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Bueno, que os voy a contar. Soy de España, y me encanta Leer y escribir. Tengo subidos historias por Internet. No soy autora de un gran libro, y de nunguna novela, pero algo ronda por ahí. Bueno, que más deciros. He tenido muchas experiencias, unas buenas y otras malas. He tenido mucha gente a mi lado y gracias a eso he sabido ver en personas lo mucho que pueden cuidar de mi y lo mucho que saben ver en mi. Atentamente, Natt.

domingo, 22 de enero de 2012

Capítulo 14

— ¡No te estábamos espiando! — dijo Danny indignado.

— No claro que no, solo pasabais por aquí y os escondisteis…

— Puede ser. — conjeturó Tom serio.

— Te creo. — luego le miré. — En verdad no, pero haré como que lo hago porque soy una fan y es lo que hacemos.

Entonces se empezaron a reír.

— Bueno, tú y yo tenemos que hablar. No de ídolo a fan, sino de amigo a amiga.

— Tom, — le dije con el corazón en la garganta. — lo que acabas de decir va a provocar que me muera. Si tuviera un amigo como tú… Nunca he tenido un mejor amigo como me gustaría que fueras. Pero no quiero perderte como ídolo.

— ¿Y porqué iba a cambiar?

— Porque aquel que es famoso y toca en un grupo y es muy guapo y encima con un corazón enorme es un ídolo. Si supieras cosas de mi vida, ya no serias mi ídolo.

— Podemos probar…— murmuró al aire.

Los demás se había ido para adelante y Ortcher había vuelto a la clase.

— Y ¿esto lo sabe tu novia? —reí— ¿Y tus compañeros de banda que te han dejado solo con una fan?

—Dejemos a mi novia a parte. Y a los demás… no sé porque me extraña que no esperaran. Bueno, podemos hablar. — volvió a repetir.

— Y ¿por qué? — le pregunté ahora empezando a andar.

— Porque no solo sales ganando tú.

Mi cara fue de póker.

— No acabo de entender inglés del todo bien, así que habla más lento, Tom.

— He dicho, que yo también gano en hablar contigo.

— ¿A sí? — me paré y me apoyé en la pared. — Cuidado, hay una ventana— le avisé.

Él pasó rápido y luego siguió caminando a mi pasó. Yo corrí un momento y me puse a su paso.

— Bueno, cueste de creer o no, Giovanna a parte de mi novia es mi mejor amiga, pero no es lo mismo. Perdí a algunos amigos cuando empecé con el grupo. Y siempre he querido recuperar lo que es una amistad sin querer nada a cambio.

— Y yo no quiero nada a cambio…— murmuré sarcásticamente.

— No, sino ya hubieras hecho un movimiento o algo. No sé, pero creo en ti.

— No sé, yo tengo 18 años y tu 26

— 25 y un poco más— me interrumpió. — no me pongas más, que me deprimo.

— Que hombre este… Lo que digo que es muy raro, Tom. Me cuesta mirar en ti de otra forma.

— Joder, si que eres complicada.

— Ala… Tom Fletcher acaba de decir un taco…— y luego nos reímos como dos personas normales.

Llegamos a una puerta donde se escuchaba algunos acordes y algún platillo y Tom la abrió.

— ¿entras?

Miré un poco por encima de su hombro y toda fan de McFly me hubiese matado estando en mí posición y soltar:

— No… tengo que volver a las clases.

— Bueno, independientemente de lo que elijas, tenemos que hablar de algunos temas que nos incuben a los dos... Y a la banda.

— Sí, han quedado algunos capítulos por ahí sueltos sin ton ni son y no se entienden…

— Sí… bueno, voy a ir entrando.

— Vale, — susurré…— Ya tengo bastante con perder a un ídolo. No quiero convertir en amigos a otros tres más.

— Ya cambiarás de idea, ya…

Cerró la puerta y yo me encaminé hacia la nueva clase.


— Tú y Tom Fletcher… murmuró Ortcher.

— Sí, eso…— dijo Johnson.

— Sí…eso…— añadió Chris.

— ¿A que viene ahora el último comentario? — me reí.

—Bueno, algo tendría que decir, ¿no?

Solté una carcajada y ella me tiró un poco de agua sin querer. Montamos un escandalo digno de admirar.

— En fin, mi vida ha pasado estos días como flashes. Me he desmayado, me han espiado…

— Ya… La verdad que no tengo ganas de que esto acabe y tener que volver a Barcelona. — rezongó Ester con morros.

— A ti no te importa… tu quieres volver. — dije digna. — Tú tienes tu universidad, tienes todo pagado, tienes nuestro piso.

— eso, nuestro. — me interrumpió.

— No sé... yo creo que no es eso lo que quiero. Podría salir de aquí y conseguir por Londres algo. En vez de seguir el plan y coger un vuelo a Barcelona, no cogerlo.

— Y entonces yo tendría que dar explicaciones, ¿no? — se mosqueó Ortcher.

— Eso ya son cosas mías... — le respondí levantándome del muro. — tengo el culo cuadrado.

— Sólo tu sabes cambiar de tema tan rápido y de manera que nos e note. — dijo Chris.

—Y ¿cómo que tú me conoces tanto? — la miré.

— No sé, parece... es como si te conociera...

— A lo mejor os han borrado la memoria y ya os conocíais. — dijo seria Johnson.

— Joder, tía, ¿de donde sacas lo que te metes? — me reí a carcajadas después.

Tras esa charla, el día pasó con normalidad. Encontré una nota en inglés con una letra muy rara y que no se entendía.

— Por dios, que mala caligrafía...

— es porque esta hecha en una servilleta.

— ¿Y tú como sabes eso? — le pregunté a... ¡Dougie! — ¡Oh por dios! ¡Dougie!

— Así me llamaron. — dijo en un inglés que me costaba entender. —yo conozco esa letra.

— ¿de verdad? — me sorprendí. Luego me entró la vergüenza. — espera... No puedo hablar contigo.

— ¿porqué? — cuestionó ahora serio. — ¿Es una norma estúpida de éste estúpido concurso? — ironizó.

— Oye, no es por nada, pero éste estúpido concurso me ha dado una gran opción o ayuda o como lo quieras decir y porque... Bueno, tú tienes tu opinión, yo tengo la mía y porque seas mi ídolo no tengo que aceptar todo lo que digas o hagas.

— No entiendo porque te has puesto tan al a defensiva.

— ¿Perdón?— dije confundida.

— Joder... ¡cómo eres! — y empezó a caminar. — sólo quería conocerte. Tom me habló de ti.

— ¡Espera! — le cogí del brazo tatuado. — oh... lo siento... no quería... Es decir... — se volvió a girar— a ver... ¡Dougie no te he entendido! ¡No soy un crack del inglés! ¡Sólo sé lo suficiente para entablar una conversación!

Se giró, parecía... extraño.

— Pues dime tú que tipo de inglés conoces que ni siquiera puedo hablar contigo. No sé como lo consigue él. — me miró y luego dijo: — Es de Tom. Pone que te reúnas... — miró a los demás— donde el otro día.

Entonces él se marchó y la gente que había seguido la conversación empezó a cotillear y murmurar.

Una se adelantó y me dijo:

— ¿conoces a Dougie? ¿Y a Tom? ¿Eres una novia o un ligue o algo?

— No conozco a ninguno de los dos. — mentí... o bueno, no lo sé lo que hice.

— ¿Entonces esto? — susurró una voz que verdaderamente odiaba.

— Hola, Cami. Cuánto tiempo sin vernos.

Me encaminé a la puerta y ella estiró de mi brazo.

— ¿No nos vas a decir que tienes entre manos? ¿Te estas tirando a alguno de ellos? Porque he de recordarte que Tom tiene novia fija y que los otros van por el mismo camino.

— Cami, lo que tu hagas me da igual, no me compares contigo. — me molesté. Me estaba calentando.

Giré, de nuevo y cogí el pomo y cuando abría puerta, me encontré a Dougie.

Ellos no lo veían porque la puerta estaba como metida para dentro de la pared, y había una especia de pared entre el comedor y la puerta de salida.

Sus labios se movieron lentos, pausados y murmuró un: no digas que estoy aquí.

— ¿No sales? — preguntó en un tono bastante elocuente... bueno, ésa no seria la palabra exacta para describir su tono. Y encima había hablado en inglés la mayor parte para que todo el mundo entendiera la conversación. — ¿Estas pensando como hacer algo de lo que te puedas arrepentir?

Miraba a Dougie a los ojos directamente. Era extraño, porque él era una persona que pensaba que nunca miraría a los dos. No entendí porque no se iba o hacia algún movimiento. Sus ojos azules... grises... no sabia de que color eran, pero eran... precioso.

— Ya lo hice una vez, no hagas que vuelva a pegarte. — amenacé.

Escuché pasos y entonces me largué, empujando a Dougie hacia afuera.

— ¿Os gusta espiar o te entró un tirón en la pierna? — pregunté molesta.

— Joder, ¿tienes la regla o algo? — preguntó rascándose detrás de la cabeza.

— Dios, — maldije y me fui.

— ¡Es ella! — gritó alguien. Y entonces, unas verjas que daban a fuera del recinto se abrieron, y una frase como una bofetada estalló en mi cara. — ¡Ella es la que conoce a los McGuys! ¡Ella nos dirá todo!

Vi como un grupo de... groupies empezaba a correr en mi dirección y yo... también corrí. Hui de esa situación como cualquiera en su sano juicio y que no quería ser famoso haría. Empecé a correr y a llorar, temiendo donde me había metido.

Me escondí detrás de un muro y empecé a hiperventilar.

— ¡Es ella! — gritó una desde lejos. — ¡Cami nos lo dijo! ¡Dijo que la conocían de antes y que la habían enchufado!

Solté un jadeo y un hipido. Mis lágrimas no paraban de caer. Mi vida de había complicado de una manera muy extraña. Yo había entrado para cantar y tocar, no para convertirme en una espía o amiga de McFly. Cogí la servilleta de supuestamente Tom. Me tapé la boca con una mano y respiré hondo.

Quizás lo mejor sería hablar con él y decirle que yo podía pasar eso. Que lo lógico sería que ellos pasaran de nosotras. Amables hasta cierto punto, que yo no era especial. Una mano me tapó la boca cuando me quité la mía y otra me cogió de la cintura. Entré en un cobertizo y entonces una luz me cegué-.

— ¡Joder es que no me vais a decir tranquila! ¡No conozco a nadie de McFly más que lo que todo el mundo sabe! — lloré, porque no podía aguantar el tipo. Me sequé las lágrimas y les amenacé. — Como no me dejéis os juro que iré casa por casa y no dormiréis durante años de lo que os haré.

— Joder... encima que te hemos salvado... — murmuró molesta una voz.

— ¿qué coño hacéis aquí? ¿Ortcher? ¿Chicas? — ellas salieron de la luz.

Me abrazaron y tosí sin querer en su hombro.

— ¡Mis virus! — me reí. Luego hubo un silencio incómodo. Pero de esos incomodos, incomodos.

— ¿Tom? — pregunté. — ¿qué haces aquí?

— Bueno, Dougie me avisó de los problemas que te habíamos dado. Y luego cuando la vaya se rompió y las fans entraron...

— Bueno, fans... yo diría groupies agrupadas para acabar conmigo.

— Es decir, GGAC— dijo Ortcher. — Sí, luego puedes cambiar el contigo, con con ellos o conmigo...

— Creo que debemos solucionar un par de cosas...

— Sí, — contesté a Tom. — Y no volver a hablarnos sino se trata del concurso de fan-ídolo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

capítulo 13

De lo que pasó la noche anterior lo recuerdo vagamente… Sólo sé que alguien dio explicaciones por mí.
Estábamos en una de las clases. Había pasado ya una de las semanas de este concurso y la verdad que me dolía verdaderamente no participar. Aunque hubiese ayudado a gente o hubiese podido cantar y tocar todo lo que mis manos me dejaban.
Estaban diciendo una de las tareas que nos mandaban de vez en cuando mi móvil vibró. Mira a Ortcher que estaba dos sillas para allá, pero fue en vano porque ella no me hablaba. Ella no me había mandado el mensaje.
Salí de clase, ya que para mí algunas no eran obligatorias, algo positivo o negativo dependiendo de dónde lo miraras y saque mi móvil.
— ¿qué hace esta….
Entonces me llegó otro mensaje. Tenía puesto el wifi gratis que podíamos utilizar y una de las aplicaciones de mi Smartphone me avisó. Esta vez no era un mensaje como los de antes.
Era de la aplicación gratis.
¿Qué te pasa? He tenido que salir de la clase.
Le pregunté.
Necesito ayuda, no puedo seguir con esto.
Pero dime algo.
Es que no puedo más. Todo lo que veo a mí alrededor es negativo. Nada me motiva. Estoy sola… Solo te tenía a ti y te has ido.
Empecé a morderme el labio y a aguantarme las lágrimas.
Una amiga del intercambio que en nuestro instituto hicieron vino a vivir aquí y como yo era la única que hablaba más o menos bien en inglés, (y también porque nos llevábamos de p**** madre, perdón por la expresión) congeniamos muy rápido.
A ver tranquila. Le dije mientras empezaba a andar y a hacer respiraciones. Sé que es pasar por eso e incluso estuve a punto de ingresar en esos centros en que te aíslan del exterior y puedes recuperarte. Ahora ella estaba sola, triste, sin vida.
De repente mi móvil empezó a sonar y el estribillo de I’ve got you sonó. Empecé a maldecir en inglés.
— ¡Esta estúpida canción tiene que sonar en este estúpido momento, ¿verdad?!— respiré y lo cogí. — Soph?
Empezó a llorar en mi oreja y yo tuve que apartarme el teléfono para que no me oyera hipar del llanto. Estaba rememorándolo todo.
Sin querer le di al altavoz y se escuchó por todo el pasillo sus llantos. Colgué. Fui cobarde y colgué.
Entonces, alguien salió del aula. Miré a Ortcher y entonces no pude contenerme.
— Ha vuelto a pasar. Ha vuelto a pasar… ¡Otra vez! — sí. Hablaba en inglés me había acostumbrado en una semana.
— ¿qué ha vuelto a pasar? — Ortcher me hablaba en castellano.
— He recaído. No sé cómo ha pasado…
— ¿qué has qué?
— Me… me… me ha llamado Sophie y ha empezado a llorar y decía que estaba sola… y que ya no veía nada positivo y… ¡Corre llámala! ¡Cooorre!
Ortcher le dio a la rellamada.
— Sophie no hagas nada estúpido. Todo tiene solución.
— ¿Nath?, ¿eres tú? No sé qué ha pasado… No recuerdo nada…. Estaba yendo hacia el lavabo, había sangre y…. de repente me encontré en el suelo convulsionando.
— ¿qué? ¿Hablas en serio?... — entonces recapacité. — ¿De dónde venía esa sangre?
— Eh… yo… No te enfades ¿vale?
— Si me tengo que enfadar, me enfadaré, tu solo dime de donde venía….
— Me he cortado… ¡Pero sin querer! ¡No lo he hecho a propósito! ¡De veras! ¡Ya no lo he pensado de nuevo!
Suspiré y volví a resbalar por la pared.
— En seguida te llamo, vale Soph?
— Espera. — me cortó. — Quiero que sepas que saldré a delante. Tú no hagas nada. No te muevas de donde estas, estés donde estés, que sé que es secreto. Lo haré por ti y como tú. Te quiero Natalia. Has sido una gran ayuda…
— ¡Sophie! — grité. — Sophie dime que no has colgado. Esto está sonando como una despedida. ¡Sophie!
Sophie no contestaba. Empecé a hiperventilar, a pegar patadas al aire.
— Sophie, escúchame bien. Óyeme bien porque sé que me estas escuchando. Si de verdad me estás diciendo esto, ya has dado el paso. A mí también me costó. Sé que no es el momento, y que dije que algún día, podría explicártelo mejor, pero… ¿sabes qué? Te lo voy a explicar. Porque me hizo bien. Sí que entré en rehabilitación.
Ortcher se sorprendió. Mentí a todo el mundo. Incluso a Ortcher. La miré a ella y le susurré un: lo siento. Con la cabeza cabizbaja.
— Bueno no es rehabilitación, porque no me rehabilitaron. Era como un campamento. ¡Me tuvieron sin Internet! — exageré para quitar un poco de hierro al asunto. — ¡Tú sabes qué es eso para mí¡ Sin twitter…
Hubo un momento de silencio y ahí supe que tenía que explicar todo ese mal trago.
— Sé que parece irreal que con 17 años… bueno, 18 años entrara. Pero fue una de las cosas más positivas que hice en mi vida. No es como te lo pintan de malo. O cruel. O al menos para mí. Las personas no te trataban como si te fueras a rompes. Como si fueras un loco de cristal. Eran… como… bueno, como si fueran conocidos que te los encuentras por la calle y te dicen un Hola, qué tal está usted esta mañana?! Me aislé completamente del mundo. Conseguí en dos semanas, lo que no había hecho durante medio curso. ¡Incluso me dieron clases! Empecé a ver el mundo de otra manera. ME enseñaron a no esconderme detrás de la música o detrás de… No sé. Aunque lo primero que hice fue darme cuenta de que no estaba bien y que, aunque pareciera que era irreal, que eso no era posible, que no podía pasarme a mí una cosa como esa, estaba pasando. Y no me dio vergüenza pedir ayuda. Estaba deprimida. Era joven y estaba deprimida. Veía como el mundo se caía sobre mi. Como los muros se hacían más y más altos y no conseguía nada… Así que, sé que me estás oyendo. Ahora mismo, vas a coger el puto teléfono… sin colgarme, claro, coge tu móvil roto que para algo todavía llama, y marcas el número de mi madre. Ella te dará todo los datos. Y te repito, no es ningún centro de locos. —rodé los ojos. — Es como un campamento. No llevas bata ni nada. Es genial, en seiro, conoces gente increíble y lleváis como una ropa de boy scout. Y quiero que, por mucho que te digan que no lo hagas, que te acuerdes de mí, y de estas palabras. ¿Vale?
Ester me miraba como si me hubiese salido otro cuerno.
— Y ahora, tengo que colgar. Me vas a llamar todos los días… Bueno, al menos me mandas mensajes que son gratis, y me vas a explicar cómo vas, ¿vale? Porque no creo que seas capaz de lo que yo hice, pero al menos, da el paso. Pide ayuda. Se sincera contigo misma. No cometas el error que hice yo de perder medio año pensando que eran alucinaciones mías, o que estaba exagerando, ¿vale? Y si te pasa algo, mira el puto tatuaje que un asqueroso día me hiciste hacerme y que tú también tienes. ¿Vale?
— Te quiero, Nath.
— ¡No me digas eso que parece una despedida!
Todos reímos.
Espera un momento.
¿Todos?
— Qué coño estáis haciendo aquí?
— No te has dado cuenta de que hemos estado detrás de la escalera?
— ¡No!, porque estabais detrás de la escalera y no os he visto. — me quejé a Tom.
— ¿Quienes son esos? — me preguntó Sophie.
— Si te lo digo no te lo creerás, así que te diré que estoy soñando.
— Vale, ¿qué te has metido ya? — me preguntó Sophie.
— Adrenalina positiva, nena.
Se rio y entonces se despidió. Colgué.
— ¿así que no te fuiste de vacaciones? — me preguntó Ortcher.
— Bueno, se puede decir que sí. Me fui de campamento — y sonreí. Ella me miró mal. — te decía que no entendía nada y que venía que todo podía conmigo y decido irme de vacaciones, así sin más. ¿En serio te lo tragaste?
— Ahora que lo dices, creo que no quise ver lo que de verdad había. He sido una mala amiga…
— Has sido mi amiga y me has apoyado en todo lo que pudiste. Incluso en cosas que no debías. Si yo no di el paso antes, fue cosa mía.
— Así que fuiste a rehabilitación?
— Seee…— me hice la importante y le guiñé un ojo. — ¿y sabes a quien vi? Vi a un tío súper bueno…. Rubio… ojos azules… sí, sí. ME LO TIRÉ. No sabes que bien daba…
— La, la, la, la… — empezó a decir tapándose los oídos.
Yo me reí.
— Luego salí de la rehabilitación. Bueno esa palabra es muy fea, digamos que Salí del periodo de desintoxicación del mundo. Sí, ese es el término.
— Creo que no te han curado todavía…
— ¡Qué no estaba loca! — me quejé. — siento todo lo que dije.
— Siento todo lo que dije. Y siento no haber estado ahí. — me abrazó y yo hundí mi cabeza en su pecho.
— Te he echado de menos. Estos pechitos no son iguales que mi almohada.
— ¡serás tonta!
Hubo un momento de silencio.
— ¿Te acuerdas cuando nos enfadamos tanto? Lo que dije y lo que me dijiste…?
— Bueno, yo me voy a dormir. Mañana tengo una prueba para el concurso.
Thomson se levantó y me tendió la mano.
— ¿Y tú, Ortcher? — dije, mirando a Thomson y estirándome.
— Yo no compito.
Me giré en cámara lenta, con los ojos entrecerrados.
— ¡Claro que compites! ¿Para qué has venido si no? — hice gestos raros como diciendo: “A ver…”
— Pues eso. Cuando te echaron del concurso, como sabía que no podrías ganar, ni formar un grupo ni nada, no molaba eso de estar compitiendo. Me gustaba eso de la rivalidad entre tú y yo y, además, yo sigo queriendo estar en “Something to Figth” y si no conseguías ganar, nunca hubiera banda, ni grupo ni ninguno de tus sueños, así que abandoné.
— Aban… Ab… Abando…— Cerré los ojos y negué con la cabeza, cayendo de espaldas en el sofá. — Espérate porque esa palabra no la aprendí en la primaria. ¡¿ABANDONASTE?! Pero… pero… ¡pero tu estas tonta! ¿Tú te estás oyendo? Vas a dejar pasar esta… ¡Es que no lo entiendo!, explícamelo, porque de veras, que no lo entiendo…
— ¡Te estoy diciendo que lo he hecho por ti! ¡Si tú no estuvieras en este concurso yo no hubiese venido! ¡Yo no soy tan fan como tú! ¡Yo no sueño estas cosas como tú! ¡Yo no valgo para esto tanto como tú! Todo lo que he hecho, venir aquí, hablar en inglés, cantar o tocar una simple cuerda de guitarra, lo he hecho por ti. Porque sabía que nunca darías el paso estando en España. Sabía que Something to figth no llegaría a ninguna parte si tú no te motivabas. ¡Por dios, te conozco como si fueras mi hija, bueno mi hermana! ¡Esto es lo tuyo, por mucho que tú quieras hacer otra cosa!
Lo siguiente que recuerdo es un dolor en mi mano y la cara de asombro de Ester.
Una lágrima cayó de su ojo y empezó a murmurar cosas extrañas.
— Oh, no… ¿qué he hecho? — Empecé a ahogarme con mi propia saliva. — Ester, en serio, lo siento mucho… no sé qué me ha pasado…
— ¡Pues yo sí! ¡Te ha dolido que te digan la verdad! ¡Que no vales una mierda como persona, que lo único que vale es la música, porque si fuera por ti, nadie escucharía tus putas covers! ¡Ah, no perdona, que soy yo cada día metiéndome en vuestra cuenta de Youtube para que veas como las veces que ha sido vista la cover van subiendo! — Ester me miró, y luego me devolvió la ostia.
Me agarré la mejilla y sentí un escozor en ella. Mis lágrimas.
Ella y Thomson se fueron, mientras él me miraba y besaba su frente. Se fue mirándome a los ojos.
Levanté un brazo hacia ellos, pero me derrumbé ahí. Entonces unos brazos negros me recogieron del suelo.
— No sé qué decir…
Y en todo esto, los cuatro miembros de McFly seguían ahí, atónitos a la escena.
— No es necesario que digas nada…— le dije a Kurts.
No sabía dónde meterme.
— Me muero de la vergüenza. De la vergüenza, de la tristeza, del dolor… Todas sus palabras fueron verdad. Todo lo que ha dicho es verdad. Ella es la que me ha estado animando, la que me ha levantado cuando me he caído. Cuando perdí toda noción del mundo ella me mantenía los pies en la tierra. Y ahora, ha venido hasta aquí, ha dejado todo por mí… Y yo se lo devuelvo así… No me merezco todo esto… suéltame…
Kurts no lo hizo.
— ¡Qué me sueltes! ¡¿No lo has escuchado todo?! ¡¿LO QUE HE DICHO?! No valgo nada. Ni siquiera los cuatro mierdas acordes que sé tocar o la mierda voz que tengo. Tuve una mierda de juventud y tendré una mierda de vida porque nunca conseguiré nada en esta puta vida…
Le miré a los ojos a Kurts. Estaban abiertos de par en par.
Se separó de mí. Me tenía miedo. Yo miré sus manos. Las levantó con las palmas abiertas.
— ¡No puedo tener a nadie a mi lado! ¡Todo lo destrozo! Dime… dímelo…—empecé a acercarme a él. — ¡Dime que valgo de algo! ¡¡¡Dímelo!!! — le grité cogiéndole de la camisa, del cuello.

— Sí…— dijo Ortcher.
— ¿Te acuerdas, yo dije: Ella es la que me ha estado animando, la que me ha levantado cuando me he caído. Cuando perdí toda noción del mundo ella me mantenía los pies en la tierra. — la miré a los ojos. — Ester, tú me dijiste una frase que no te diste cuenta, pero me hizo entender que tenía un problema. Que no estaba bien con el mundo. Me dijiste: Esto es lo tuyo, por mucho que te empeñes en pensar en otra cosa. Something To FIght necesita nuevos aires. Necesitas motivación. Más o menos, el día que nos enfadamos, me dijiste lo mismo… Tú fuiste quien me dio ese empujoncito para yo decir: Quiero hacerlo. Sin tu darte cuenta.
Ortcher me miró. En sus ojos vi todo lo que pensó. La culpabilidad de no hacer nada, disminuyó poco a poco y una sonrisa fue pintando su rostro de felicidad.
Me guardé el móvil en el bolsillo y entonces, después de toser teatralmente solté un:
— ¡Se puede saber porque me estabais espiando?!

domingo, 23 de octubre de 2011

Capítulo 12

Bueno, no soy muy aficionada a escribir nada antes de los capítulos, porque como yo también leo historias, a veces paso de lo que dicen... Pero bueno, quería decir que, muchas gracias para las dos personas que leen mi historia, aunque nunca hayan comentado. Muchas gracias a la gente que me da algun indicio de su opinión con la pequeña votación al final de cada capítulo y que... Bueno, muchas gracias por todo. Sé que apenas gente lee el fic y que la poca gente que lo hace directamente leerá el capítulo y cerrará la ventana pero... Si eres una de las pocas personas que lo ha leído, gracias, a tí también.

Bueno…. Y aquí me veis, hablándole delante del espejo de uno de los estudios que nos dejan para las horas libres.

— Vamos manitas. — sí y encima en inglés, pero como veo que hablaré mucho en inglés os lo pongo directamente en nuestra lengua, ¿qué os parece? Y yo voy avisando…— Manita, quiero decir, no te pongas celosa, tonta. — le murmuró a mi otra manita mientras le hago carantoñas. — Puedes hacerlo, ¿vale? Sabes que es lo nuestro. Tú lo sabes…

Fui de nuevo al asiento pero… me caí.

— estúpido sillín con ganas de juerga. — me suavicé el trasero ya que estaba un poco plano tras el culetazo. — La verdad que mira que es bonita esta batería… — dije mientras la acariciaba.

El estudio tenía su encanto. Parecía una sala de ballet, fíjate tú. Con espejos y así puedes verte mientras tocas –que no estaba muy lejos y se veían perfectamente o estaban graduados para verte más- con guitarras acústicas, bajos acústicos… cajas… increíble…

En fin, me quité la venda con cuidado e intenté mover los dedos.

— Me cago en…. — maldije. — ¡¿Por qué?! — grité mientras tiraba una de mis baquetas tan bien decoradas por mí misma que me traje en la maleta. Y la rompí.

— Mierda, lo que me faltaba… sí es que lo que no me pase a mi…— murmuré alto mirando al techo y con las manos en alto.

Fui a mi bolsa y saqué otra baqueta, aunque esta era azul y la pareja de la que había roto era verde. No entera, si no, el refuerzo. Me gustaba llevarlo de colores y con cosas dibujadas…

Intenté pasar la baqueta por los dedos de la mano mala… Y se me cayó.

Y yo me enfadé y empecé a dar patadas al aire. Y a gritar. La cámara estaba insonorizada, al menos eso avisaba en la puerta así que…

Miré al espejo de nuevo y me dije a mi misma:

— Ahora, vas a posar tu culo en el sillín, vas a tocar tan bien que incluso los muertos hablaran y te darán aplausos con sus huesudas manos, ¿Esta claro? — terminé mirando a mi mano.

— Esto es muy infantil. — estaba ya sentada. — Esto no va bien… Ortcher tiene razón, hablarle a la mano no la va a curar…

Me dispuse a comenzar con un ritmo lento. Intenté tocar flojo… pero no era lo mismo. Así que, haciendo caso omiso al dolor de mi mano, empecé a aporrear la batería.

Sí…. Como amaba ese sonido.

Me estaba marcando un solo que incluso me levanté y empecé a dar vueltas sobre mi misma mientras seguía con el ritmo. Incluso empecé a cantar.

— I love Soca! — batería— ¡Me gusta Soca! —batería I love Soca— batería— ¡Me gusta Soca!

Y entonces, no pude reprimirme y me salió mi vena Danny. Empecé a mover la cabeza como él, como yo siempre hacia. Nunca me había dado cuenta de que hacia lo que él, que hablaba como él, que me movía como él, que, incluso, tocaba como él.

Como soy lista y me conozco, quité el PAUSE del reproductor que había en ele estudio con una de mis grabaciones tocando la batería y tocamos las dos “YO’s” la misma canción. Ese solo me salió solo una vez y desde ese momento no he vuelto a hacer otra cosa que tocarlo y tocarlo. Mi mano empezó a hincharse y cada vez me resultaba más y más difícil seguir con el ritmo hasta que al final, tras muchas caras de dolor me tiré al suelo, justo en frente del espejo y empecé a llorar. Sí, a llorar. Y a sujetarme la mano. Y de pronto, unos brazos me levantaron.

Me limpié con medio brazo las lágrimas y… Adivinad a quien me encontré.

— ¿Tom? — pregunté desconcertada. — ¿Por qué esto me parece tan irreal como que yo sea la protagonista de una película?

— ¿Tú eres tonta… O aprendiste de alguien? — me regañó. — Porque de naturaleza es imposible lo tuyo. ¡Harry! — llamó.

Os digo en serio, bueno, esto es raro porque se lo estoy escribiendo a un diario, como ya dije pero… En serio, entendí todo lo que soltó después. Muchos s*** y f*** y demás cosas que incluso me asombré de saberlas hasta en mi propio idioma.

— ¿Tú no sabes que siendo un artista no te puedes forzar? — se quejó Tom. — ¡¡¡HARRY!!!

Me estaba asustando.

De repente, el batería y hombre que sabe despertar a las fieras de buena mañana (véase a las once pe eme) apareció abriendo la puerta a lo película de Hollywood.

— Deberíamos a ver entrado antes…

— ¿qué me estabas… ¡viendo!? — grité ése viendo.

— Hija, eso no es un espejo, bueno sí, pero es un espejo donde detrás está el estudio en sí. — me explicó Danny.

— ¿Pero tú que haces aquí? ¡¿Quieres que me desmaye?! — le grité

— creo que todavía se acuerda del incidente.

— Pues claro, — le recordé a Tom. — Fue la semana pasada, hijo.

Rieron y entonces, ya me llevaron a dentro del estudio ese detrás del espejo.

— Así que —dije yo cuando me tendieron el hielo. — ¿habéis visto mi concierto?

— Sí. Y la verdad, nos ha encantado pe…

—.. ro— interrumpió Harry. — No deberías a ver ni siquiera intentado tocar. ¡Los baterías sabemos que si no nos cuidamos se nos jode para siempre! ¡Y vas tú, y tocas con la mano!

Y señaló teatralmente y tapándose la cara serio.

— Hombre, con el pie no pensaba tocar… Harry. — me reí.

Todos rieron menos Harry.

— En serio, siento romper la magia o como se diga pero… Que soy una fan. No vuestra amiga, ni nada de nada. Sigo estando aquí porque pagué para estar en vuestra web y gané un concurso.

— Ya lo sabemos, pero es que aquella noche nos saltamos también nuestras reglas y confraternizamos con el enemigo. — digo Tom.

— Bueno, y que yo buscaba a estos muermos. — apuntó Danny, afirmando con la cabeza.

Yo los miraba y miraba y los volvía a mirar. Los miraba y no había manera de verlos de diferente manera. Eran mis ídolos, mis famosos y guapos ídolos y no había manera de verlos de otra manera.

— ¿Tengo un moco? — dijo Danny mientras se ponía a pocos centímetros de mí.

Salté del sofá para atrás y me golpeé la cabeza con el sillón. No dije nada, pero daño, me hice.

— No…— le respondí ya mas tranquila. — Una cosa, Danny. Si quieres ver si tienes mocos, mírate en un espejo y no te me pongas en frente de mí. Y la segunda, que también tiene que ver con la primera, no te me pongas tan cerca, que si no me dará algo… ¡Eres mi ídolo! ¡Parece que no lo entiendas!

— Pobrecita…— dijo mientras me abrazaba y me daba golpes en la cabeza y hacia ruiditos para bebes. — todavía no le ha llegado la sangre al cerebro.

Me empecé a reír y luego me quedé quieta.

— Que alguien me diga si Danny me está abrazando…

Entonces se me escapó una pequeñita lágrima…

— Ay…— me quejé, Danny se separó y me aguantó por los hombros…— que me va a salir la vena
groupie…

Y entonces, llegó él.

Fue como si estuviera viendo un video de SuperCity. Entró asomando su cabeza y preguntó:

— ¿Dónde está…? Ah, estas ahí To…— y ahí se calló. Era tan mono.

— ¿qué pasa Doug? — preguntó Harry cogiendo el hielo del suelo… ¿se me había caído? Y… no sé lo que hice porque me perdí. —… y es tonta y empezó a llorar y esa es la historia.

— ¿qué? — moví la cabeza levemente para volver a la Tierra. — ¿Qué me he perdido?

— Pues no sé, — dijo Tom. — pero estas más ahí que aquí. — e hizo un movimiento extraño refiriéndose a otra realidad paralela.

— Bueno, nosotros nos tenemos que ir, pero esperamos verte pronto por ahí. — dijo Harry siendo amable. Supongo que se lo decía a todos sus fans del concurso. — Y cuida esa mano, ¡eh!

— Sí, sí. — le contesté levantándola. — adiós….

Se fueron y yo me levanté. Empecé a andar por el estudio. Miré el teclado y moví algunas cosas.

— ¡eh! — murmuró alguien a mis espaldas y di un salto. — te veo esta noche arriba del todo.

Yo me quedé muerta, ya que nunca un famoso me había dicho eso.



Pasé la tarde en otro mundo y los volví a encontrar mientras grababan una entrevista para SuperCity y les preguntaba si mejor subirlo después de acabar o que los fans también puedan opinar durante el concurso e ir subiendo partes.

En un momento la persona que me había dicho aquello unas horas antes me miró y me sonrió, luego me giré para ver si había alguien y no había nadie. Cuando volví a girar la cabeza nadie me miraba.


Era de noche y había averiguado que, “allí arriba” también se le llama terraza. Así que, estaba yendo hacia allí. Pero antes, Había ido a por un vaso de agua. Encendí algunas luces para saber por dónde iba cuando noté a alguien detrás de mí.

— Qué coño… ¡Joder, qué susto, Peterson!

— Estas muy guapa, ¿no? — su aliento olía a alcohol a cantidad.

— ¿estas borracho? — no debería haber preguntado por qué su apestoso aliento se encerró en mi boca cuando me besó bruscamente. Era evidente, joder — ¡Estate quieto! — le espeté con sus labios sobre los míos.

Llevaba un pantalón corto como pijama y una camiseta de esas que te viene bastante grande.
Aunque aquí, no dormiría sin sujetador. No me fiaba de nadie. Así que debajo llevaba un top.

Me quitó la camiseta de tal manera que no me di cuenta.

— ¡Para ya! — le grité apartándole cuando vi lo que realmente intentaba. — ¡Por dios! ¿Desde cuándo tu estas borracho? ¿De dónde lo has sacado?

— ¡¿Tú también vas a rechazarme?! — me gritó mientras me cogía en brazos y pasaba mis piernas por su cintura con brusquedad.

— ¡No grites! — le chillé bajo. — ¿Se puede saber de qué me hablas? — me empujó contra la pared y me dejó sin aire, provocándome que expulsara todo el aire que tenia de golpe. — Te lo advierto, tú no quieres hacer esto.

— ¿Por qué os empeñáis en que sabéis lo que quiero? ¿No he tenido suficiente en que mi novia me dejara plantado con el anillo de compromiso en la caja? ¿No es suficiente que Johnson me diga que no? ¿Ahora tú también te vas a hacer la estrecha?

— No es mi culpa que tu prometida se diera cuenta de quien realmente eres y que Johnson no este enamorada de ti. Hay más hombres en el mundo que tú. — me molesté. Había bajado sus manos, pero seguía teniéndome prisionera y notaba cierta parte demasiado dura de él.
— venga, ¿tú también estas enamorada de algún gilipollas como Thomson o alguno del grupo de McFly? — empezó a morderme los labios y a babearme el cuello.

— Te he dicho que me dejaras y tú sigues…— le pegué una patada en sus partes y ahora fue él quien se quedó sin aliento.

— ¡Puta!

— Engendro de ramera, lo serás tú. — le espeté. Me golpeó y me rajó el pantalón. Quedándome en ropa interior. Y entonces pasó. Me tocó lo que nunca debería de haberme tocado.

Empecé a gritar y a pensar que esto debía de ser una cruel broma del destino. Era imposible que eso me estuviera pasando a mí.

Intenté dar patadas (algunas las esquivó y otras funcionaron y di en el clavo.) conseguí que me soltara pero me agarró de la cara y me estampó contra el sofá. No soy una blandengue, pero contra un tío musculoso, ¿qué queréis que hiciera? Se tiró encima de mí y empezó a “acariciarme” violentamente mi cuerpo. Y entonces le vi. Aquella silueta.

Y creí que pensaría mal, que se iría y sería otra persona que cree lo que no es de mí.

Pero no.

Él vino.

— Ha dicho que la sueltes. — su voz era un murmullo apenas entendible.

— Oh, joder…— antes de nada me besó y me introdujo la lengua hasta la campanilla, sin exagerar, mientras rebuscaba algo en mi “interior”.

Yo intenté zafarme de sus brazos que aprisionaban mis manos y le di un rodillazo en sus partes.

Otra vez.

Calló aovillado y entonces… pasó lo peor.

— ¿Dougie? — dijo su amigo y compañero de banda. — ¿qué…

Y éste si creyó lo que todos creía. Lo que Cami había dicho que yo vendría a hacer. A tirarme a un famoso.

Doug me había abrazado antes de que cayera al suelo y los dos estábamos en el piso, abrazados, con la cabeza muy junta, tanto que nuestras frentes se tocaron.

— ¿qué pasa Har…

Tom entró y encendió la luz.

Y todo se volvió un jaleo del que yo desconecté desmayándome.

Otra vez.

domingo, 16 de octubre de 2011

Capítulo 11

— Natt… ¿harías un favor por mí? — me dijo mientras todavía tenía mi mano cogida.

— Claro… ¿qué quieres? — le pregunté.

— Sé que no puedes tocar la batería… Pero la guitarra sí. — afirmó.

— En teoría nada, pero la guitarra… Podré hacer un esfuerzo. — ¿qué tengo que hacer?

Ella me miró con la pregunta en los ojos.

— Sé que no puedes competir, y lo siento mucho por eso, pero ayudar sí que puedes no…

— Bueno las palabras fueron claras: “Así que, te dejamos quedarte aquí, y ampliar ése talento y demostrar que tienes, pero no podrás optar al concurso. Podrás hospedarte, seguir con la experiencia, hacer todas las actividades, pero no podrás grabar ninguna canción. Ninguna canción que salga al mercado.” — cité. — así que sí puedo ayudarte.

— Me gustaría tocar, porque yo no sé mucho cantar…— el amigo de Johnson estaba un poco nervioso. — Yo tocaría el piano, y quizás con tu voz… No quedaría tan mal… Sé que te gusta Glee, te he escuchado muchas veces cantar sus versiones… Querría hacer la canción Faithfully. Hay una parte que se toca con una guitarra… y la batería… bueno, lo podrías solucionar.

— ¡claro que quiero! ¡Por dios, tocar y cantar! ¡Mi pasión!


Thomson, el amigo ingles de Johnson. Al cabo de unos días, había llegado la actuación y tras ensayar y tomarme muchas molestias con la mano… conseguí moverla lo suficiente para poder tocar mi guitarra. Bueno, en realidad no era mí. Yo no tenía guitarra eléctrica. Me dejaron una.

Cuando lo llamaron, todos se quedaron muertos cuando salí con él. Incluso McFly, que al final dijeron que quería tomar parte en el concurso y hospedarse allí para seguir de primera mano todo, susurraron cosas extrañados.

Él empezó a tocar con el piano y Johnson también vino a hacer algunos coros.

Era tan bonito. Empezó a cantar con esa voz de chico tan potente y dulce a la vez… quizás había gente que no le gustaba… Pero a mí me encantaba su voz. Yo me preparé y agarré bien mi púa “de la suerte”. Y toqué la primera cuerda. Y canté.

No voy a negar que al principio me salió uno que otro gallo. Estaba muy nerviosa.

Luego, me repetí lo que Thomson (el amigo de Johnson) me dijo: Cierra los ojos y piensa que solo esta una persona importante para ti. En mis ojos se notaba que estaba nerviosa, no sabía a donde mirar. Luego… le hice caso.

Pensé en Ortcher.

Ella era la persona importante para mí. La miré a los ojos, pero me evitó la mirada y miró a Johson. Perdí la voz en un agudo y casi… pero casi, casi, me resbala una lágrima por mis mejillas ahora pálidas. Johnson me miró extrañado mientras se acercaba al micrófono para cantar. Entonces me perdí en su mirada. En sus ojos. Es seguro que la gente se dio cuenta.

Es seguro.

Yo pensé que solo estábamos él y yo. Así que me giré a mirarle a él y me empecé a reír.

En silencio. Y ocurrió.

— Faithfully…— susurramos los dos.
Seguí tocando la guitarra mientras la batería hacia lo suyo y luego seguí cantando.

El bajo acompañaba mi voz y luego toqué un poco más algunas cuerdas. Agarré el micrófono mirándolo mientras no tocaba. Y luego seguí tocando algunos solos. Algun punteado.

— Oh girl you stand by me— me cantó.


— I'm forever yours...faithfully— susurramos.

Entonces la guitarra y él solo hicieron un poco de lo suyo, flojo, dulce… bonito.
Y él y yo nos volvimos a mirar. Compenetrados.

Ortcher me miró en el instante en que parpadeé y miré al público. Me miraba extasiada, como cada vez que le cantaba alguna balada, susurrando, y Jonson se unió a los coros.

Yo intenté no desafinar en mi “grito”

Él me miró mientras seguía tocando el piano y una gota culminaba su frente en un signo de esfuerzo. En uno de los gritos, la gente se asombró. Era verdad que yo me parecía a Danny. Y lo hacía sin querer. Cuando cantaba tenía los mismos gestos y supongo que en los gritos tuve que hacer lo mismo que él ya que la gente empezó a susurrar. Mi madre me decía que me parecía a Bruce, ya que Danny era como el “doble” de él. Mi padre lo había escuchado, pero yo no era una fan, fan, de él. Sí que es verdad, que lo admiro y que disfruto escuchando su música pero… No era de esas fans que porque le guste una cosa a tu ídolo, a ti también te tiene que gustar.


Y seguí cantando con los ojos cerrados. No había mirado al público en ningún momento.

Salvo a Ortcher.

Y en el ultimo…

— fatifully….— yo le miré a él y terminó de tocar.


Nos quedamos en silencio y luego sin ton ni son, saltó del asiento y me abrazó. Yo me quedé quieta. No sabia que pasaba y luego, poco a poco... Le correspondí. La gente empezó a aplaudir y Jonson, el bateria y el bajo vinieron a abrazarnos.

Salió una carcajada de mi boca tan fuerte que la gente me acompañó y todo el mundo se empezó a reir.

Nos dimos las manos y Tomson me pasó el brazo por los hombros y me acercó a su pecho mientras reía.

Me besó en la frente y sin separar los labios de mi piel, me susurró un <> Yo me separé y le di en el brazo. Luego saludamos y fuimos a dejar los instrumentos. Los que habíamos tocado claro. El bajo, que luego recordé que se llamaba Deith, (nombre raro, sí) me dio la enhorabuena.

— Nunca había visto una compenetración entre dos personas sobre un escenario como la vuestra. ¿Seguro que no os conocíais de antes? — me volvió a preguntar.

— ¡Que va! — Es el amigo de Thomson. — Y creo que a ella le gusta un poco. — Nos conocimos el primer día, pero así de hablar y tocar… solo los días que hemos estado hablando.

— Es increíble…— volvió a susurrar. — ¿te pasa con alguien más?

— Mmm… Con Ortcher me gusta cantar. Aunque a ella no le guste mucho… Con Jonson también me pasa. Pero tanto como él… no tengo ni la menor idea de lo que ha pasado ahí arriba. — miré el escenario mientras se preparaban otras personas.

— ¿Haveis visto a Ortcher? — pregunté.

Ellos me miraron a los ojos y negaron con la cabeza.

— Me duele pensar que la hablé así. Nunca había cometido tantas estupideces en un segundo.

Nadie habó y yo me senté en un ampli enorme que había por ahí. Algunas peronas entraban y otras salían y nos quedamos en silencio un momento.

— Puede que haya una conexión…— soltó Deith de repente.
Thomson rió y se despidió con la mano mientras se iba con Johnson

— Puede… Pero si te estas refiriendo a ésa conexión… No. He pasado mucho por eso y soy demasiado enamoradiza como para hacerte caso. Además, si te digo la verdad, odio a los hombres. — reí. — además, — seguí. — ¿has visto a estos dos?

Rió y se giró a mirarme intensamente.

— ¿eres… ya sabes… te gustan las…— dejó sin terminar la pregunta mientras desenchufaba el bajo. Que guapo era… Era azul, así que, ya sabéis porque me gusta… Mi color favorito.

— ¡No! ¡Por dios! — me carcajeé. — Tan solo que he pasado por situaciones algo tensas con chicos… y… Ya sabes… Lo más lejos posibles. Amigos todos los que quieras… Ahora… Ni se te ocurra decirme que me quieres…

— ¿Y… sería demasiado privado escuchar una historia de esas? — Me preguntó mientras se sentaba en un gran amplificador como yo y le pasaba un trapo a otro bajo. Yo seguí con la guitarra y no me había dado cuenta que seguía tocando cuerdas al azar.

— Sí. Demasiado privado. — le miré. — Aunque creo que tú y yo vamos a vernos mucho. Me ha encantado tu manera de tocar el bajo.

— ¿A qué he estado como un dios? — hizo un gesto de “soy el mejor”

—Sí, sí…. — aseguré yo riéndome. — Me ha encantado. cReo que si formo una banda, te llamaré algún día… Por si quieres entradas y eso…— Se carcajeó de mí y me hizo un gesto obsceno. Yo se lo devolví con la mano buena. — Bueno, te lo resumo. Yo he sido una persona insegura toda mi vida. Durante la adolescencia sobre todo. Una vez, un chico me dijo de salir. Y yo le dije que vale, qué donde nos veríamos.

— No…

Y yo le dije:

— Sí… lo que oyes. — todo esto lo estaba diciendo en inglés. El bajista morenito hablaba otro idioma y en inglés nos entendíamos. — Total, que después de aclararme que lo que quería era salir tipo en cita yo no me negué. Tonta de mí. — negué. — se aprovechó de mi ingenuidad. Me dijo que lo pasaríamos bien. Y luego me soltó que me quería. Luego resultó de ser una farsa. Tras bajarme la falda. Sí. — le interrumpí antes de que hablara. — Yo era de las que llevaban falda. Ahora no me veras con vestido nunca. En fin… Me hicieron una foto. Y me negué a salir con más chicos. Ni a escuchar palabras bonitas de su boca hacia mí. No es por nada… pero… No sé, ahora no me creo nada. Sigo siendo la mierda de niña insegura que era antes… Pero… me he vuelto más fuerte. Y sigo sin reconocer cuando un chico dice la verdad y cuando no.

— Yo te ayudo. Mírale a los ojos. Es difícil, no es tan fácil como la gente cree. Y… Si llega el momento de hacerlo. Tenemos una edad…— me dijo cuanto iba a reprochar. — Sí él de verdad te quiere, si tú dices que no, no hará nada. Si es solo sexo, te dará puerta.

— Joder, que bien te lo tienes aprendido.

— Bueno, — dijo mientras dejaba el bajo y me daba la mano para retirarme la guitarra. Yo dejé que hiciera y la guardó. — También me han pasado cosas así.

— Creo que las personas más increíbles, lo han pasado mal en algún momento de su vida…

— Yo también creo eso— dijo.

Nos quedamos un momento en silencio.

— Me sabe mal eso de no escuchar a los demás cuando ellos nos han tenido que aguantar pero… ¡qué hijos de p*** ¡ ¡Nos han jodido la infancia!

— Bueno, yo creo que infancia, infancia…— empezó a mover las cejas sugestivamente.

— Imbécil… Yo también creo que las mejores canciones salen del corazón, así que si lo tienes puro… — nos quedamos en silencio— ¿has visto qué mal ha sonado esto?

— Me estoy dando cuenta de lo que te pareces a Danny Jones… — me reí y empecé a girar un anillo que tenía. — ¿No serás hermana secreta o algo…?

— Hombre… Yo creo que mis padres han sido fieles el uno con el otro y mi madre mucho ingles no sabe… así que, contando estas cosas y demás que no vienen al caso, creo que no soy adoptada ni nada por el estilo… Además, dime tú, ¿mis ojos son azules?

— No.

— ¿Tengo pecas?

— Unas cuantas…

— A ver, que no soy inglesa. Yo tengo sangre española…— le di a entender..

— ¡Ah, claro! — exclamó. — el ¡olé!

— Parece que solo sabéis olé… olé, paella y toros, porque lo que es otra cosa…— me quejé.

— Me alegro de haberte conocido. — soltó de golpe.

— Y yo me alegro de que McFly se formara para poder empezar a tocar la guitarra grabarme debajo de la escalera de mi portal con todo el eco y que alguien, por un momento de no lucidez me llamara y me dijera que había ganado para estar aquí, no poder participar y asi poder tocar contigo no contra a ti.

— Bonitas palabras, sí señor. Por McFly, SuperCity o Island Record o como quieras llamarlo. Por quien organizara esto. — hizo como si tuviera una copa en la mano.

— Lo mismo digo. Espera que te echo sal. — hizo como si le echara sal a la mano. Le di un limón invisible y nos tomamos el tequila imaginario.

— ¡Dios que fuerte! — exageró absorbiendo aire.

— Yo ya estoy acostumbrada… bebo alcohol imaginario desde que tengo uso de razón…

— Es decir, desde hace una semana.

— sí, más o menos… — Nos empezamos a reír y…

… Y lo que yo no sabíamos era que habían dos personas escuchando.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Capítulo 10

Los días iban pasando y desde la noticia, había pasado una semana. Las actividades eran geniales y ahora mismo, estábamos en una. Esta no tenía un fin de aprendizaje.

Era simplemente por diversión y para unir al grupo.

En mi grupo, me había tocado con Thomson, el amigo de Johnson y Ortcher. Yo estaba con mi guitarra y un compañero mío también.

Nos había pedido que nos se lenvataramos y que nos vedáramos los ojos.

— ¿Y esto que tiene de diversión? — el inglés era una regla básica, ya que veníamos de muchos sitios.

— Pues tu cara de “¿qué me va a pasar?” — dijo un chico. Era amigo mío. Me caía bien.

Siempre los llamaba por su apellido. La cámara, que grababa todo para luego hacer el documental casi siempre me enfocaba a mí, que era quien más hacia la gracia.

— ¡Ja! — me reí irónicamente.

— Bueno, lo que tenéis que hacer es confiar en vuestro compañero. Empezará a sonar una melodía y ambos, sin hablar tenéis que tocar el mismo acorde. O tocar de una manera en que suene bien.

La actividad me estaba gustando mucho porque siempre nos equivocábamos de acorde.

— Bueno, vamos a hacerlo de otra manera. Ahora no podréis hablar ni hacer mímica. Sólo con los ojos.

Nos vendarnos la boca para no poder hablar.

Conectamos al segundo. Esta vez yo había salido con Thomson. Cogió su guitarra, que me encantaba y empezó a guiñar los ojos.

Uno, dos, tres, cuatro. Pausa. Uno, dos, tres, cuatro. Pausa.

Nos miramos y tocamos diferentes acordes. Pero de manera… de alguna manera quedó también que dejamos de tocar. Y luego nos empezamos a reír.

Tras esta actividad, nos reunimos en la sala común y fue cuando salió la idea.

— Oye, ¿y por qué no hacemos una cover de McFly? Ya que la mayoría estáis aquí por ellos….

— ¡Tienes razón! — aseguré yo. — ¡Vamos ahora al estudio grande!

Y como unos críos nos fuimos corriendo al estudio grande, donde había todo lo que pudieras imaginar, sin saber que exactamente, cuatro tíos que conocemos perfectamente lo habían escuchado y también iban allí.

Pero nosotros no lo sabíamos.

— Lo siento mucho, — interrumpí yo la conversación sobre qué canción tocar. — Por mucho que este aquí por SuperCity, no pienso hacer una cover del nuevo disco… Salvo si son dos canciones que tampoco las haría. Yo me decanto por Radio:Active.

— ¡¿qué?! — Dijo una. A ésta le pega eso de ser putilla, sin ánimo de ofender. — ¡Qué va! — y bufó— Yo quiero una del nuevo disco.

— ¡No, no! — dijo Ortcher con morros, yo me reí a carcajadas, pero luego me miró y me callé e hizo una mueca como cerrando con candado mis labios. Vamos, cremallera. — ¡Una de las viejas, de las buenas!

— Eh, eh… — me quejé yo. — ¿Nos vamos ahora a pelear por qué canción vamos a tocar? — los miré a todos— ¿en serio? ¿El mejor disco el nuevo? ¿Tú te estas escuchando?

Empezaron a discutir y a Ortcher se le ocurrió una gran idea.

— ¡Vale ya! — dijo tirando un vaso al suelo. Había sido un accidente.

— ¿Tienes complejo de Danny Jones? — me reí yo. Todos se rieron a carcajadas menos ella.

— ¿Te das cuenta de que te estas riendo de ti misma, cacho de imbécil?

— Yo también te aprecio, pequeña Fletcher.

Ellos nos miraron como diciendo “No entiendo anda”

— Es que, ésta mujer, aquí donde la veis, tiene un corazón que no le cabe en el pecho… que digo en el pecho “¡En toda la tierra!”

— Y ésta, es como Jones pero en chica… y en española, que es peor aún.

— No es necesario que matices los detalles y explica tu estupenda idea. — me quejé sentándome en una silla. Tuve que sentarme encima de un mando y mágicamente empezó a sonar la radio.

Todos se asustaron y empezaron a mirar a ambos lados hasta que repararon en mí y en el mando.

— Juro que yo no he sido. Bueno he sido yo, pero lo he hecho sin querer.

Pusieron los ojos en blanco y yo me senté con los brazos cruzados y con morros.

— Podemos poner en ésa pizarra blanca la canción que queramos. Y si esta repetida, ponemos un palito. ¿Qué os parece?

— Me parece bien. — dije yo.

Y todos dijeron lo mismo.

Así que, ahí estábamos, escribiendo las canciones. Cuando llegó mi turno, escribí Lies.

— ¿qué? — me volví a quejar. — Tiene algo más de protagonismo el bajo y la batería en esta. ¡Hay veces que ni se les escucha!

— ¿A la batería no se le escucha? — me preguntó una chica riéndose. No lo hacía con mala intención. Si no… como una amiga. — Yo creo que sí.

— Bueno, yo sé a qué me refiero.

Y a que no sabéis que canción ganó…. ¡LIES!

— Vale… Yo creo que no podré tocar. — y levanté la mano.

— Puedes intentarlo si quieres…— me instó Thomson.

— No aseguro nada. — cogí la guitarra y una púa que alguien me prestó.

Intenté hacer algún que otro acorde, pero era imposible. Tiré la púa contra el cristal y rebotó contra Thomson.

Éste se agacho y se le metió en el canalillo a Ortcher.

— ¡Qué puntería tía! — dijo la chica que se estaba riendo antes. — ¡Choca las cinco!
Todos chocamos menos Ortcher.

— Muy gracioso…— se giró y luego me devolvió la púa.

— Te la puedes quedar, — le dije pasándome la lengua por los labios. — sé que lo estás deseando.

Reímos, y nos pusimos a ello. Empezamos a ver como podríamos tocar tres guitarras, dos bajos un piano y cuatro voces.

— Esto es imposible, somos demasiados. — estaba sentada en las rodillas de Thomson con la mano aguantándome la cara.

— ¿Y si hacemos dos canciones? — dijo un chico.

— Bueno… Pero Lies es nuestra. — dije segura yo.

— Tocamos…

— ¡Bubble Wrap! — interrumpí yo. — ¡No, no! ¡We are the Young! ¡No, espera! ¡Alguna que no hayan hecho en directo!

— Pero entonces no mola…— dijo Ortcher. — Tenemos que imitarles. Hacer la gracia…

— Joder. — me quejé yo.

Al final, tocaron One for the radio. Nos pusimos como locos y al final de la canción bailamos todos La Macarena al ritmo de McFly.

Más tarde, nos tocó a nosotros.

Teníamos piano, guitarra, dos guitarras, coros… Porque sí. Todos quisieron cantarla con nosotros.

Yo canté la parte de Danny, pero no toqué la guitarra, así que empecé a bailar de manera rara e ir de allí para aquí.

Cuando terminamos, todos vinieron a abrazarnos y empezamos a cantar “We Are The Young” porque empezó a sonar por algún lado de la habitación.
Y entonces…

Ellos entraron. Entraron cantando. Era increíble escuchar la voz del disco y luego la voz de la canción.

Empezamos a aplaudir y a unirnos con ellos.

Bailamos como unos locos y empezamos a reírnos.

A grito pelao’ le dije a Tom:

— ¡¿qué hacéis aquí?! — y señalé el cuarto.

— ¡Llevamos todo el rato viéndoos! ¡Nos ha encantado que nos hayáis hecho ese homenaje! ¡Sobre todo tú, La jones Española!

Yo me reí.

E hice lo que llevaba mucho tiempo pidiendo.

— ¡¿Nos hacemos una foto juntos?! — grité.

Asintieron y cogí a Harry por el brazo.

— ¡HARRY! — él se agachó para escucharme— ¡Tengo muchas de hacerme una foto contigo! ¡Pero montada a caballito! ¡Es mi gran sueño!

— ¡Sube! — dijo después de reírse.

Doug nos miró con cara de: “¿Esta chica no está bien?”

Y entonces el flash salió de la cámara que se había puesto con el automático.

Y esa foto todavía la tengo en mi cuarto.



Cuando la mayoría se fueron, Ortcher, yo, Thomson y mi bajista negro preferido nos quedamos con McFly tirados por el suelo.

— Ha sido increíble…— susurré mientras me acercaba a Thomson. — Mierda… ¿Sabes que si tuviéramos una cámara desde arriba, parece que mi frase estuviera dicha como en una película de esas que acabas de hacerlo?

— ¿Sabes que nadie aquí te ha entendido, verdad?

— Sí, — le contesté a Tom riéndome. — Eso esperaba.

Me levanté y se me fue un poco la cabeza.

— Uf, ¡qué mareo! — me reí.

— Bueno, yo me voy a dormir. Mañana tengo una prueba para el concurso.

Thomson se levantó y me tendió la mano.

— ¿Y tú, Ortcher? — dije, mirando a Thomson y estirándome.

— Yo no compito.

Me giré en cámara lenta, con los ojos entrecerrados.

— ¡Claro que compites! ¿Para qué has venido si no? — hice gestos raros como diciendo:”A ver…”

— Pues eso. Cuando te echaron del concurso, como sabía que no podrías ganar, ni formar un grupo ni nada, no molaba eso de estar compitiendo. Me gustaba eso de la rivalidad entre tú y yo y, además, yo sigo queriendo estar en “Something to Figth” y si no conseguías ganar, nunca hubiera banda, ni grupo ni ninguno de tus sueños, así que abandoné.

— Aban… Ab… Abando…— Cerré los ojos y negué con la cabeza, cayendo de espaldas en el sofá. — Espérate porque esa palabra no la aprendí en la primaria. ¡¿ABANDONASTE?! Pero… pero… ¡pero tu estas tonta! ¿Tú te estás oyendo? Vas a dejar pasar esta… ¡Es que no lo entiendo!, explícamelo, porque de veras, que no lo entiendo…

— ¡Te estoy diciendo que lo he hecho por ti! ¡Si tú no estuvieras en este concurso yo no hubiese venido! ¡Yo no soy tan fan como tú! ¡Yo no sueño estas cosas como tú! ¡Yo no valgo para esto tanto como tú! Todo lo que he hecho, venir aquí, hablar en inglés, cantar o tocar una simple cuerda de guitarra, lo he hecho por ti. Porque sabía que nunca darías el paso estando en España. Sabía que Something to figth no llegaría a ninguna parte si tú no te motivabas. ¡Por dios, te conozco como si fueras mi hija, bueno mi hermana! ¡Esto es lo tuyo, por mucho que tú quieras hacer otra cosa!

Lo siguiente que recuerdo es un dolor en mi mano y la cara de asombro de Ester.


Una lágrima cayó de su ojo y empezó a murmurar cosas extrañas.

— Oh, no… ¿qué he hecho? Empecé a ahogarme con mi propia saliva. — Ester, en serio, lo siento mucho… no sé qué me ha pasado…

— ¡Pues yo sí! ¡Te ha dolido que te digan la verdad! ¡Que no vales una mierda como persona, que lo único que vale es la música, porque si fuera por ti, nadie escucharía tus putas covers! ¡Ah, no perdona, que soy yo cada día metiéndome en vuestra cuenta de Youtube para que veas como las veces que ha sido vista la cover van subiendo! — Ester me miró, y luego me devolvió la ostia.

Me agarré la mejilla y sentí un escozor en ella. Mis lágrimas.

Ella y Thomson se fueron, mientras él me miraba y besaba su frente. Se fue mirándome a los ojos.

Levanté un brazo hacia ellos, pero me derrumbé ahí. Entonces unos brazos negros me recogieron del suelo.

— No sé qué decir…

Y en todo esto, los cuatro miembros de McFly seguían ahí, atónitos a la escena.

— No es necesario que digas nada…— le dije a Kurts.

No sabía dónde meterme.

— Me muero de la vergüenza. De la vergüenza, de la tristeza, del dolor… Todas sus palabras fueron verdad. Todo lo que ha dicho es verdad. Ella es la que me ha estado animando, la que me ha levantado cuando me he caído. Cuando perdí toda noción del mundo ella me mantenía los pies en la tierra. Y ahora, ha venido hasta aquí, ha dejado todo por mí… Y yo se lo devuelvo así… No me merezco todo esto… suéltame…

Kurts no lo hizo.

— ¡Qué me sueltes! ¡¿No lo has escuchado todo?! ¡¿LO QUE HE DICHO?! No valgo nada. Ni siquiera los cuatro mierdas acordes que sé tocar o la mierda voz que tengo. Tuve una mierda de juventud y tendré una mierda de vida porque nunca conseguiré nada en esta puta vida…

Le miré a los ojos a Kurts. Estaban abiertos de par en par.

Se separó de mí. Me tenía miedo. Yo miré sus manos. Las levantó con las palmas abiertas.

— ¡No puedo tener a nadie a mi lado! ¡Todo lo destrozo! Dime… dímelo…—empecé a acercarme a él. — ¡Dime que valgo de algo! ¡¡¡Dímelo!!! — le grité cogiéndole de la camisa, del cuello.

Entonces, unos fuertes brazos me cogieron y yo me derrumbé. Ahí fue cuando lloré de
verdad.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Capítulo 9


He de avisar que, no quiero meterme en problemas familiares al hablar del hermano de Izzy (que en mi historia es su hermano y puede que este peor de lo que en realidad está, y no quiero que nadie mal interprete mi manera de expresarme ni nada) Así que, si alguien cree que debería cambiarlo, ahora que es el principio de la historia, que lo diga, y cambiaré drásticamente el personaje.



Me levanté. Había sido una noche muy movida. Miré en mi cuarto y no vi nada que fuera a decirme que ése era mi lugar. Era extraño… No sé… hay gente que se lleva hasta sus posters… o fotos… Pero yo no tenía nada puesto. Además, a saber que me harían hacer. ¿Me harían ponerme a fregar? No creo… Alguna sanción, ¿no? Ellos dijeron que no me dejarían irme… Pero ellos no mandan.

Así que me levanté y escuché la megafonía, justo cuando iba a entrar al cuarto de baño.
Tenía una reunión muy importante.

Me duché y bajé al sitio ese que tenía que ir. Estaban todos sentados, con caras serias.

Pero a Tom se le escapó una pequeñísima sonrisa.

Casi no se ve.

Casi no se veía.

Pero yo la ví.


Me senté y cinco minutos vino “Cami”.

— Bueno, empecemos. — dijo el señor que llevaba las riendas ahí.

Después de hablar y que cada parte hiciera su aportación, (me sorprendió que Cami hablara educadamente. Aunque no nos miramos ni una vez.), una voz sobresalió sobre el murmullo bajo que se había instalado en la habitación.

— Cuéntales la historia.

Yo miré a todos lados y entonces algunos ojos se posaron en mí.

—Eso no nos incumbe, Danny. — dijo otra voz y esos ojos se apartaron de mí.

— Pero, aunque no tenga nada que ver, es por eso que actuó así. Aunque no tenga nada que ver, estaba abrumada por su muerte.

— Oye. — interrumpí. — Siento meterme en conversaciones ajenas, pero, si estáis hablando de lo que creo que estáis hablando, no creo que sea necesario.

— Pero…— ahora me interrumpieron.

— No, en serio. — dije yo. — Esa es una historia personal y pendiente que yo tengo que solucionar. No lo voy a poner en mi currículo para dar pena. Estoy aquí por haber agredido a ella. Y ella está aquí por lo mismo. Así que, solucionemos esto, sin importar las cosas.

— No tienes razón. — Alguien habló y entonces una chica salió de detrás de Harry. — ME ha contado que hiciste y porque y eso cuenta. Intentaste defenderle y eso importa mucho.

Empezaron a hablar de que si importaba o no y yo me senté y bufé. ¡Qué discusión! Y entonces, como un ángel caído del cielo, Sam me abrazó.

De repente, todo se quedó en silencio.

— Hola, Sophie. El otro día no te di las gracias como debía. — y me volvió a abrazar.
Y yo, no sé qué me pasó, que no pude hablar.

Le sonreí como nunca había sonreído y le hice una gracia. Él empezó a reírse. Y yo le acompañé.

— Estas llorando. — no era una pregunta.

— No…

— Sí, tus ojos lloran. — volvió a repetir Sam.

Entonces yo llevé mis manos a mi cara y… ¡Estaba llorando! Miré mis manos mojadas, como si fuera algo inusual.

— No… no lo entiendo.

Y miré a Sam. Y lo comprendí todo.

— Es de alegría, Sam. Me alegro de que estés aquí. — y esperé a que me chocara las cinco. Y lo hizo, y muy fuerte. — ¡Eres fuerte!

Se empezó a reír, y yo le acompañando, notado, ahora, como las lágrimas caían.
Y entonces ella saltó.

— Bueno, decidimos quien se va fuera o no.

Todos se pusieron en su sitio y Sam y la mujer se fueron.

Y entonces llegó el momento.

— Sin importar el porqué, agrediste a una de tus compañeras. — Hubo un bufido y no fue de ella— Eso sería la expulsión directa. Pero lo he visto, con mis propios ojos, que no eres una persona violenta y al final, tras mucho deliberar, escuché tu historia.
— Y yo dije que no era necesario. — me quejé. — Lo siento. — era el jefe y yo me quejaba. No es normal…

— Por lo tanto, quedas expulsada del concurso.

Se me cortó el aire.

— Lo entiendo…

— Camila— siguió el jefe. — Agrediste y utilizaste un vocabulario que no es digno de una mujer de tu edad. Aunque yo no debería decir eso… Y también ofendiste a un invitado del grupo. Por lo tanto, tú también estas eliminada.

— Pero. — dijo otro hombre. — Natalia. — dijo mi nombre en español e incluso a mí, me sorprendió escucharlo. Yo siempre me había presentado como Nath, o Nattalie… — sé a ciencia cierta de que lo que hiciste tú sabes que está mal. Y sé que tienes mucho talento. Aunque ahora mismo no puedas tocar mucho. — señaló mi mano mala. ¡Incluso yo me asombré de no acordarme! — Así que, te dejamos quedarte aquí, y ampliar ése talento y demostrar que tienes, pero no podrás optar al concurso. Podrás hospedarte, seguir con la experiencia, hacer todas las actividades, pero no podrás grabar ninguna canción. Ninguna canción que salga al mercado.

— Lo acepto.
Podría haber dicho que era más de lo que yo esperaba. Podría seguir aquí, y me dejarían tocar.

Incluso creo que me perdonaron muchísimo por la cuestión de que yo lo había defendido. Pero no dije nada.

— En cuanto a ti. Lo mismo. No podrás grabar. Nada. Ninguna canción. NADA. Y algunas actividades serán restringidas para ti.

— ¿qué? Y ¿por qué a mí? ¿Y a ella sí?
— ¿Quieres rebatir conmigo sobre esto, Señorita? — le preguntó sorprendido. Luego me miró a mí. Ahí se dio cuenta de todo.

— Bueno, pero igualmente lograré grabar algo.

— No será en nuestro estudio ni en nuestro proyecto. Ni con nosotros. — Y yo me sentí orgullosa de que luego la echara y a mí no.

— Gracias. — le dijo de todo corazón. — Sé que no voy a poder tocar mucho y eso para mí ya es un castigo, pero… Gracias, por dejarme continuar.

— Gracias a ti. Nos has hecho ver que todavía hay gente como tú en el mundo.
Yo me asombré y fui a abrazarle. Luego recordé que era mi jefe. El jefe de todos y sus palabras se clavaron en mi mente y en mi corazón.

Le ofrecí la mano. Él la estrechó y se fue para hablar con otros directivos y pasarlo todo ante notario y demás cosas de papeleo.

Entonces, me noté que alguien me abrazaba y era esa mujer.

— Gracias, has sido muy buena con mi hermano.

— ¿Tu hermano? — pregunté yo.

— Sí, como tú dices, Sam.

— ¡Ah! Me sentía con el deber de hacerlo. — e hice la pose de Super Man. — Por cierto… ¿quién eres?

Entonces, todos se miraron y empezaron a reírse. Yo es que no sabía quién era. Me sonaba pero…

— Sí te digo que a lo mejor me has visto rubia… ¿te dice algo?

— ¡Tocas en un grupo! — grité yo. Me pegué con la palma dela mano en la frente! — Os conocisteis en un tour…

Entonces negué con la cabeza.

— Encantada, prima segunda de Dougie…— le dije en coña. — No, en serio, sé quién eres…
— ah, me había asustado. — Ella me miró— Te conoces mi vida… ¿tendría que sorprenderme? — me preguntó mientras ponía su mano en mi hombro.

Todos nos estaban mirando con sonrisas.

— No. — y me encogí de hombros. — Aunque parece extraño… soy una fan más de McFly. Salvo que a veces mi cabeza no acaba de ir bien y parece que esté con mi familia.

— Somos una familia. — dijo Tom orgulloso.

viernes, 19 de agosto de 2011

Capitulo 8

— Eres una cabrona. Me he pegado un susto de muerte.

— Me has dejado sola con Tom y Doug, ¿tú que creías que iba a hacer? — Le contesté a Ortcher con los ojos cerrados todavía.

— She’s okay. Well, She never has been okay, so…

— I can hear you, stupid. — le volví a contester. Entonces abrí los ojos.

Y… ¿qué me encontré? A muchos pares de ojos mirándome.

Y una frente medio pintada. Y, ¿qué hice? Reírme. Y no entendí porque empecé a hablar en inglés.
— No me lo puedo creer, todavía tienes lo de la frente. — Y me tapé los ojos con la mano, riéndome muy a gusto.

— ¡Quieres callarte!

Suspiré fuertemente y luego me levanté de dónde diablos estuviera.

— Me he desmayado, ¿verdad? — pregunté.

— Sí. — me contestó Tom.

— Creo que ya estáis acostumbrados a estas cosas, ¿no?

— Bueno, A que alguien se desmayé con oír la voz de Danny, nunca lo había visto.

— Es que, — intenté defenderme. — Es mi ídolo. Sin ofender, eh…

Pusieron esas caras de pensar que hacen ellos en coña y yo intenté aguantarme la risa.

— Si, en verdad… A ver, a lo que me refiero… A ver, si todos me gustáis, pero Jones provoca sensaciones extrañas en mí.

— ¡Tía! ¡¿Pero te estás oyendo?! — Me llamó la atención Ortcher.

— Todavía no estoy en mis cabales, así que, dentro de un ratito…— hice como que miraba mi súper reloj invisible de muñeca. — unos minutos quizás, me entrará la vergüenza… de momento… ¿Alguien me puede decir porque están todos los integrantes de McFly en el comedor a las tantas de la madrugada y porqué me he perdido vuestro despertar? — señalé a Doug y a Ortcher.

— No te lo has perdido, lo he grabado. — avisó Tom.

— Eso, — señalé a su móvil— lo quiero ver, a la de ya.

Entonces, me pasó el móvil. Y puse el video: Mientras Tom y Harry intentaban darme aire y yo soltaba mis babas como siempre me desmayaba…

— Qué vergüenza por dios, he llenado todo de mis babas…— interrumpí yo misma mis
cavilaciones.

… Danny cogía el móvil de Tom y grababa a ésos mientras los despertaba. Doug empezó a moverse y Ortcher a decir incoherencias en español. Ambos se abrazaron, como quien abraza una almohada, y cuando se dieron cuenta de que no estaban solos, abrieron los ojos a la vez.
— Eso ha tenido que ser muy cómico en directo, ¿verdad?

— Sí, ha sido épico.

— Legendario. — murmuré yo, mientras cerraba los ojos y asentía lentamente.

Entonces, empezaron a preguntarse cosas cada uno en su idiomas: que si porque tienes ese tatuaje, que porque me he acostado contigo, que qué hacías tú en mi cama, que si esto no es tu cama, imbécil, es un sofá…

— Menuda juerga te pegaste ayer, ¿no, Doug? — preguntaba Danny desde detrás de la cámara en el video.

— ¡Cabroneeeeeeeeeees! — gritó en el video mientras yo soltaba, en la “realidad” un *piiiiiiii* y todos reían.

Dejé de ver el vídeo y me giré a Tom.

— Tienes que enviármelo. Lo necesito. Puedo hacer muchos chantajes con esto….

— Y las fotos…— me recordó Tom.

— Eso, y las fotos. — asentí.

— Ah, — nos interrumpió Ortcher. — ¿qué encima vas y hacéis fotos?

— En serio me lo preguntas. — le dije con esa mirada mía de: ¿really, bitch, really?

La verdad es que a Ortcher esto le iba bien, porque poco a poco iba hablando más inglés.

— Bueno, — suspiré. — Creo que me iré a la cama. He de decir, por lo que sea que mañana suceda o se decida, que ha sido una experiencia digna de admirar. Y bueno, aunque no haya podido tocar con nadie ni hacer ninguna actividad… No puedo decir que ésta noche haya hecho que el viaje de mis sueños fuera mejor, pero lo ha arreglado. Así que, Ortcher, te dejo con estos hombres y yo me voy a dormir hasta mañana.

Ellos me miraron.

— No tiene por qué ser así, sabemos lo que en realidad pasó, aunque no podemos hablar de nada.

— Tú eres tonta y en casa no lo saben. — soltó Ortcher. Harry, quien había hablado se giró sorprendido. — ¿por qué c*** no te defiendes?

— Porque sé que, muy en el fondo, fondo, fondo…. Para que engañar, no me arrepiento de lo que hice, pero sé que estuvo mal porque nadie se merece esas malas palabras…. (Salvo ella.) — dije por lo bajini.

— ¿Podrías explicarnos que pasó, de verdad? — me preguntó Doug. Estaba serio. Muy serio.
— Pues… Yo… Es que no aguanto a ésas personas que van de súper guays… De esas que te van perdonando la vida cuando respiras su aire. Y encima, se cree que por ser ella puede hacer lo que le venga en gana…

— ¿Pero por qué le pegaste? ¿Por qué empezaste?

— ¡Sí ella no empezó! — se molestó Ortcher.

— Déjame explicarme a mí. — le reprendí con la mirada. — En mi vida he tenido que cuidar de gente minusválida, gente que no puede valerse por sí misma e incluso siendo voluntaria, los cuidaba y los quería como si fueran mis propios abuelos. Y ellos me querían a mí. Toda la gente decía que no, pero yo lo veía en sus ojos. El agradecimiento por unas buenas palabras, unos: Buenos días señor López, ¿qué tal se ha despertado hoy? ¿Le sigue doliendo la cadera, señora Martínez? Y cuando…— mi ojos se volvieron a llenar de lágrimas y Ortcher me cogió la mano. — Cuando uno de ellos se iba, para no volver era como una… un golpe en mi corazón. Aquí, — señalé mi pecho— no te deja respirar…

No entendí porque les estaba explicando esto, pero poco a poco se fueron sentando todos y Ortcher y yo permanecimos de pie.

— Un día, llego un joven. No tendría más de treinta años. La familia no podía cuidar de él, y lo llevaron al sitio donde estaba yo haciendo de voluntaria. Se llamaba Peter. Le gustaba el nombre de Peter. Me dijo que le llamara Peter. Tuvo un accidente. Le concedieron una minusvalía. Y, bueno… en el cerebro… Digamos que volvió a ser un niño.

Me limpié las lágrimas como pude. Y Absorbí aire…

— Yo siempre les he defendido. De pequeña, en nuestra clase había un niño con problemas, y yo siempre le defendía. ¡Me gané una semana sin recreo por él!

— ¡Y bien que nos lo pasamos!, ¿a qué si? — susurró Ortcher mientras me abrazaba y yo reía, haciendo caer las lágrimas.

Ellos estaban absortos a la historia y no me interrumpieron.

— En fin. Peter fue mi amigo. Yo le ayudaba, jugaba con él, me preocupaba por él. Pero siempre había la semana que se iba con la familia…

Volví a suspirar…

— Lo pasaba realmente mal, era como mi hermano. Aquel hermano mayor pero a la vez pequeño… Cuando volvió, me dijo que sus vecinos no querían jugar con él, que le tenían miedo. Yo le dije: No te preocupes, ellos no lo entienden. No quieren jugar porque piensan que son demasiado grandes. Yo sí que quiero jugar.

Miré al techo, recordando lo buenos momentos.

— Peter murió hará unos meses… Después de cogerle unos matones por la calle, le dejaron inconsciente y…

No pude terminar. Ortcher me ayudó.

— Fue él solo a la clínica. Y empezó a gritar su nombre. Llamaron a su casa y sus padres no le dejaron ir. Ella se escapó, le atropelló un coche y se desmayó. Cuando amaneció en el hospital, le dijeron que Peter estaba muy mal. Ella se soltó de todo lo que tenía, y fue a su habitación. Entró y… Poco después murió en sus brazos.

Y yo empecé a llorar como una loca, no podía respirar. No podía parar. No había llorado en su entierro.

— Mu… murió en mis brazos. Y… Y seguro que los vándalos esos… esos cabrones… Seguro que… seguro que están en la calle.

Y de golpe, muchos brazos me estuvieron sosteniendo y acunándome.

Incluso vi a alguien con lágrimas en los ojos.

— No… No sabíamos nada de eso.

— ¡Como lo ibais a saber! — me quejé yo, intentando reír.

Entonces me separé.

— Y es por eso que no soporto a la gente que los rechaza. A la gente que se ríe de ellos por ser como son, a la gente que les pega. Y esa… niñata, me ofendió. Ofendió a Sam y yo salté. Como siempre salto.

— ¿Sam? — preguntaron ellos.

— Sí… No sé… No quería decirme su nombre, así que, me inventé un juego. El mismo juego que con Peter. Le dije que me llamara como él quisiera y yo le llamé Sam.

— Es increíble. ¿Te pasó algo grabe en el accidente? — preguntó Danny.

— No, solo algunos puntos y algunas cicatrices.

Les enseñé mi costado y mi rodilla.

— Apenas se notan. Pero están ahí, y cuando las veo… Sé que algún día lo superaré y podré recordar buenos momentos. Pero, creedme, fue como un hermano para mí.

— Tenemos que hacer algo. Sé que no podemos dejar las cosas como están, porque os pegasteis, pero esto no se puede quedar así.

— Por mi podéis echar a sea furcia, eh…— Murmuró Ortcher como quien no quiere la cosa…