AVISO

Ésta historia también esta en formato .metroblog.com

http://causeweallfalldown.metroblog.com/

Podeis encontrarla también en fanfiction

http://www.fanfiction.net/s/8882033/1/Cause-we-all-fall-down

Datos personales

Mi foto
Bueno, que os voy a contar. Soy de España, y me encanta Leer y escribir. Tengo subidos historias por Internet. No soy autora de un gran libro, y de nunguna novela, pero algo ronda por ahí. Bueno, que más deciros. He tenido muchas experiencias, unas buenas y otras malas. He tenido mucha gente a mi lado y gracias a eso he sabido ver en personas lo mucho que pueden cuidar de mi y lo mucho que saben ver en mi. Atentamente, Natt.

sábado, 12 de mayo de 2012

Capítulo 23



Lunes por la mañana. Recién levantada para entrar en el estudio de grabación. Cómo yo no competía, podía utilizar las instalaciones cuando las actividades individuales y colectivas no eran obligatorias. Iba a todas, pero realmente me apetecía grabar hoy.

Así que caminé hacia el estudio y adivinad a quien me encontré.

— Deith? — pregunté. — ¿qué haces aquí? — todo esto en inglés, claro.

— Me rehúso a ir a ésa actividad. Va en contra de mis principios. ¿Y tu´? Hacia tiempo que no coincidíamos.

— Sip, desde la actuación.

— Y que, ¿a grabar? — preguntó mientras empujaba la puerta.

— Sí. No puedo grabar nada que salga al mercado, así que, grabar por grabar...

— Ingenioso. — y se tocó la barbilla, mirándome. — ¡Eres un crack!

— Lo sé. — me enorgullecí.

Solté una carcajada.

— Quiero tocar algo... Sé que es típico pero... Imagina.

— No lo sé, no me has dicho nada. — murmuró poniéndose en el piano.

— ¡Exacto! ¿Ves? Me lees la mente.

— Estás loca. — rio mientras negaba con la cabeza.

— Imagine.

— ¿Vamos a cantar la canción de John Lennon? — le pregunté riendo.

— ¿No te gusta? — ahora me preguntó extrañado.

— Sí, — y le puse el brazo en el hombro. O lo más que pude ya que era alto. — Pero ahora tengo ganas de bailar, no de cantar algo tan profundo...

Empezó a carcajearse y me revolvió el pelo.

— Roxanne! —  cantó y me cogió la mano, tirando de mi y agarrándome la cintura mientras me levantaba una pierna. You don't have to put on that red light. — Hizo algo con la ceja y yo empecé a reírme. — ¿te refieres a esto?

Mira... Cuando dijo eso en inglés, con esa voz tan profunda y tan sensual...

— Sí... — murmuré.

Deith me volvió a poner de pie y buscó en el ordenador la canción. Supongo que por YouTube. La puse desde el principio.

— No sabia que sabias bailar.

— No sabes mucho de mí. — y clavó el pie en el suelo.

— Yo no sé bailar...

— Yo te guiaré. — en el siguiente golpe me acercó a él bruscamente.


Deith comenzó a bailar, dejando a Nath en medio de  la pista  confusa.

— Will drive you, will drive you…

— MAD! — gritó Nath, colocándose las manos en la cabeza e inclinando el cuerpo y poniendo el pie de puntillas.

— Roxanne! — cantó Deith.

 Cogió a Nath y la elevó de golpe. Caminó hacia ella. Un pie, luego otro.

— Roxanne!  You don’t have to sell your body to the night!

Y agarró su cabeza, mientras aspiraba su olor, dejando a una Natalia totalmente desarmada.

—  His eyes upon your face, His hand upon your hand— cantó un hombre desde fuera. —  His lips caress your skin... IT'S MORE THAN I CAN STAND! — gritó Dougie, entrando en la sala de espejos, pero sin que nadie se diera cuenta.

Deith, bailaba con Natalia, moviéndola y acariciándola.

—  Why does my heart cry?

—  ROXANNE! — cantó Deith

—  Feelings I can't fight! — cantó Natalia.

—  You're free to leave me butJust don't deceive me.

—  And please believe me when I say— le susurró Deith a Natalia cuando la inclinó hacia atrás.

—  I LOVE YOU! — cantaron Natalia y Deith.

Entonces ella le separó y se tocó la cabeza, desconcertada. ¿Qué había pasado?

— Espera…— le murmuró cuando se acercó. Caminó hacia atrás, intentado separase de él. Pero él  consiguió acorralarla y la besó.

— Lo siento, pero tenía que hacerlo. — murmuró encima de sus labios. — No sabes el tiempo que llevo esperando esto.

La agarró de su cuerpo, apretándola contra el suyo, sintiendo cada parte, cada suspiro.

— No…— murmuró ella. — No puedo hacerlo…

— Claro que sí… No me dejes así.

La música empezó de nuevo a sonar y Dougie los separó. Cogió a Natalia de la cintura, dio vueltas con ella y ella no creyó lo que estaba pasando.

¡Dougie no sabia bailar un tango!

¡Era imposible!

Bueno... O dar vueltas sin caerse…

—  ROXANNE! — dijo Deith, separándolos y terminando el baile.

— Es mía. — murmuró.

— No soy de nadie. — se molestó Natalia. — Nadie me ha preguntado qué era lo que yo quería. Y lo que ahora quiero es que me dejéis.

Se deshizo de los cuatro brazos que la amarraban y salió del estudio. Antes de cerrar la puerta, ambos se miraban.

— Y no quiero que me sigáis.

Dougie hizo caso omiso.

— así que cuando no miro bailas con otros…

— ¿Vas a empezar con esto del “amigo celoso” ahora? — hizo las comillas en el aires. — Porque pensaba que tú no eras así. No tienes ningún derecho sobre mí, ¿queda claro?

— ¿De verdad? Pensaba que había algo.

— Enrollarse en el cuarto de la limpieza no es tener algo, es matar el calentón.

Y se fue medio llorando por los pasillos.


Había pasado dos horas desde aquel conflicto y había pasado como un huracán sobre ella. Se había llevado todos los pensamientos y me había olvidado todo lo que se había dicho y lo que había hecho.

Me dirigía hacía un ligar donde nadie pudiera mandarme y me encontré con la puerta del ala privada de aquel edificio. Enseñé mi acreditación.

— Benditos seas, Tom, por darme esto. — murmuré al aire.

Y seguí caminando.

Pasé por la sala privada e intenté hacer memoria.

— ¿Dónde duerme Tom? — pregunté en voz alta.

— ¿Para qué quieres saber dónde duerme Tom? — preguntó una voz.

Era Dougie.

— Para hablar con él. Sigue siendo mi amigo.

Tenso. Estaba tenso.

— Vale. — murmuró y se alejó de allí, caminando con su forma rara.

Es decir, no de forma rara, sino... rara.

No importa.

— ¡Pregunta por la habitación de Tom a Danny! — me gritó, girándose un poco y caminando a la par.

— ¿Tienes hambre?

Paró y se giró del todo.

— ¿Ahora quieres comer conmigo? — preguntó con aires.

— No…— murmuré cuando se giró y volvió a andar. Lo digo por si te quieres comer la pared. — le contesté inclinándome.

Seguí caminando y me encontré con Harry.

— ¡Hola! — intenté poner un tono amable.

— Hola, pequeña. — murmuró.

— Estaba buscando a Tom...

— Ah, — asintió. — Esta en una entrevista y luego tiene una actividad del concurso.

— Ah...Bueno, — añadí. — Puedo hablar contigo. Si quieres, claro...

— Sí... en fin, no tengo nada que hacer... Iba al gimnasio a quitarme un poco el estrés.

— ¿Y no te estresas más? — pregunté cuando empezamos a andar. — Ya sabes, eso de hacer ejercicio duro...

— ¿Ejercicio duro? — rio y negó con la cabeza.

Nos mantuvimos unos minutos en silencio, hasta que entramos en la sala de ejercicio.

— Oye, Harry... — y mira que me resultaba difícil hablar así, directo, con él. — Me cuesta un poco entablar conversación contigo, ya sea por el inglés y porque, joer, eres uno de mis ídolos... pero...

— ¿pero? — murmuró haciendo lo que sea que hacia con esa cinta elástica, forzando la respiración.

— Creo que tuviste una mala impresión de mí.

— creo que todos la tuvimos. — me contestó, sentándose enfrente de mi. — Vamos a hablar claro. No me gustabas. Es decir, no me gusta nadie que hace eso de intentar hacer como que nos conoce.

Yo asentí.

— Tú solo tratabas de ser tú y Tom decidió que serias su amiga. Así de simple. Dudé un poco sobre ti, al principio. Es decir, normal. Pensaba que era una tapadera. Solemos tener el estereotipo de que somos unos desconfiados, pero realmente desconfié de ti. Pensaba que eras de otro tipo.

No dije nada, le dejé continuar.

— Pero no. Es decir. Eres tal y como nos presentas, y puede ser que por eso Dougie se haya fijado en ti.

Yo me puse a pensar... ¿Dougie fijarse en mí? Quizás solo porque quería ver como era, en algún sentido.

— te entiendo. — dije al final.

Harry se levantó y se fue hacia otra máquina y yo miré el sitio vacío que había dejado, estática.

Me levanté como si hubiera notado que alguien me pellizcaba el culo.

— Tengo que hablar con Tom.

Harry se giró extrañado y encogió los hombros dando a entender que no le importaba.

— Ahora estará comiendo. Algo, seguro. Suele picar algo.

Me giré para despedirme y di un paso en falso. ¿Un abrazo? No, seria demasiado...

— Mmm... Gracias Harry. Por permitirme presentarte y por permitirme conocerte.

— Gracias a ti. Me encanta hablar contigo. Quizás te robe algún día y pida un rescate a Tom... seguro que así puedo comprarme algo caro. — rio mientras levantaba una cosa pesada.

— Cómo si necesitaras el dinero de un rescate... Si a ti con que seas como tú eres, ya te lo dan. ¡Tienes un corazón tan grande!

— Sí, — se carcajeó— como todo.

— Ay, Dios, Harry…— me avergoncé.



lunes, 30 de abril de 2012

Capítulo 22


— ¡Hombre por fin aparecéis! — nos alabó Danny, haciéndonos una reverencia. — Ya hemos comido. Habéis tardado tanto...

Doug iba a mi lado, serio.

— Tenemos que contaros una cosa.

— Sí, — proseguí después de Dougie. — No queremos mentir a nadie y quiero que me conozcáis cómo soy. Con mis errores, mis fracasos...

Nos sentamos y vimos como Tom nos taladraba con su mirada.

— Doug y yo no nos acostamos. — puntualicé. Harry me miraba, molesto. Es normal. — La verdad fue que cometí un error por imprudente.

— Y yo me la encontré por los pasillos, medio desnuda, huyendo de ése error. — me miró. — Así que la acompañé a mi cuarto. Estaba un poco desorientada. Parecía como que estaba ida.

— ¡Pero si no la aguantabas! — se quejó Harry. — Es decir, hemos visto como os picabais.

— Lo sé. Supongo que le di pena.

— ¿Y por eso dormisteis juntos? No quiero meterme en estos temas, pero visto como te atacaron cuando no pasó nada, imagínate ahora...

— Sí, — afirmó Tom, preocupado.

— Por eso os queremos contar toda la verdad. Y que solo lo sepáis vosotros.

— Y Ortcher. — señaló Tom. — Tu mejor amiga.

— Bueno... Prefiero que sólo sepa una parte. No quiero tener que meterla en mis asuntos.

Asintieron todos.

— Entonces, una cosa llevó a la otra y creo que ambos necesitábamos sentirnos un poco queridos, o necesitados. Así que...

— Pero paré. Es decir, puse un límite. — se disculpó Doug.

— sólo queremos deciros que no nos arrepentimos. Fue genial y todo eso, pero no volverá a ocurrir. De verdad.

Se miraron entre ellos y luego nos miraron.

— Habéis sido sinceros. Eso es un punto a vuestro favor.

— Ya. — contesté a Danny. — Y ahora, ¿podemos comer?

— Claro, claro. —  me contestó ahora Tom, como quien no quiere la cosa, aireando la mano.

Se levantaron de la mesa y se fueron al comedor a tomarse algo, mientras veían la televisión. Éste domingo había dado de sí bastante...

Doug y yo comimos mirándonos y hablando de cualquier cosa.

— Ha salido bien, ¿no? — preguntó metiéndose el tenedor con espaguetis en la boca y manchándose de tomate.

Me reí.

— Tienes tomate en la mejilla. — y empezó a mancharse aún más— ¡Estate quieto!

— Cierra la puerta. — murmuró mientras se levantaba.

Eso hice y la cocina quedó en silencio completamente. Me giré para ver a Doug y él estaba tras de mí.

— espera, que te limpio eso. — murmuré.

Me acerqué a él y le chupé la mejilla.

— Que asco... — me quejé. — Esta frio el tomate.

— ¿quieres saber lo que no está frio? — trató de asustarme.

— Eres un guarro.

— Lo sé. — se enorgulleció.

— que hombre este... — y miré el techo.

Le besé, largo y profundo y luego me volví a sentar.

La puerta de la cocina se abrió en ese instante, mientras yo bebía agua.

— Me gustaría hablar con vosotros dos. — murmuró Tom. Un poco mosqueado

Se sentó, no sin antes volver a cerrar la puerta.

— A mi no me engañáis. — Nos miró a ambos intermitentemente. — Contadme qué está pasando.

— ¿Qué dices, Tom? — preguntó Doug, extrañado.

— No. A Tom no. — murmuré yo, mirando a la mesa. Luego elevé mis ojos y me encontré con la mirada contrariada de Dougie. — Tom no.

— Joder, Natalia. — se molestó Dougie, girándose y tocándose el pelo.

— No ha sido solo una vez. — le dije a Tom.

— Entonces, ¿también querrás a tu mejor amiga en esto, no? — preguntó irónico Doug.

— No empieces, Doug. — ahora me molesté yo. — ¡A Tom no le puedo mentir! ¡Él ha confiado en mí!

— Y yo también y me has mentido.

— Bueno, pues vete, menudo problema. — murmuré alto, poniendo los ojos en blanco.

— Aquí, la que debería irse eres tú. No es tu sitio éste.

— Genial, mírame yéndome. — le empujé mientras iba hacia la puerta, y cuando la abrí dos pares de ojos me miraban sorprendidos.

— Tenéis un compañero de banda gilipollas. Pero con todas las palabras.

Tres pares de ojos vieron como me iba. Al cabo de diez minutos encontré la salida.

Doug vino cinco minutos después.

— Espero que esto valga la pena— murmuró besándome. — Porque la bronca que me ha caído no es pequeña. — volvió a besarme.

— No me gusta engañarlos. Y menos a Tom.

— ¿Crees que aceptaría esto? — preguntó entonces. Sabiendo me respuesta asintió.

— Pero no es nada malo. Solo algunos encuentros fortuitos. — volvió a besarme.

Yo pensaba. No era virgen. Es decir, aquella vez, con el novio de Ortcher, mi amor de siempre, no había contado, porque no fue para nada lo que me había esperado y para mi, eso no contaba. La primera vez es cuando te entregas a alguien. 

De todas las maneras posibles. 

Y yo no entregué nada más que mi cuerpo, carne. 

Eso no contaba. 

Con Dougie era distinto.

Estuvimos dos veces al borde y él, me respetó. Y creo que ha llegado el momento en que lo haga pro primera vez. En que de mi cuerpo y mi alma, en que estemos, seamos uno, una fusión de todo, con él.

— Doug, no te lo he dicho, porque creo que nunca lo he dicho en voz alta, por miedo a el qué pensaran. — dejó de besarme. — No soy virgen, en el sentido que piensas. Me acosté con alguien. Si eso cuenta... Para mi, la primera vez no es cuando... cuando notas a alguien dentro de mi— le dije, mirándole entre mis pestañas. Es cuando te entregas a alguien de todas las formas que existen.

No dijo nada.

— Y no me importa si pasa en un lavabo, en su cuarto de la limpieza de mala muerte o en una cama llena de pétalos y con cava.

— ¿cava?

— El champan catalán. El mejor del mundo. A lo que iba...

Me besó. No de forma en que lo hacia. Dulce y pasional.

— ¿sabes que te voy a quitar la pureza, no? — rio.

— ¿Sabes que la pureza que tenia me fue arrebatada la primera vez que nos besamos de aquella manera, verdad? —reí. — Tiene huevos la cosa... — dije en español.

— No lo he entendido, pero espero que sea gracioso. — y luego ocupó el aire que había a mi alrededor con su olor.


Estábamos tumbados en el suelo del cuarto desconocido en que el Doug me había dicho que podíamos ir. 

Era tan acogedor, como solitario. Incluso me gustaba con una lámpara antigua, cuca, delicada y pequeña. 

Habíamos puesto unas sábanas en el suelo y almohadas viejas estaban alrededor de nosotros. Había incluso unos muebles y una estantería de hierro. Típica.

— Sigo pensando que, aunque por mucho que me encante esto, — murmuré, tocando su pequeño desnudo y luego  abarcando con mi mano el cuarto. — mentir a Tom no nos hace ningún bien.

— No le hemos mentido. Hemos omitido cierta parte de la verdad...

— ¿tu crees?

— Hombre, — giró su cara para besar mi nariz y babearme toda la mejilla. Yo le devolví el beso. — le hemos dicho que no ha sido la única vez. Ahora podemos confirmar eso.

Solté una carcajada y me puse encima de él.

— ¿Sabes lo raro que sigue pareciéndome esto?

— ¿Cómo no te va a aparecer raro enrollarte con un lagarto?

— ¿No puedes decir una frase coherente? — me molesté. — Y yo que había intentado ser seria y madura.

— Me gustas más divertida e inmadura. — invirtió nuestra posición y me acarició la cintura desnuda. — Sobretodo cuando no sabes que esperar.

— Nunca me avergüenzo, pero lo estas consiguiendo. — susurré apartando su mirada.

— No es nada malo. Nos gusta lo que hacemos y no tenemos que pelear con nadie. Es decir, ¿qué mejor que esto? ¿Una relación de Dougie Poynter con una fan? ¿Qué haríamos si tu no querrías salir con Dougie Poynter, si no con Doug, el loco de Doug?

— Ya... — le di la razón.

— Además, solo nos gustamos. Es como un viernes noche día tras día. Ahora completamente. — e hice un movimiento con las cejas, sugestivamente.

Esta vez sí que me reí a gusto.

— ¿Sólo querías meterte en mis pantalones, no?

— Más o menos... — rio. — Aunque me encanta tu cara después de hacerlo.

— ¡Pero si sólo la has vito una vez! — luego le aparté de encima de mi y alejé sus manos. —  Y ¡Deja de hablar de eso! ¡Para mi ha sido la  primera vez!

— ¡Y dónde esta, esa sonrisa de después de hacerlo por primera vez!

Entonces pensé... No había sido mi primera vez. En realidad, sólo me había acostado con un tío. Ni había habido te quiero’s, ni susurros de nombres... Sólo gemidos pidiendo más. 

No había sido lo que yo esperaba. 

Totalmente. 

O en parte. 

O un poco.

— Ahora estas pensando... — se apoyó sobre su codo.

— Doug. — giré mi cara para mirarle. La sábana descansaba encima de mi piel desnuda y una parte de mi pecho se traslucía. — Tan sólo nos hemos acostado.

— Sí. ¿No? ¿No era ése el plan?

— sí... Claro, sí. — murmuré mirando de nuevo el techo.