lágrimas que caía, aunque seguía llorando.
Empezaron a hablar en inglés y el traductor iba traduciéndonos.
— Dicen que quieren saber que ha pasado antes de expulsaros.
—Muy bonito, rubia, ahora por tu falta de inteligencia voy a tener que joderme y no cumplir uno de mis sueños. — miré al traductor y le solté: —puedes traducirme literalmente, me harías un favor.
El rió, pero luego se puso serio y dijo eso en inglés. Doug rió. Los demás no. Y se llevó un golpe por reírse en esa situación.
— ¿Y cuál era? ¿Tirarte a un famoso y quedarte preñada para que te costee la vida? — ahí yo exploté.
— No, cara de ameba. Lo mío era tocar un instrumento que tiene seis cuerdas y que empieza por gui, y termina por tarra. Pero quizás ese sea tu sueño, ya que no vales para nada y si para algo vales es para hacer sentir mal a las personas de tu alrededor.
Ella clavó el tacón en mi dedo gordo del pie, y yo levanté mi pie con tan mala/buena suerte que mi bamba (unas Vans, por eso se me salieron con tanta facilidad) y terminó en su frente.
— Uy, lo siento, ¿hay alguien ahí? — pregunté acercándome a su cabeza. — Vaya, he terminado con todas tus neuronas.
— Tú, puta, vas a terminar muy mal, te haré la vida imposible. — me amenazó.
— Tú amenázame todo lo que quieras, zorra, que de aquí no sales sin un buen moratón en el ojo. Y que sepas que no lo hago por mí, sino por la gente. Aguantar a una… persona como tú tiene que ser un asco. Seguro que sobornaron a alguien para dejarte aquí.
Ella me miró con cara de… te las estas ganado. Pero luego empezó a llorar. Yo me sentí un poco mal. A lo mejor era adoptada, o no tenía padres o algo y la había herido.
— Oye, lo siento si he dicho algo sobre tu familia… — y ella rió. — pero lo de puta no te lo quita nadie.
Ella me escupió y yo me aparté aunque terminó en mi pelo.
Antes de que pudiera soltar algo, Tom chilló.
— Enough! Shut the fuck up you two!
El traductor había traducido todo literalmente. Me lo acababa de decir después de que Tom hablara.
Empezó a hablar rápido y molesto.
— Voy a decir las cosas tal y como él las dice.: No pienso tolerar ese vocabulario y esta actitud en este estudio y menos cuando pensábamos que erais buenas chicas, por eso os escogimos, así que, antes de echaros del programa y enviaros a casa, quiero que alguien me lo explique.
Las dos empezamos a hablar pero nos calló con un dedo. Le dijo a Cami que hablara.
— Pues lo que ha pasado es que esta marimacho, y quiero que traduzcas tal y como estoy hablando— miró con aires de grandeza al traductor. Éste asintió y luego me miró, yo negué con la cabeza. — Ha venido a mí, me ha dicho puta y luego me ha mirado porque estaba con el tío ese de ahí. — y señaló con la cabeza al inglés del principio de la historia. Él no le sonrió.
En ese momento trajeron sillas, yo me senté en la primera y el tío segurata me puso las manos en los hombros… como para levantarme.
A la “Cami” no, a ella le dijeron sentarse y le pusieron más cuidados que yo. Empezó a lloriquear y la tumbaron.
— Y ¿qué pasa?, ¿que yo me tengo que joder con media mano rota? — pregunté al aire.
— Dicen que hasta no saber que ha pasado, nada.
— Vale, muy bien, y ahora soy la mala. — y las lágrimas de rabia volvieron a mí.
Mi mano me dolía a rabiar y empecé a hipar cuando estaba al borde de no poder contener las lágrimas. El chico inglés por el que me había peleado vino a mí, aunque todos le dijeron que qué estaba haciendo. Él dijo: she’s my friend.
— Are you okay? — me preguntó mientras señala la mano.
Yo negué con la cabeza.
— It hurts. — le dije, levantando mi mano que tenía acunada en mi pecho y con la otra mano, la buena. — Do you think that you can bring me some ice?
— I don’t know. — hablada de tal manera que era muy sencillo entenderle. Yo le sonreí era más majo. Y eso que era súper grande, pero era como un niño cuando le mirabas a los ojos. Yo le volví a sonreír. Él me acarició la mano con muchísimo cuidado. — Thanks. You’re a good person.
— You’re welcome but I’m not a good person. Just I did what I had to do. She’s a... — y negué rápidamente con la cabeza e hice una mueca. Él rió. Luego me di cuenta que la mayoría de personas nos estaban mirando sobre todo Harry y una chica a su lado.
El señor que traducía volvió a hablar.
— Dicen que ahora te expliques tú.
Y así lo hice, no pensaba callarme nada.
— Pues… esta persona que tengo al lado, —y la miré con asco. — Él la abrazó y se presentó, pero como ella no sabe tratar con la gente, se empezó a reír…— yo hice fuerza con el puño malo y me quejé a media voz. El chico ingles pidió hielo. Venían de camino. — y yo no pude resistir y le pegué. Sé que no debía de haberlo hecho… ¡pero no visteis como le miró! — intenté levantarme, pero el segurata me lo impidió. Le hicieron una señal cuando me callé y me dejaron levantarme. — él solo pretendía saludarla y ella se mofó de él, y… Me giré a ella. Él es una persona como tú y como yo, y si quieres que te respeten, aprende a respetar a todas las personas de tu alrededor, tanto si son tus criados, tus amigas, tanto falsas como verdaderas que no creo que tengas, como si son gente como él, que son las personas más buenas que te puedes echar a la cara.
Luego me senté y me pasaron el hielo.
En ese momento, cuando el hielo tocó mi piel, grité y del dolor me puse a llorar… y luego de la impotencia.
— What’s up, Natt? — me preguntó el chico inglés. — You’re not okay?
Yo le sonreí a medias.
— Yes, yes… but… I won’t be able to play my guitar… I can’t do anything. I feel… bad. I won’t play anything. — y levanté la mano.
Él la cogió con sumo cuidado y empezó a cantar algo que se parecía a la canción, sana, sanita…. Pero en inglés. Yo empecé a reírme y al cabo de un rato el ambiente ya estaba mejor.
Pero “Cami” tuvo que estropearlo todo.
— ¿No os vais a creer lo que ésta ha dicho? ¡Me ha pegado! ¿¡Así lo vas a dejar?!
Ellos se miraron.
Empezaron a hablar y les hicieron una señal a los guardas para dejarnos libres. Yo me levanté y empecé a hablar con el chico, bueno, me corrijo, con el hombre inglés.
— Can I ask you something? — el asintió. — I wanna know your name.
— I can’t tell you my name.
Él hice un gesto con la cabeza muy mono.
— Well… I have an idea! I call you Sam!
— Sam?
— Yes, Why not? It’s a game. You can call me…
— Sophie!
— Okay, Hi, Sam! I’m Sophie.
— Hi, Sophie! I’m Sam.
Luego de darnos un abrazo, Sam se marchó con una chica. Le daba mucho cariño. Yo sonreí cuando se fueron por la puerta.
Danny habló. Luego el traductor, nos lo dijo en español, aunque yo lo había entendido.
— Dice: ahora vamos a presentarnos y seguiremos el planning del día, por la noche haremos una reunión, y mañana diremos que haremos con vosotras. Ahora podéis iros.
— Thank you. — dije yo, asintiendo con la cabeza. Luego me dirigí al traductor. — ¿puedes decirles algo de mi parte? —él asintió. — Vale, em… Acepto cualquier cosa que me digan, he hecho mal en atizarle un puñetazo, debería de haber sido una colleja o algo… Pero no pienso retirar todo lo que he dicho, sé que tengo razón.
Nos hicieron marcharnos y Ortcher estaba en la puerta esperándome. En cuanto me vio corrió todo lo que le fue permitido por más guardias y cuando nos encontramos nos abrazamos. También habíamos conocido a otra chica de España, una andaluza y ésta también vino, me puso la mano en el hombro y sonrió. Era Alba.
“Cami” fue sola hasta su grupo. Pasaron un poco de ella.
Antes de que cerraran la puerta vi al traductor hablar con ellos y luego se giraron para mirarme. Luego cerraron las puertas.
lunes, 11 de julio de 2011
Capítulo 4
En fin, el viaje a Londres en avión fue una experiencia inolvidable. Conocimos a nuestra compañera de viaje, que venía de Andalucía, Alba. ¡Súper maja, la chica, eh! Empezamos a hablar y a hablar… y no dormimos nada en el trayecto. Bueno, al menos, yo y Alba. Ortcher se quedó dormida en una posición extraña y yo me la acomodé en mi hombro. Tras avisarnos que íbamos a aterrizar, yo desperté a Ortcher y Alba dijo que iba a hablar con otra chica, una que conoció en SC y que había ganado. Se llamaba Sarah y era de Londres, bueno, vivía en Londres. Y dio la casualidad que se había ido de viaje a ver a la familia a no sé dónde y tuvo que coger el avión deprisa y corriendo. En fin, yo seguía en mi misión de despertar a Ortcher.
— Ortcher, estás haciendo un poco el ridículo. Se te está cayendo la baba, y Tom Fletcher se está riendo de ti. Yo de ti, me levant…
Y de golpe de despertó. Se levantó todavía con los ojos cerrados. Era muy cómico.
— No tiene gracia. Es imposible que esté en este avión. Que sepas que no ha funcionado. Tan solo porque has dicho Tom Fletcher y ridículo.
Yo me empecé a reír… Bueno, vamos a ver. Reír de forma escandalosa.
Y así seguí hasta que bajé del avión. Ella se mosqueó y se fue a hablar con Alba y su amiga Sarah. Parecía que congeniaban muy bien. Fue en ese momento cuando nos dijeron que nos diéramos prisa, que teníamos que recoger nuestro equipaje. Yo lo primero que busqué fue mi guitarra y al ver una funda como la mía, la cogí. En ese momento, al ponérmela en el hombre me percaté de que esa no era mi guitarra. Y tenía cosas enganchadas… i el color era más marrón… y mi nombre no era Jonson… Y una chica súper alta, súper rubia, súper guapa y seguro que española no, me llamó. Primero lo intentó en italiano. Al ver que yo no me giraba, porque sí, me estaba llamando a mí, lo probó en francés, en inglés, ¡en almenan! Y luego ya, en español. Fue allí, cuando me dije: o contestas ahora o pensará que eres china y te has operado… entonces me giré.
— ¡Menos mal! Pensaba que hablabas otro idioma… Y eso que he probado con todos.
Yo reí.
— Sí, ya me he dado cuenta. Hola, soy Nath. O Natt… O Natalia… como quieras.
— Te llamaré Nathie.
— Me alegro de que me llames así. Erm… ¿es tu guitarra? — le pregunté al ver una funda de guitarra igualita a la…
— creo que nos hemos equivocado. — dijimos a la vez.
Reímos, también a la vez. Fue extraño.
— Sí, creo que nos hemos equivocado. — intercambiamos las guitarras. Ésta sí que era la mía. Igualmente la abrí… sí, era mi guitarra negra.
— ¡Oh!, ¡qué bonita! — susurró mirando la guitarra… bueno, un trozo de ella.
— ¿Puedo? — pregunté señalando la suya.
— Claro. — abrió la cremallera y me la enseñó. Y yo me enamoré. Me puse de rodillas y acaricié la madera. — es tan… bonita. — era marrón oscura, mate, y el mástil era… una preciosidad. De estas que ves y dices: ésta… ésta tiene su propia guitarra.
— ¿Sabes tocar alguna de McFly? — me preguntó.
Yo reí, de nuevo.
— Es lo único que toco. — ella me sonrió. — Fue con lo que empecé.
Y tal y como nos habíamos puesto a hablar, nos sentamos en el suelo, dejando claro, sitio para que la gente cogiera sus maletas y nos juntamos con el resto del grupo a esperar, y empezamos a tocar.
En ese momento las dos estábamos un poco cortadas… éramos un poco tímidas… pero en cuanto un acorde salió de nuestras guitarras nos perdimos… no sabemos cómo, pero nos pusimos de acuerdo. Tocamos That’s The Truth. Era extraño, porque no eran los mismos acordes… pero sonaba extrañamente bien. No sé cómo describirlo, era… ¿mágico? Empezaron a venir gente y más gente. De nuestro grupo, de fuera… nos mirábamos, nos complementábamos, sabíamos qué tocar y cuándo con solo mirarnos…
No sabíamos quienes había. Cuánta gente empezó a aplaudirnos. Hasta que empezó con los acordes de Not Alone. Tocamos, las dos juntas. Y yo canté… Yo canté y ella también. La gente empezó a hacer palmas, a seguirnos cuando cantábamos, a grabarnos… incluso una lloró y nos pidió una foto.
Cuando terminamos de cantar esas dos, y el grupo empezó a dispersarse y a recoger sus pertenencias para irnos, es cuando hablamos.
— ¡No sé cómo describirlo, pero ha sido fantástico! ¡Nunca me había sentido así de cómoda tocando con alguien!
— ¡Sí! ¡Ha sido genial! — y me dio un abrazo. Yo sonreí. Sonreía mucho últimamente.
Empezamos a andar y Ortcher vino corriendo, haciéndome tirar las bolsas.
— ¡Cuánto te quiero! — gritó dándome muchos besos. Yo intentaba apartala con cara de asco mientras las demás reían. — ¡¿Por qué has cantado y tocado sin mí?! — luego se giró hacia… Jonson. — Hola… encantada.
Luego se giró hacia mí.
— ¿Cómo se llama? — me preguntó en un susurró, aunque… Jonson se rió.
— Erm… Jonson.
— Me llamó Joanna, pero puedes llamarme Jonson. — y rió.
— Te llamaré Jonson. — le cogí las gafas de sol a Ortcher y me las puse diciendo: — Me gusta. — asintiendo lentamente con la cabeza.
Ellas se empezaron a reír y empezamos a andar.
Poco a poco nos fuimos conociendo. Alba era súper extrovertida, como yo. Sarah y Ortcher se llevaban de maravilla, las dos tenían un corazón de chuche y Jonson y yo no parábamos de hablar de música. Me explicó que tiene familia esparcida por todo el mundo y que por eso sabe tantos idiomas. También me dijo que conoció a una chica llamada Claudia que es de Irlanda y que también está en Super City, y que también ganó. Estaba por ahí. Y entonces… nuestro enemigo.
— Veo que ya habéis conseguido ganar puntos con LOS— si, dijo “los” — McFly, eh chicas…
Nosotras nos miramos… Ortcher dijo un: ups.
— Mierda, no te lo he dicho, hemos visto a McFly en la puerta, esperando al grupo.
— ¡Y no me has dicho nada! — le grité.
— Es que te vi tan metida en la canción…
— Reza para que no me hayan escuchado… Reza…— empecé a hacer caras raras… a hacer muecas y a parpadear los ojos como una psicópata… si como Danny.
Ellas se rieron.
— Pues deberían haberte escuchando.
— Ya, ya... — interrumpió a Alba “Cami” — me ha encantado, ha sido un momento muy chic.
Y yo: ¿qué mierdas dices de chic?
— Os presento a mi grupo. — y señaló a dos tías. Una parecía que estaba ahí por obligación. Y la otra era más tonta… o eso parecía. Todo el rato asintiendo a lo que “Cami” decía. — ella es Miriam… y... bueno y su amiga. Ya nos conocíamos, pero son de fuera.
— Pues fíjate, ¡cuánto me alegro! — ironicé. — y ahora, nos vamos.
Y me dispuse a andar. Pero alguien, mejor dicho, algo, me cogió del brazo.
— Tu solo ten cuidado con quien hablas… a mí nadie me quita mi puesto. — me susurró. Yo miré mi brazo y luego a ella.
Con dos dedos me deshice de su agarre.
— Y tú ten tus manitas bien fuera de mi vista. A mi tías como tú no me las trago ni aunque fuera mi último aliento de vida.
Se giró con aires de suficiencia. Yo la imité e hice como que me tropezaba.
Las demás sonrieron.
Al mirar hacia arriba, vi una melena rubia. Ojalá fuera un guiri que me salvaba de los babosos españoles que solo se hacen fotos a los abdominales y que no teien sentimientos. (Hay que decir que chicos normales, quedan pocos)
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